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Opinión
![]() Melchor Inzunza
El Sol de Sinaloa
9 de enero de 2007
-Primera parte-
"La despenalización es contraria a las buenas conciencias, y hasta digna de sospecha, aun cuando se sugiera desde los miradores de la libertad personal". (Miguel Ángel Granados Chapa, 1989) -.- Hace casi un siglo los Estados Unidos inauguraron la política prohibicionista sobre las drogas, imponiéndola a otros países. Y han transcurridos seis decenios desde que en México empezó la publicidad del combate a la producción y tráfico de estupefacientes. Se sabe también cuándo el gobierno mexicano emprendió las cruzadas contra el narcotráfico: hace 35 años, luego de que el presidente Richard Nixon le declarara la guerra a las drogas. Tampoco ignora nadie cuándo los gobiernos ganarán esa guerra. Nunca. Resultados y consecuencias Desde entonces: *La inversión financiera destinada a esa guerra es cada vez mayor en el mundo (en el 2000 se estimó en 100 mil millones de dólares al año y en Estados Unidos alrededor de 20 mil millones). *En México, el costo en vidas humanas y en recursos ha ido in crescendo, como diría el licenciado Medina. *A partir de la Operación Cóndor (1975-78), el ejército empezó a participar en la lucha antidroga y se terminó por militarizarla. *Se ha advertido una notable desproporción entre el esfuerzo y los resultados. *No ha dejado de crecer el consumo de drogas, la violencia y el poderío del narcotráfico, que obtiene fabulosas ganancias, gracias a la demanda y la ilegalidad de la oferta. *No es la producción ilegal de la droga lo que genera el consumo, sino la demanda. Don Rumsfeld, entonces secretario de la Defensa admitió que el fenómeno de las drogas en su país es "aplastantemente un problema de demanda"; mientras ésta exista "el narcotráfico hallará caminos para introducir drogas" (Excélsior, 27 de enero 2001). *De ser un país sólo de tránsito, México pasó a ser también consumidor y productor de estupefacientes, como advirtió hace unos años la Junta Internacional de Fiscalización de la Organización de las Naciones Unidas. *En el sexenio de Fox el narcomenudeo creció un 110 por ciento en el país (300 por ciento en el Distrito Federal), las "narcotienditas" llegaron a 30 mil y las narco-ejecuciones a ocho mil. *A pesar de que la PGR, informó de la detención de más de 75 mil 715 presuntos narcotraficantes en los seis años de la gestión de Vicente Fox, sólo 15 figuran como líderes de las organizaciones criminales, y 74 mil 995 de ellos son colaboradores y narcomenudistas. Las cruzadas La primera de este siglo fue puesta en marcha por Vicente Fox, en enero de 2001, al anunciar en Tijuana su propósito de erradicar el narcotráfico ("de poder a poder la tenemos ganada"). Un día después, en Sinaloa, al declarar "una guerra sin cuartel a las perniciosas mafias delictivas", inauguró la "Cruzada Nacional contra el Narcotráfico y el Crimen Organizado." No tuvo, por supuesto, mejor suerte que aquellas organizadas para recuperar la Tierra Santa de manos de los infieles. Entrampado y sin salida, el gobierno se resigna al parecer a la futilidad de sus operativos (previamente tan anunciados como las demás acciones que propician la huida de los narcos. Y se acostumbra a la repetición de los fracasos de las sucesivas cruzadas de los sucesivos gobernantes. Lo importante es continuar una guerra ruinosa, inútil y perdida. Pero, como preguntaría José Antonio Crespo: "¿quién quiere derramar su sangre? ¿Quién, convertirse en otro mártir anónimo de esta lucha inútil?" (27/01/2005) Sólo hay algo peor que las drogas y su tráfico: la guerra contra las drogas y su tráfico. Para el general Barry McCaffrey -antiguo zar antidroga del gobierno de Clinton y después consultor de la administración de Bush-, la guerra contra el narcotráfico es más mortífera que la librada contra el terrorismo. Estas son sus cifras: 52.000 personas pierden la vida cada año a causa de las drogas, comparados con los 12.000 soldados estadounidenses que han muerto en Irak desde que empezó la guerra. (El País, 17.01.05) ¿Entonces, qué? El ex procurador Daniel Cabeza de Vaca, a pocos días de terminar su administración, declaró: "puede usted detener al líder que quiera, de cualquiera de los grupos, y el grupo va a seguir caminando, el grupo va a seguir trabajando en el trasiego de droga, la distribución, el flujo de dinero; va a seguir caminando igual, los espacios que tratan de defender van a seguir igual". (La Crónica, 2 de Enero de 2007) ¿Entonces? Pues nada, que a los gobiernos no le queda de otra que continuar la guerra por perdida que ésta sea. Y sólo aspiren, en el mejor de los casos, a lograr cierto control y mantener a raya la violencia delictiva. Lo que no sería poca cosa. Además de publicitar las capturas de capos, decomisos cuantiosos y desterrar de algunas entidades a los narcos (que se refugiarán y harán de las suyas en otras), y hacer creer a la ciudadanía que esa guerra puede ganarse. No es así -sostiene José Antonio Crespo-, no puede ganarse ni en el corto ni en el mediano o largo plazos, como sugiere el gobierno para que la sociedad acepte los costos de sangre y violencia que estamos pagando ahora. Con mayor o menor violencia de por medio, el narco seguirá ahí; ante la detención de algunos capos, otros surgirán; ante el golpeteo a algún cártel, otros ocuparán su lugar. "Y para obtener esos espectaculares resultados, el Estado y la sociedad pagará una cuota creciente de violencia, corrupción y pólvora. La pregunta que tendríamos que hacernos como sociedad es, ¿para qué todo esto?" (México inseguro, 08/08/2005). La verdadera solución al narcotráfico no es, en efecto, radicalizar el combate en su contra, sino su despenalización. Pero de tal despenalización ni hablar. No es viable y ningún país latinoamericano podría adoptarla unilateralmente, mientras. Estados Unidos no la acepte. Y sin embargo... Columnas anteriores
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