Opinión
Rubén Rocha Moya
En memoria de Don Renato Vega

El Sol de Sinaloa
28 de marzo de 2009

El deceso del Ingeniero Renato Vega Alvarado ha consternado a la clase política y a buena parte de la sociedad sinaloense.

Políticos y personalidades de todos los signos y sectores coincidieron en que con la desaparición física del exgobernador, Sinaloa pierde a un ciudadano ejemplar, a un buen hombre, a un político honorable que gobernó la entidad con sentido de justicia y de progreso, haciendo concurrir a los sectores sociales y productivos, como lo expresó el gobernador Jesús Aguilar Padilla, "en una visión conjunta para el desarrollo económico del estado".

Me incluyo entre los muchos que sintieron hondamente la partida de Don Renato, y desde esta columna reitero a su familia, a su esposa Doña Juani Carrillo, a sus hijos y nietos, mi solidaridad y pesar por la irreparable pérdida.

En verdad, fui uno de los beneficiarios del don de gentes del ingeniero Vega. Su natural y siempre dispuesta voluntad de ayudarle a la UAS, no podía menos que disponerme a reconocer en él a un generoso y franco amigo de los universitarios.

En efecto, haber coincidido con él, en el ejercicio público desde mi condición de Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, me brindó la oportunidad de conocer de cerca al gobernante responsable, talentoso, tolerante y abierto a todas las expresiones políticas.

Por razones obvias, lo que más admiré de él fue su condición de hombre de Estado. Gobernante de apertura, que en todo momento respetó la discrepancia y atendió a los ciudadanos, sin exclusiones. La sociedad mexicana y con ella la sinaloense transitaban, en el inicio de los noventa, hacia una etapa de maduración democrática y con ello por formas de relación entre los actores políticos y sociales de mayor tolerancia y entendimiento, no obstante las carencias y limitaciones que aún conservaba y conserva nuestro sistema político.

En su tiempo de gobernador hizo posible una reforma electoral de avanzada y gran consenso. Sobre todo, ligó sus convicciones democráticas, en forma inequívoca, a la congruencia en la práctica.

Todavía recuerdo que en las elecciones locales de 2005, ante el triunfo de la oposición, de Acción Nacional sobre todo, que ganó varios municipios, los más representativos del estado, le hablé por teléfono al gobernador Vega para conocer su apreciación y su parecer ante la inédita situación política en el estado. Y sin titubeo alguno, sin vacilación de ninguna naturaleza, y sin explicaciones innecesarias ante lo obvio, me dijo: lo que los órganos electorales digan, califiquen y resuelvan en definitiva, será la única verdad legal y seguramente que legítima también en esta materia. La que, desde ahora le adelanto -estimado Rector- respetaré y haré respetar, porque esa es mi convicción y ese mi deber como gobernante.

Relación con la UAS

Su espíritu de apertura se hizo más patente en la relaciones UAS-Gobiernos, puesto que la correlación entre estos entes había recorrido un largo camino de incomprensiones mutuas y de escaso y accidentado entendimiento. El primer anuncio, dado en el inicio mismo de mi gestión rectoral, fue la aprobación por parte del Congreso del Estado de las iniciativas de nueva Ley Orgánica de la Institución, lo que sentó las bases para sucesivas reformas normativas tendientes a adecuar y modernizar la estructura administrativa y las funciones sustantivas de la Universidad.

No oculto que en Renato Vega encontramos expresa solidaridad para ver coronado el propósito de amplios sectores de la comunidad universitaria de hacernos de una nueva Ley Orgánica, como tampoco dejo de reconocer que este hecho fue tan sólo el principio de una relación armoniosa y respetuosa, no exenta de diferencias pero que finalmente le acarrearía altos beneficios a la universidad rosalina.

En efecto, con el gobernador Renato Vega la UAS logró lo que no había sido posible antes. Que se le entregara el entero del famoso 12.5 por ciento de subsidio que se definía en los acuerdos con la Federación. Tal fue la disposición del gobernante a este respecto, que compartió con los diputados que esta obligación del estado se asentara en el texto de la nueva Ley Orgánica.

En ese periodo también pudo avanzarse en materia de infraestructura académica y deportiva. Con aportaciones extraordinarias, y gestiones adicionales con las instancias correspondientes del gobierno federal, se hizo posible el Polideportivo, la Pista de Tartán, el circuito interior de CU Culiacán, el tendido de fibra óptica en los principales campus universitarios, entre otras obras que ahí están aún.

En suma, la Universidad Autónoma de Sinaloa encontró en la gestión de Renato Vega Alvarado al gobernante que entendía plenamente lo estratégico de la educación superior para el desarrollo económico y social de la entidad y por ello no dudó en apoyarla todo cuanto pudo.

Quise resaltar esta faceta de la obra del exgobernador para dejar testimonio, particularmente ante los universitarios, de uno más de los muchos aciertos que le distinguieron en su afortunado paso por la máxima responsabilidad que tuvo como servidor público y de la que por siempre se sintiera modestamente orgulloso. Tal como lo recordó la licenciada Rosa Elena Millán en su emotiva intervención en el acto luctuoso de la Unidad Administrativa del palacio de gobierno, en representación del gobernador Aguilar Padilla.

Al citar lo dicho, a propósito, por el propio Vega Alvarado en su último informe de gobierno, leyó: "La suprema satisfacción de mi vida ha sido la de servir a mi estado. Y servirlo bien desde la más alta distinción, la más elevada responsabilidad, la máxima representación que con el legítimo orgullo he ostentado: ser Gobernador de Sinaloa".

Descanse en Paz

moyro@hotmail.com
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