Opinión / Columna
 
Mariana Salcido 
Filosofía Negra
El Sol de San Luis
22 de noviembre de 2009

  * Resignación

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- El Sol reposa tranquilo sobre la mesa y el polvo no se inmuta ante la presencia de nadie, descansa sobre los muebles, los lápices olvidados, el pizarrón antaño borrado. Las risas y los albures preadolescentes en el albor de la confusión están indiferentes de este olvido, la tontería fluye de sus bocas y no han dejado de ser niños, en sus pies, ahí donde todos guardamos la protectora desfachatez de vivir. Cantan, prueban licores que no les agradan, fuman, tratan de de explicarse con toda genialidad imitada sobre temas que creen harto conocidos, la ignorancia es una flor que sólo con cuidado se descubre en sus almas petulantes de juventud. Aún no saben nada del sufrimiento que alberga en su casa a la familia: Los padres separados, los gritos, el odio y el rechazo a ellos desde su nacimiento, la orfandad. Llega la hora de crecer, se acerca y es lo que importa. La niña que molestó durante toda la primaria, el asco por sus grupecillos cursilentos y la barbarie de los varones que les lanzaban bolas de papel transmuta lentamente hacia un extraño y casi vergonzoso interés. Las cartas de colores hacen su aparición y los chismógrafos se corren de mano en mano, las niñas sufren o presumen abultamientos y los niños hacen competencias en los baños.

Pero esta mañana el estante de libros se siente olvidado, una fría nostalgia corre la mandíbula de los profesores estacionados. Las aulas están vacías.

Absortos en la realidad de sus propios bellos los niños escapan a la buenaventura del conocimiento, se alegran de la ausencia de un maestro, se esfuerzan por fracasar, se atoran en adicciones y tragedias del corazón, pareciera no haber futuro.

La adolescencia es una falla telúrica de la dermis y del hipotálamo, nacer para empezar a morir y morir para acabarse de morir.

Las aulas siguen vacías, no son vacaciones, un chico asiste a clases casi todos los días, los maestros siguen viniendo, la entrega de actor sabe que hay que dar el mejor esfuerzo a pesar de ser sólo un espectador, pero él chico mismo esta triste y solo y no entiende, no quiere penetrar el mundo del maestro, la adolescencia debe vivirse con los mismos amigos adolecidos, dolidos, confundidos en etapa postmoderna de su propio cuerpo; aún con esa esfera gris de críticas imposibles de ignorar, de apodos, de golpes y humillaciones y concéntricamente el enamoramiento y la primera grieta en el virgen corazón, la grieta en el sexo, la petulancia de la juventud y el sentimiento purísimo de poderlo toso, de tragarse el mundo a puños. Algo de cierto entregan esos sabios a la mediocridad de la adultez que ignora sus comentarios por absurdos: Es verdad que las cosas son fáciles, el que no sabe no sabe que no se puede, en esa tierra podemos sembrar escobas y esas mismas darían la mejor cosecha.

El mundo no puede ser tragado a puños, debe usarse cuchillo y tenedor para contar con los demás en el aura de las buenas maneras y con un poco de paciencia terminaremos el platillo para seguir con el postre, una cucharita, por favor.

A la intrépida omisión de todas las cosas aplaudo, a las huellas que se marcan en el camino antes que el pie; tan distintos de la educación de manada de todos los demás. Deciden sin responsabilidad, la media libertad saborean.

Las aulas están vacías de sus impertinencias y la ausencia de sus gritos cala en los huesos como la certeza de que aquél viejo enamorado no volverá, como los ojos que se nublan y se resignan a aceptar que la inopia de matemáticas e inglés, de historia y ciencia está ganando la partida en esta generación.

magia.salcido@gmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas