Opinión / Columna
 
Yolanda Gámez 
A Flor de Piel
El Sol de San Luis
22 de noviembre de 2009

  * La última voluntad

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Tal vez en son de broma, en ocasiones hemos llegado a externar algún deseo de lo que decimos es nuestra "última voluntad". Yo he dicho por ejemplo que a mi me quemen, que guarden un poquito de mis cenizas en casa para sentir que hago algo de presencia, y que el resto se lo llevan a Brasil a esparcirlas desde el Corcovado. Claro que para mi es fácil pedirlo, porque bien muertita que voy a estar y no voy a tener que correr con los gastos del viajecito, verdad? Digo que me pongan en la esquinita de una maleta y con eso. Pero la verdad es que sería muy entendible que acabaran llevándome al valle de los fantasmas diciendo Querida, hasta aquí se pudo, ojalá lo entiendas desde donde estés y los disfrutes. Pues sí, tan tán. A no ser que uno deje una buena feria destinada exclusivamente para esto del último capricho, y todo estipulado de manera legal. Entonces sí, aquí nomás mis chicharrones y se amuelan.

Pero fíjese, hay últimas voluntades que son sencillas, últimos deseos que nada costaría cumplir, y que hay quienes por egoísmo o mero fanatismo dicen no y qué, al fin que no creo en muertitos vengativos.

Tal es el reciente caso de Jorge Vargas, quien en una de sus últimas entrevistas, dice bien clarito que quiere que lo cremen y que sus cenizas sean esparcidas en el mar (hasta eso que ni moñudo se puso, pues no especificó en cuál). Y luego vemos al hijo menor, que desde hace algunos meses cree que se tomó el elíxir de "soy perfecto en todo lo que hago y lo que soy", y viene a decir que nada, que su padre recibirá cristiana ceremonia y cristiana sepultura. ¿Y entonces? ¿Qué hay del respeto hacia la última voluntad de alguien que sin saber cómo o a dónde va, pide una última cosa porque tal vez piense que eso lo ayudará a despedirse e irse en paz?

Yo sé, hay de voluntades a voluntades, y como en todo, debe considerarse que un último deseo no tiene porqué implicar vejaciones o daños a terceros, pues nunca falta el que no conforme con hacerlo en vida, quiere seguir torciendo el brazo a los demás desde donde sea.

Pero cuando las últimas voluntades son simples, claras, factibles... ¡Caramba!, qué nos cuesta el llevarlas a cabo. Ahí no tiene lugar el egoísmo, ni el tratar de lucir muy buenecitos y adoctrinadores frente a los ajenos.

No señor, eso no se hace. Y no hay culto ni creencia que lo justifique.

Ya dije: Yo en polvera, en la esquina de la maleta y ¡a Brasil!

Si no, bueno, pues a alguna playita cercana. Pero eso sí, a la presa ¡noooo!!!!!.

Yega1320@hotmail.com
 
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