Opinión / Columna
 
María Luisa Olivo 
Unidad, para buscar la Paz
El Sol de San Luis
5 de febrero de 2012

  San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Con valentía y hasta en forma enérgica, el episcopado mexicano dio a conocer su postura sobre los momentos críticos que vive el país en un documento denominado "QUE EN CRISTO NUESTRA PAZ MÉXICO TENGA VIDA DIGNA". Este documento, se dio a conocer al inicio de este mes y fue en una reunión de los obispos en su asamblea mensual. Toda la importancia del texto en donde la iglesia jerárquica exige que los mexicanos se unan para buscar la paz y dejar a un lado el odio que se ha desatado.

En este domingo, la "Hoja Suelta" comparte con el lector una parte de la introducción del documento, el que sin duda alguna sería bueno que tuviera mayor difusión, dado la necesidad que hay de buscar la paz en el país. Esto es parte del documento.

«La paz esté con ustedes» (Jn 20,19). Con el saludo de Jesús Resucitado, víctima inocente, los Obispos de México saludamos a todos los fieles de la Iglesia católica y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Con esta exhortación pastoral queremos compartir nuestro discernimiento sobre la misión de la Iglesia en la realidad de inseguridad y violencia que se vive en nuestro país y alentar la esperanza de quienes por esta razón viven con miedo, con dolor e incertidumbre. La Iglesia cumple su misión siguiendo los pasos de Jesús y haciendo suyas sus actitudes; de Él aprendemos la sublime lección de anunciar el Evangelio de la paz con la confianza puesta en la fuerza transformadora del amor.

En los últimos meses, en toda la geografía nacional, suceden hechos violentos, relacionados, en numerosas ocasiones, con la delincuencia organizada; esta situación se agrava día con día. Recientemente se ha señalado que una de las ciudades de la República Mexicana tiene el índice más alto de criminalidad en el mundo. Esto repercute de forma negativa en la vida de todos los mexicanos y daña la unidad social así como envenena el alma con resentimiento, miedo y deseo de venganza.

Al ocuparnos de los desafíos que la vida social, política y económica, no lo hacemos como expertos, ni como científicos o técnicos, no es esa nuestra competencia; lo hacemos como intérpretes y confidentes de los anhelos de muchas personas, especialmente de las más pobres y de las que sufren por causa de la violencia.

Nos duele profundamente la sangre que se ha derramado, nos interpela el dolor y la angustia, la incertidumbre y el miedo de tantas personas y lamentamos los excesos. Nos preocupa además, que de la indignación y el coraje natural, brote en el corazón de muchos mexicanos la rabia, el odio, el rencor, el deseo de venganza y de justicia por propia mano.

En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos de Él mismo. Contemplando lo que Él hizo, queremos discernir lo que nosotros debemos hacer en las circunstancias que se viven nuestra patria. Nos sentimos movidos a la compasión evangélica que nos impulsa a acercar, a los que sufren, el consuelo de la fe, la fortaleza de la esperanza y el bálsamo de la caridad.

No es la primera ocasión en la que el episcopado mexicano se ocupa de esta realidad. Cuando llegaba a su fin la época del llamado «milagro mexicano» en la Carta Pastoral sobre el desarrollo y la integración del país señalaban: «Estamos llegando a un punto en que es sumamente urgente que los ciudadanos se decidan a buscar y aceptar 'transformaciones audaces, profundamente innovadoras', si no se quiere aumentar la potencia de los fuertes y la servidumbre de los débiles, orillando a las mayorías a una reacción violenta y empeorando el estado de injusticia 'que clama al cielo' por la violencia que se ejerce sobre la dignidad de las personas».

Ahora, ante la necesidad de discernir los desafíos que este círculo vicioso de inseguridad y violencia presenta a la misión de la Iglesia, acogemos la oportuna enseñanza del Santo Padre Benedicto XVI que nos invita promover, con la caridad en la verdad, el auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. Asumimos la Misión Continental a la que hemos convocado a la Iglesia en México, en el espíritu del acontecimiento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

No perdemos de vista las grandes riquezas del pueblo mexicano, por las que bendecimos y agradecemos a Dios. Somos un pueblo de tradiciones con profundas raíces cristianas, amante de la paz, solidario. Precisamente, porque sabemos que la raíz de la cultura mexicana es fecunda y porque reconocemos en ella la obra buena que Dios ha realizado en nuestro pueblo a lo largo de su historia, hoy queremos alentar en todos la esperanza.

Para ello nos serviremos del método ver, juzgar y actuar. Este método nos permite articular, de modo ordenado, la perspectiva creyente de ver la realidad, con criterios que provienen de la fe y de la razón para discernirla y valorarla con sentido crítico y, proyectar el compromiso de los discípulos misioneros de Jesucristo. Queremos así, clarificar y proponer la misión de la Iglesia en la construcción de la paz para que en Cristo, México tenga vida digna. Compartimos con sencillez y humildad esta reflexión y de igual manera ofrecemos nuestra disposición a colaborar en esta tarea, con los hombres y mujeres de buena voluntad comprometidos en formar una sociedad responsable y con quienes sirven a la nación en el ejercicio honesto de la autoridad pública.
 
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