Opinión
Yolanda Gámez
A flor de Piel

El Sol de San Luis
12 de octubre de 2008

* Acerca de los cuentos

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Hace ya algunas semanas quedé en platicarle acerca de la interpretación psicológica que se le ha dado al cuento de la Bella Durmiente. Fìjese que investigando para escribir estos artículos, me di cuenta que la mayoría de las interpretaciones que la psicología ha dado a los cuentos, tienen que ver con el tránsito de la infancia a la adolescencia, con ese periodo de latencia que precede al despertar sexual, esa etapa en la que la inocencia queda atrás para dar paso a una conciencia del propio yo. Y uno enserio llega a preguntarse si los autores escribieron estas narraciones fantásticas con la intención de hablar secreta y veladamente de temas que eran considerados perturbadores, o si en realidad estos cuentos dicen lo que dicen y todo lo demás es mera mafufada de los que a todo pretenden hallarle un sentido oculto. El caso es que al cuento que nos ocupa también se le han encontrado significados que a decir verdad, pues no saltan a la vista.

En el capítulo anterior, la bella princesa había caído en un profundo sueño, por culpa de una desalmada hada-bruja que presa de la envidia, había descargado toda su furia en ella. Para poder despertar, tenía que recibir un beso de amor verdadero. Pues bien, esta gran siesta, viene a representar esa etapa en la que en la vida de los niños "parece que no pasa nada". ¿Ha escuchado a alguien decirle a una niña: "Disfruta de tu infancia, porque después de los quince el tiempo pasa volando"? Es justo a eso a lo que se hace referencia. Una fase en la que el púber no encuentra lugar ni con los niños ni con los adolescentes, ha dejado de disfrutar los juegos infantiles: trastecitos, carritos, comidita, guerrilla... y tampoco le encuentra gran sentido a juntarse con el solo objetivo de platicar, ligar, criticar o profundizar sobre algunas experiencias. Así, pareciera que la vida en esta edad transcurre lenta, aburrida y sin emociones, cual si se estuviera inmerso en un gran letargo del que uno ansía salir. Y aunque en el cuento tradicional lo que marca la pauta de ese despertar es el amor vestido de beso, en la vida real se trata del deseo. Y vaya que sabemos cuándo es que irrumpe esta alarma que no deja de sonar: Los cambios hormonales invaden a los chamacos y con ellos todo comienza a transformarse: la voz, el cuerpo, el sentido del humor, el carácter, el modo de andar, de mirar, de contestar... TODO!!! Y bueno, podemos ver que existen otros clásicos cuentos en los que igualmente se hace alusión a una etapa así: ¿Qué le pasa a Blanca Nieves cuando muerde la manzana encantada? Cae en un profundo sueño. ¿Cómo está Alicia durante todo el transcurso de aventuras en el País de las Maravillas? Dormida! (Sí, todo era un sueño), o bien las damitas que siempre acababan por ser princesas, pasaban por una oscura etapa de confinamiento y soledad, como la pobre de Rapuncel o la súper víctima de Cenicienta, quienes padecieron por largo tiempo una cruel violencia intrafamiliar.

También en el cuento que supuestamente hoy nos ocupa, cuando la sonsita ésta se pincha con la rueca, los psicólogos encuentran una analogía con el complejo que en teoría psicológica se llama de castración. Y aunque esto suena a cercenamiento y dolor, pues no es tan literal, aunque sí algo hay de eso. Se refiere a ciertas experiencias que nos van haciendo caer en cuenta de la propia mortalidad, de la soledad, de la orfandad que compartimos los seres humanos. Esto en el cuento se marca con ese episodio en que la curiosidad da paso al susto y al dolor. La niña curiosa, como cualquier niño que se siente un explorador invencible y que va por su mundito rosa tratando de encontrar y conocer, se da cuenta que las cosas no son tan lindas, que puede hacerse daño, que en determinados momentos, no hay nadie ahí para cuidarla y protegerla; y esa sensación de vulnerabilidad y desamparo y la huella profunda que deja en el niño, es a lo que se le llama el complejo de castración (caer en cuenta que no se es todopoderoso.

En realidad tenía la intención de platicarle de varios cuentos que son clásicos y que vistos desde el ámbito científico han cobrado diversos sentidos. La Cenicienta, Alicia en el país de las Maravillas, Blancanieves, La Princesa y el Guisante... Pero de pronto, con todo esto que viene sucediendo por desgracia en nuestro mundo real, ése que nomás no es de ficción, pues pensé que tal vez este gusto por hablar de fantasía, era un vano intento mío por evadir e ignorar lo que de terrible nos arrojan los diarios, los noticieros, los amigos, los vecinos. Todo eso que nos está pasando y que no acabamos de creer. Ese miedo que no queremos reconocer pero que cada vez se nos pone más tangible y pesado porque ya no es algo lejano que sólo pasaba en el D.F., algo que era cuestión de gente con cara maldad y cinismo.

No, hoy pasa aquí cerquita, tanto que podemos olerlo. Y eso, ya no es algo que uno pueda ignorar.

Por eso creo que mejor hablamos de eso sin caer en un pozo que nos obligue a hablar siempre y tristemente de lo mismo. Combinemos un poco de lo inaplazable con lo placentero de la estética y los temas ligeros. Abramos bien los ojos, sin que eso signifique en modo alguno que dejemos de soñar.

Que pase usted un agradable domingo.

Yega1320@yahoo.com.mx
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