Internacional
Ovacionan a Benedicto XVI en Jornada Mundial de la Juventud
Peregrinos mexicanos estuveron presentes en la jornada que reunió a miles de jóvenes del mundo. Foto: AFP
Organización Editorial Mexicana
17 de julio de 2008

DPA

Sydney, Australia.- Desde hace días rezan, cantan y celebran los jóvenes peregrinos en Sydney, pero la mayoría hicieron el largo viaje sobre todo para ver una vez en sus vidas en vivo y en directo al Papa Benedicto XVI. Hoy por fin llegó el día: a bordo del "MS Sydney 2000", Benedicto entró al puerto y el júbilo no tuvo límites. También a él se le notaba la alegría en el rostro. Rodeado de australianos, entre ellos aborígenes en sus vestimentas típicas con la cara pintada de blanco, miró durante minutos hacia el mar de gente en la orilla y disfrutó la entusiasta recepción. "¡Qué alegría!", dijo conmovido.

Horas antes, el Papa, como jefe de Estado del Vaticano, cumplió con todos las recepciones oficiales, escuchó discursos y dio la mano a mucha gente. Cuando la guardia de honor partió, quedó en claro que Benedicto estaba apurado. Con paso veloz, pasó delante de las filas de soldados, con el maestro de ceremonia a su lado, que casi tuvo dificultades para seguirle los pasos. "Estoy aquí en primer lugar para encontrarme con los jóvenes", aclaró Benedicto rápidamente. "La Jornada Mundial de la Juventud me llena de confianza en la Iglesia y en el mundo".

Ya antes en el día el Papa de 81 años había andado a paso veloz e impresionado así a sus invitados australianos. Ya cómo bajo la escalera del avión el domingo tras 23 horas de vuelo y cómo casi dejó atrás en un paseo con el rosario a los obispos australianos más jóvenes impactó. "Está en plena forma", dijo admirado un representante del gobierno australiano.

Mientras tanto, los peregrinos llevaban horas en Barangaroo junto al puerto. El recinto se llama "milla del hambre" en el lenguaje popular, porque hasta allí acudían los trabajadores hambrientos en la crisis económica de los años 30 para hacer fila para pedir trabajos. Los peregrinos no pasaron hambre, pero hacía frío en el invierno australiano. Tanto frío que algunos peregrinos de zonas más cálidas se habían equipado con gorros de lana y guantes. "Cantar y bailar" fue el mejor remedio contra el frío, explicó una argentina.

También al Papa el viento frío le soplaba en la cara a bordo de la embarcación. Debajo de su atuendo blanco, se asomaban las mangas largas de un pullover de lana. Pero con toda la alegría de la colorida recepción con bailes de los aborígenes y coros de las iglesias, el Papa traía preparada una seria advertencia para los jóvenes.

Está mal desterrar tanto la fe de la vida pública, dijo, y llevar la tolerancia tan lejos que de repente todo está permitido. Condenó el comportamiento consumista y la explotación de la Tierra. "Nuestros corazones y nuestras almas anhelan una visión de la vida en la que se imponga el amor", dijo el Papa .

Cuando ya había dejado atrás su serio mensaje contra el ablandamiento de la moral y la verdad en la vida moderna, Benedicto respiró profundamente. Entonces miró casi con ternura a su alrededor. Porque ahora, sabía, volvería a calentarse el ambiente. Y, efectivamente, cuando se dirigió a los diferentes grupos de peregrinos en su lengua materna ya no hubo contención. Cada vez recibió una estruendosa ovación.

"Queridos amigos, los que me entienden en mi lengua materna, de corazón los saludo a todos", dijo a los alemanes. Su voz se volvía más viva con cada idioma. El Papa hizo varias pausas en las que miraba satisfecho a su público. La capacidad de entusiasmo de los jóvenes evidentemente lo conmovió.