México
De Bellas Artes a un San Lázaro enrejado
Desapareció la fastuosidad en tomas de posesión
Organización Editorial Mexicana
21 de noviembre de 2006

Segunda y última parte

Nidia Marín / El Sol de México

Ciudad de México.- El segundo Presidente de México del siglo XXI, Felipe Calderón Hinojosa, anunció que rendirá su protesta en San Lázaro. Será el quinto en tomar posesión en ese lugar... si lo dejan. O emigrará a otro sitio, como lo hicieron muchos, en la historia del país, aunque nunca porque hubiera amenazas de boicot de parte de los propios diputados.

La decisión de juramentar en San Lázaro, afirman, "es un hecho". La duda al respecto no está en el fondo, sino en la forma.

En el mencionado San Lázaro, el nuevo Palacio Legislativo inaugurado en 1981, tomaron posesión cuatro presidentes: Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada.

A esas alturas, de finales de los años setenta, todos estaban de acuerdo que ya no cabían en Donceles y mucho menos para las ceremonias especiales. Por ello, a petición de los legisladores, el gobierno de José López Portillo ordenó la construcción de un nuevo recinto. Arquitectos e ingenieros decidieron que el lugar indicado era el terreno donde estuvo la estación del ferrocarril: San Lázaro.

(El gusto les duró poco. En 1989 hubo otro incendio. Como consecuencia los legisladores hubieron de sesionar en el Auditorio del Centro Médico. En 1992 regresarían al restaurado edificio.)

Antes, los mandatarios habían deambulado por diversos lugares de la Ciudad de México.

CIVILISMO Y FASTUOSIDAD

Allá en la mitad del siglo XX, cuando los ánimos se asentaron y a las carrilleras revolucionarias les quitaron los cartuchos, los gobiernos civiles arribaron a México.

Y con ellos emergió la fastuosidad. Miguel Alemán, el primer Presidente civil, tomó posesión el uno de diciembre de 1946 en el Palacio de Bellas Artes constituido en Congreso de la Unión. A las 11:12 minutos de la mañana rindió su protesta. Y dio una probadita de lo que sería su programa de gobierno: "...Debemos realizar la industrialización que nos hemos propuesto. Durante el esfuerzo de la contienda armada pudimos crear nuevas industria, ello demuestra nuestra capacidad directriz en el campo industrial y la aptitud eficiente de nuestros trabajadores..."

Más tarde desfilarían los bizarros cadetes del Colegio Militar de la República Argentina, así como la infantería y la caballería del mismo país ante el balcón presidencial de Palacio Nacional. Marinos ingleses también lo saludaron, además, desde luego, los cadetes mexicanos.

La modernización de México daba principio.

Adolfo "El Viejo", siguió con la estructura establecida por su paisano el veracruzano Alemán. En el escenario de 24 metros de longitud y como fondo la famosa cortina de mosaicos de cristal sobre lámina de acero, realizada por Tiffany Studios de Nueva York, Ruiz Cortines rindió su protesta en el porfiriano Palacio, el uno de diciembre de 1952.

A las 11:00 de la mañana colocó su mano izquierda sobre la Constitución que juró cumplir. Y envió un mensaje a la nación: "Jamás defraudaré la fe que la ciudadanía ha depositado en mí al otorgarme la suprema magistratura de la República, ni permitiré que se quebranten los principios revolucionarios y las leyes que nos rigen". Su gobierno fue austero.

Adolfo "El Joven" también siguió con la costumbre. Para el día más importante de su vida, caminó por el vestíbulo y la sala, donde Federico Mariscal había aplicado un revestimiento de diversos mármoles nacionales y una espectacular decoración "art dèco" realizada en París por la casa Edgar Brandt, en la cual se incorporan motivos mexicanos, como por ejemplo, mascarones mayas en acero y cactáceas en bronce.

Ahí, el mexiquense López Mateos rindió su protesta poco antes de las 11:15 horas, de 1958, en el Palacio de Bellas Artes, ante 52 misiones diplomáticas, entre las cuales sobresalía John Foster Dulles, secretario de Estado de Estados Unidos, así como el doctor Milton Eisenhower.

"Habremos de lograr los mexicanos el mayor desarrollo con estabilidad monetaria. Debemos producir y exportar más, vigorizar nuestro comercio exterior, ajustar nuestras importaciones, mantener el equilibrio de nuestro presupuesto y la solidez de nuestro crédito y fortalecer nuestra capacidad de pago externo..." Y vaya que se encargó de ello, no en balde le pusieron como mote "Adolfo López Paseos".

Gustavo Díaz Ordaz fue otro de los mandatarios que tomó posesión en el Palacio de Bellas Artes. La ceremonia fue el uno de diciembre de 1964. En las plateas ya estaba la oposición y los partidos satélites: PAN, PPS y PARM. Apenas pasadas las 11:00 de la mañana, una vez acalladas las ovaciones, rindió su protesta ante 20 mil personas.

"Yo expreso, pública y solemnemente, la plenitud de mi confianza en que los soldados de México seguirán sabiendo hacer honor a la sagrada misión que la patria les ha conferido. Por mi parte, les aseguro que sabré estar a la altura del honor tan grande que significa ser jefe supremo...", diría en su mensaje. No, no sería así exactamente, en ninguna de ambas cuestiones.

Y se acabaron los festejos en Bellas Artes.

EN LOS TERRENOS DE LA CLASE MEDIA

Luis Echeverría Alvarez, proveniente del sector popular del PRI, se fue al lugar de la diversión y el esparcimiento de la emergente clase media, al Auditorio Nacional, decorado y acondicionado ex profeso, con rampas y plataformas.

Aquel lugar, como el país, se había ido transformando. De ser en 1952, durante su inauguración el Auditorio Municipal para eventos de los Juegos Panamericanos, por cierto descubierto, posteriormente lo mismo se efectuaban convenciones, que partidos de basquetbol y volibol, ferias internacionales y espectáculos diversos.

El uno de diciembre de 1970, pasadas las 11:00 horas de la mañana, Luis Echeverría Alvarez tomó posesión como Presidente.

¿Presentes? Los ex presidentes de México Emilio Portes Gil, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines (López Mateos ya había fallecido) y, desde luego, Gustavo Díaz Ordaz.

"Nada haré que atente contra la unidad nacional ni permitiré que se lesione el régimen de libertades que la Constitución consagre; pero no dejaré de hacer nada que esté a mi alcance para desterrar vicios, combatir abusos y fomentar la utilización prudente y equitativa del patrimonio común..."

Concluida la ceremonia, rumbo al Palacio Nacional se detuvo en el Hemiciclo a Juárez para montar una guardia ante el Benemérito. Después, en el balcón central, presenció un desfile militar.

José López Portillo continuó con la ceremonia de toma de posesión en el Auditorio Nacional. El uno de diciembre de 1976.

Ante miles de invitados y representantes de los tres sectores priístas, así como del cuerpo diplomático, rindió su protesta pidió perdón a los desposeídos, demandó que los desnacionalizados "no estorben"; exigió a sus colaboradores honestidad y trabajo; se comprometió a tener "un peso fuerte", explicó la grave inflación y se comprometió a realizar una reforma política (y lo cumplió).

También dijo: "No cacemos culpables, ni achaquemos errores. Respondamos por lo que hay que hacer y, hacerlo bien, primero a favor de todos y, después, a favor de cada uno. Invertir este orden es eternizar las injusticias. No hacerlo, es caer en la indefinición".

Pero el discurso fue una burbuja que, con el tiempo, se rompió, así como el encanto.

Esta sería la última toma de posesión en el Auditorio. Durante su mandato, José López Portillo ordenó la construcción del recinto de San Lázaro y hasta allá se fueron los demás.

LOS AGITADOS TIEMPOS

Miguel de la Madrid Hurtado fue el primero en rendir juramento en el flamante lugar. El uno de diciembre de 1982, a las 11:04 de la mañana, después de que los 21 cañonazos anunciaran su llegada, tomó posesión, frente a los 24 integrantes de su gabinete, ya nombrados y miles de invitados de México y del extranjero.

En su mensaje anunció un gobierno contra la crisis, rectificación de lo que no funcionó, pero no en la nacionalización bancaria, dio a conocer el reordenamiento económico; advirtió que no era tiempo de vituperios ni querellas, sino de responsabilidades y definiciones y dijo que habría reformas en materia económica.

"Haciendo mío un reclamo nacional, he decidido promover la transferencia a los gobiernos locales de la educación preescolar, primaria, secundaria y normal que el Gobierno federal imparte en todo el país, así como los recursos financieros correspondientes. El Gobierno federal conservará las funciones rectoras y de evaluación que ejercerá a través de la Secretaría de Educación Pública. Los derechos laborales del magisterio y su autonomía sindical serán respetados escrupulosamente", dijo.

El siguiente Presidente en tomar posesión en San Lázaro fue Carlos Salinas de Gortari. La batahola por las sospechas de fraude en las elecciones estaba en su apogeo. Ese día salieron a relucir pancartas de reclamo y rechazo.

No obstante, el uno de diciembre de 1988, rindió su protesta, sin la presencia de los legisladores panistas que también reclamaban el triunfo al igual que los del Frente Nacional Democrático.

Presentes políticos nacionales y extranjeros, entre los cuales estuvo Fidel Castro.

Ese día, en su mensaje, el economista Salinas de Gortari anunció la creación del Programa Nacional de Solidaridad (que sigue rindiendo frutos), dio a conocer la necesidad de llevar a cabo la Reforma del Estado y resaltó su intención de modernizar al país, para lo cual propuso la creación de tres acuerdos nacionales: Para la ampliación de la vida democrática; para la recuperación económica con estabilidad de precios, y para el mejoramiento productivo del nivel de vida de la población.

Ernesto Zedillo fue el tercer Presidente en tomar posesión en el palacio de San Lázaro. El uno de diciembre de 1994, poco después de las 11:00 de la mañana, en un ambiente tenso por los recientes asesinatos de priístas (el candidato a la Presidencia Luis Donaldo Colosio y el dirigente José Francisco Ruiz Massieu) y el surgimiento el uno de enero del EZLN, rindió su protesta.

La reactivación del crecimiento económico, el aumento del empleo y la mejoría de los ingresos de las familias fue parte de su discurso. Además... "La premisa de las relaciones, entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo es el estricto respeto a su autonomía; la composición plural del Congreso de la Unión representa un factor fundamental para su independencia política".

Y convocó a los partidos y a las organizaciones políticas, así como a los ciudadanos a participar en la democratización integral del país mediante la Reforma del Estado.

Y fue el parteaguas. El PRI dejó el poder que tuvo por siete décadas.

Vicente Fox, primer mandatario de otro partido, en este caso el PAN, rindió su protesta el uno de diciembre del año 2000, en una ceremonia con muchos invitados y escasa tensión.

"Hola Ana Cristina, hola Paulina, Vicente y Rodrigo", fue lo primero que dijo, al poner por delante a sus hijos. Después mencionó al "Honorable Congreso de la Unión".

"En esta nueva época de ejercicio democrático, el Presidente propone y el Congreso dispone. Esa es la nueva realidad del Poder en México. "El presidencialismo tradicional impuso por muchos años su monólogo. Ahora más que nunca, gobernar es dialogar; la fuerza de la nación no puede venir ya de un solo punto de vista, de un solo partido o de una sola filosofía.

"Ahora como nunca, es necesario el entendimiento, el acuerdo y la convergencia entre los distintos actores políticos, económicos y sociales, los diferentes intereses legítimos y las diversas visiones ideológicas.

"Convoco a todas las fuerzas políticas a construir, sin prejuicios, una relación digna, transparente y sin servidumbres; a un intercambio franco y espontáneo de argumentos y razones con el nuevo gobierno, para avanzar juntos en el encuadramiento jurídico del proceso de cambio.

"Por mi parte, alentaré una relación cimentada en negociaciones permanentes con los grupos parlamentarios que aquí concurren, para que en el proceso de coincidencias y discrepancias, alcancemos las reformas que eleven la legitimidad de las instituciones públicas y sus decisiones". Las expectativas no quedaron medio llenas, sino medio vacías.