México
Renegociación del TLCAN no es el camino: investigadores
Desde que entró en vigor el TLCAN, el país ha importado alimentos por 78 mil millones de dólares, una cifra superior a toda la deuda pública externa. Foto: Archivo / El Sol de México

Organización Editorial Mexicana
13 de enero de 2008

Patricia Torres / El Sol de México

Ciudad de México.- La renegociación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) no es el único camino para solucionar los problemas ancestrales del campo mexicano, coincidieron investigadores de la UNAM y del Colegio de Posgraduados de la Universidad de Chapingo, quienes propusieron volver a las políticas que se implementaban para el agro nacional antes de 1994 y la restitución de las instituciones que fueron desapareciendo paulatinamente como la Conasupo.

Además, el campo no tuvo un periodo de transición hacia la apertura comercial del capítulo agropecuario -que se dio a partir del 1 de enero- como estaba previsto en el TLCAN, ni hubo programas de inversión estructurales para preparar a los pequeños y medianos productores y a las zonas rurales rezagadas.

Tampoco hubo inversión para infraestructura productiva y social, es decir, estructura básica como carreteras y electrificación, educación, salud, acceso a riego, desarrollo tecnológico, crédito y asistencia técnica, con el pretexto de la crisis de 1994 y la recesión de 1995.

En resumen, consideran los investigadores, los daños que está presentando actualmente el campo mexicano obedecen por una parte al Tratado de Libre Comercio con América del Norte y a la ausencia de políticas agrícolas.

Lo que, además, ha provocado desde 1994 a la fecha la pérdida de entre 2 y 5 millones de empleos en el sector rural, que el país "exporte" cada año principalmente a Estados Unidos 600 mil trabajadores, de los cuales, entre el 40 y 50 por ciento procede del sector rural. Antes del acuerdo comercial, el promedio anual de migrantes a EU era de 28 mil personas, convirtiéndose México en el país que más población pierde en el mundo.

Desde que entró en vigor el TLCAN, el país ha importado alimentos por 78 mil millones de dólares, una cifra superior a toda la deuda pública externa; se han comprado al exterior 77 millones de toneladas de maíz y, por no cobrar el arancel respectivo, se han perdido más de 3 mil millones de dólares.

Y si antes del TLCAN la situación del sector agropecuario y forestal en México no era buena en el contexto de la economía nacional, después de 1994 ha empeorado y las asimetrías se han agudizado entre los sectores rurales de México con sus países socios, Estados Unidos y Canadá.

José Luis Calva, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, en entrevista considera que los daños que está presentando el campo mexicano obedecen al TLCAN y a la ausencia de políticas agrícolas, y explica que mientras en Estados Unidos se destinan apoyos totales al sector agropecuario, 44.9 por ciento del valor bruto de la producción agropecuaria, en México sólo es el 17.4 por ciento.

Las asimetrías son "bárbaras" prácticamente en todo, mientras en México gastamos 17.8 jornadas de trabajo para producir una tonelada de maíz, en EU, 1.2 horas de trabajo se utilizan para producir esa misma cantidad; en EU antes de la firma del TLCAN había 1.5 tractores por cada trabajador agrícola, en México teníamos 3.4 tractores por cada 100 trabajadores, actualmente son 3.8 tractores por trabajador agrícola, pero EU tiene 1.9 tractores por trabajador agrícola. Siguen siendo las diferencias muy grandes.

En México tenemos 2 trilladoras combinadas (cosechadora-trilladora) por cada mil trabajadores y en EU tienen 209. En recursos naturales, la dotación de recursos por trabajador agrícola en EU es de 61.4 hectáreas de cultivo, de las cuales, 5.9 son de riego, hay 79 hectáreas de pastizales y 87 hectáreas de bosques, todo esto por un trabajador.

En México tenemos por un trabajador 2.7 hectáreas de cultivo, de las cuales, 0.6 son de riego, 8 hectáreas de pastizales en su mayoría de mala calidad, y 5.9 hectáreas de bosques.

Son asimetrías prácticamente por donde se busque. Así que viendo adelante, no queda más que renegociar el capítulo agropecuario del TLCAN, lo cual se contempla en su articulado o llegar a un acuerdo paralelo entre ejecutivos de los países socios. "De que se puede, se puede, la tecnocracia no quiere y esa es otra cosa".

El investigador del IIE de la máxima casa de estudios mencionó que ante la negativa del propio Presidente de la República, Felipe Calderón, de no entrarle a la renegociación, entonces propuso la aplicación de una política de fomento agropecuario.

Y recordó que el campo mexicano desde la época de Lázaro Cárdenas hasta los años 60 tuvo un crecimiento a una tasa de más del 6 por ciento anual, proveyó más de la mitad de las divisas que ingresaron a México por concepto de exportación de mercancías, ayudó en consecuencia a financiar el equipamiento de la industria. Pero entonces, dijo, había políticas favorables a la agricultura.

Luego el campo a finales de los 70 y principios de los 80 volvió a crecer a una tasa de 5.9 por ciento anual, "o sea, de que podemos, podemos. En ese tiempo el agro era excedentario, éramos exportadores netos de productos agrícolas, por eso se tiene que volver a repetir esa historia".

Actualmente, señaló José Luis Calva, estamos importando 16 mil millones de dólares en alimentos, cuando se tiene todo para producirlos en casa: la tierra, los trabajadores, el petróleo -que quiere decir, combustibles, fertilizantes-, pero no hay voluntad política para hacerlo.

Consideró que las direcciones de una política de fomento agropecuario son prácticamente las que se hicieron en el pasado y que es lo que está llevando a cabo Estados Unidos hoy, y que México requiere establecer nuevamente:

Una política de precios de garantía o soporte para los productos agropecuarios, y así el productor sabrá qué precio va a recibir por tonelada de maíz en este año y en los siete siguientes, y un programa de ingreso objetivo, que no sólo beneficia a unos pocos productores, como actualmente beneficia a las regiones del noroeste del país.

Otras direcciones de política agrícola que propone se instrumenten son: investigación, extensionismo y transferencia de tecnología, lo cual dejó de hacerse a partir del sexenio de Miguel de la Madrid con el modelo neoliberal que ha destrozado no nada más al campo, sino a toda la economía, destinar mayor inversión en infraestructura de riego, almacenes, subsidiar el seguro agropecuario, porque se trata de una actividad de riesgo, y subsidiar el crédito.

"Nosotros (México) tenemos que volver a hacer buenas políticas agrícolas, bajo una visión corregida y aumentada a la de Estados Unidos y a las que se tuvieron en el pasado, con mayor participación de la academia, de los investigadores, y por otra parte un manejo más transparente, con más rendición de cuentas y auditoría social; pero los instrumentos serían los mismos que aplicamos en el pasado, trataríamos de tener un uso más eficiente, con una reducción drástica de la corrupción, que por cierto no ha desaparecido con el neoliberalismo, sino que se ha agudizado", señaló el investigador, quien dijo que más que dinero o mayores recursos, lo que se requieren son estos elementos que se tienen que impulsar.

También habló de la necesidad de aumentar durante los próximos 2 ó 3 años los recursos para el campo, pero hacerlo directamente para el sector agropecuario, porque, dijo, hay un rezago de cuando menos un cuarto de siglo para el desarrollo.

En entrevista por separado, el maestro Antonio Gasol de la Facultad de Economía de la UNAM aseguró que México es importador de maíz, frijol y leche en polvo por lo menos desde 1950, y no a partir del TLCAN, y explicó que la "fecha fatal" del 1 de enero de este 2008 no está contemplada como tal en el capítulo agropecuario del acuerdo, sino que esa fecha aparece en el capítulo tercero, el cual se refiere a acceso a mercados que es donde está el calendario para la eliminación de aranceles.

Indicó que cuando entró en vigor el TLCAN, se supone que en 14 años se iba a hacer algo para poner a los productores mexicanos en condiciones de competir, y no se hizo absolutamente nada.

Cuando se supone que se hacían bien las cosas, la que importaba era la Conasupo, cuando los precios del exterior estaban muy bajos, importaba, almacenaba, guardaba y colocaba en el mercado.

Comentó que absurdamente el Gobierno mexicano unilateralmente desapareció a la Conasupo, no por mandato del TLC, y ahora son los particulares los que importan, y obviamente ellos tienen una lógica distinta, la ganancia del corto plazo.

Considera el catedrático de la UNAM que hubo un error de entrada, al colocar a los productos del campo como si fueran productos industriales y darles el mismo tratamiento. "Fue un error pero ya se hizo, y ahora a las 12 y cuarto ¿se va a dar marcha atrás? Ya no se puede, y si se hace ¿a cambio de qué?"

El campo mexicano no es que estuviera bien antes del TLCAN, es una falacia, señala Gasol, lamentablemente el campo mexicano estuvo financiando por lo menos desde los años 40 al crecimiento industrial. Estuvo siendo descapitalizado a favor de la industrialización del país, siempre ha estado mal, lamentablemente, "no le echemos la culpa al TLCAN".

-¿Entonces no hay nada que hacer?

-No. El estado mexicano tiene que establecer una política activa de apoyo al campo que tiene que ver con la investigación, que tiene que ver con restablecer algo de las instituciones, que absurdamente fueron eliminándose supuestamente por corrupción, como: Conasupo, Tabamex, Inmecafé, Cordemex, Fertimex, Productora Nacional de Semillas y otras. Es mas útil una mano sucia que un muñón limpio.

-¿Cuánto costaría reactivar al campo mexicano?

-No sé. Pero bastante más que los 200 mil millones de pesos que se destinarán este año. Hay que ubicarlo en un marco de política económica en que el Estado asuma su responsabilidad de promotor, de generador de ser líder del campo y no dejar que el mercado dicte las cosas, no sólo hay que meter dinero, hay que meter ideas, hay que meter política, organización, nuevas técnicas, hay que meter muchas cosas, no sólo es un problema de dinero, es un problema de libertad y saber hacer las cosas.

A su vez, el doctor Matus Gardea, investigador del Colegio de Posgraduados de la Universidad de Chapingo, coincidió con los investigadores de la UNAM en que se debe aumentar la productividad del campo mediante la generación de tecnología que debe adaptarse y aplicarse, hacer accesible a los productores al crédito y establecer programas de apoyo a la tecnificación del agro.