Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Reivindicación de María Antonieta y la emperatriz de Rusia

Organización Editorial Mexicana
7 de octubre de 2006

Según esto que dicen los eruditos, Shakespeare compuso muchos de sus versos más famosos, "los lunes después de borracheras". Resulta que, según lo afirman los sabios, el escritor más importante en lengua inglesa y entre los más célebres de la literatura universal, "habría compuesto muchas de sus legendarias obras teatrales luego de noches de borrachera y exceso de alcohol". O sea que, don Guillermo era un borrachales de primera que en las horas atroces de la cruda concebía Hamlet, Romeo y Julieta y Macbeth, y todas sus tragedias.

Ha de ser, tanto como otro briago de primera, Ernest Hemingway, por las mañanas, de pie ante la máquina de escribir, crudísimo, creaba Por quien doblan las campanas, Las nieves del Kilimanjaro y El viejo y el mar, obra que le mereció el Premio Nobel de Literatura. Ambos autores durante esas horas de humildad absoluta, escribiendo antes de curársela.

Y como a nadie sorprende ni le extraña tal cosa, también resulta que la reina María Antonieta, que fue ejecutada por decapitación durante la Era del Terror revolucionario en Francia, ahora ha sido reivindicada poniéndose de moda en todo el mundo.

A poco más de doscientos años de haberle cortado la cabeza, la infortunada soberana resucita tanto en la película de Sofía Coppola, un documental, artículos de fondo en la prensa, como en una nueva línea de aderezos de ropa, joyas y bufandas, y en comentarios populares que glorifican su belleza, sus ingenuas diversiones y su bisexualidad.

Entretanto es moda en Estados Unidos, los rusos dan cabal sepultura a los restos de la emperatriz María Fiodorovna, madre de Nicolás II, el último zar de Rusia, en una cripta en la catedral de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo, donde en 1998 fueron también enterrados los despojos del zar y su familia asesinados en 1918 por los revolucionarios soviéticos.

A resultas de la revolución, la zarina huyó a la península de Crimea, donde residió durante dos años acosada por el Ejército Rojo que comandaba León Trotsky, habiendo fracasado las gestiones del rey de España, Alfonso XIII, para darle asilo a ella y a su hijo, detenido en la capital y luego éste y su familia encarcelados en Ekaterimburgo, en los montes Urales, donde por órdenes de Lenin fueron sacrificados sin más.

La zarina fue rescatada en Crimea, en abril de 1919, por un destroyer de la Marina Inglesa y acogida en Inglaterra desde donde regresó a Copenhague, Dinamarca, su país natal, donde vivió hasta su muerte en 1928.

Nikolai Romanov, miembro de la dinastía imperial que estuvo en el poder en Rusia entre 1613 y 1917, en la ceremonia de inhumación, celebrada el pasado mes de septiembre, señaló: "María Fiodorovna no sólo es la emperatriz rusa, sino el símbolo de miles de madres que perdieron a sus hijos y nietos cuando peleaban en los dos bandos durante la Revolución Bolchevique. Esta ceremonia es un acto de justicia histórica que permite restañar algunas heridas que Rusia lastra desde la guerra civil, pero no cierra definitivamente esa página de la historia".

Así, con el estreno mundial de la película de la hija del director Francis Ford Coppola, el próximo 20 de octubre, y la ceremonia panteonera, las dos Marías han sido reinstaladas rescatando la memoria histórica y todo lo que ello significa como perdón, nostalgia y ejemplo de crueldad revolucionaria y sus excesos.

Los bienes de la zarina, tanto como los de la decapitada, no serán restituidos a sus herederos, ni éstos tampoco recibirían ningún porcentaje de las regalías por película, libros y objetos. La justicia histórica no llega a tanto.

Entretanto, los vivales, "descubrirán" el cráneo y el esqueleto sin cabeza de la reina de Francia. Seguro.
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