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Opinión
![]() Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Extraño planeta y la cara de Marte
Organización Editorial Mexicana
4 de octubre de 2006
En 1979, ya hace más de un cuarto de siglo, la fantasía surrealista Alien, el octavo pasajero, estremeció a todos los públicos. Con esa película comenzó la saga del monstruo más cruel e indestructible encontrado en el espacio, en un planeta "extraño".
El rostro del singular ser lo inspiraron las cabezas de serpiente aztecas al pie de la escalinata del Templo Mayor. Los astronautas que viajan en la nave Nostromo, un homenaje a la novela de ese título de Joseph Conrad, encuentran un planeta impensable y tras descender en él, donde recogen los huevos de un dinosaurio extraterrestre, dan comienzo las cintas de la serie Alien y ya van como 10 versiones. Lo que los astronautas estadunidenses habrían de descubrir es que en sí, el monstruo era el planeta desconocido. Esto querría establecer que extraños objetos planetarios podrían ser seres complejos y no esferas rodantes, sean o no como el ahora enanizado Plutón. Así las fantasías sin límites, en los hechos, el astrónomo estadunidense Gaspar Bakos, del Instituto Smithsoniano, en artículo publicado en la revista Astrophysical Journal, describe el descubrimiento de un extraño planeta, clasificado como HAT-P1, el más grande conocido hasta hoy, cuyo radio es 1.38 veces más mayor que Júpiter. Los científicos "han quedado atónitos" ante la magnitud del planeta, aunque "su masa es tan ligera como un corcho". Resulta que "a pesar de su tamaño colosal, su masa es apenas la mitad de la de Júpiter, tiene una cuarta parte de la densidad del agua". Bakos exclamó: "¡En otras palabras, es más ligero que una bola gigante de corcho! Tal como Saturno, podría flotar en una tina de agua si pudieras encontrar una suficientemente grande para que cupiera". El ligero cuerpo cósmico orbita a una estrella que forma parte de un sistema binario, con 450 años luz de distancia entre ambos soles, en la constelación de Lacerta. Las estrellas son similares a nuestro Sol, aunque ligeramente más jóvenes, unos tres mil 600 millones de años, cuando en la Tierra ya andurriaban los chimpancés Lucy y la niña de Dakikis recientemente descubierta y los dos astros solares apenas se formaban. Nuestro sistema tiene 4 mil 500 millones de años. El planeta es visible desde el Planeta Azul con la simple ayuda de unos binoculares. Las dos estrellas están separadas por una distancia equivalente a mil 500 veces la separación entre la Tierra y el Sol. En el entorno de las fantasías científicas, los astronautas podrían cargar con el inmenso planeta simplemente empujándolo como una pelota de tenis. Y como en estas cosas, reconociendo el interés que existe entre mucha gente que no sólo se abisma en plantones, motines y locuacidades presidenciales y sucesorias, todo suele suceder, hace una semana la sonda Mars Express de la Agencia Espacial Europea, al captar en la zona marciana de Cydonia, nuevas fotografías de la "cara de Marte", una imagen que fue registrada en ese año de 1976, nos ha quitado la ilusión del misterio marciano. Resulta que la cara se volvió célebre al motivar decenas de interpretaciones, entre ellas que se trataba de un rostro construido por civilizaciones extraterrestres como señal de que ahí habían existido, prosperado y entrado en decadencia y finalmente se habían extinguido colapsando. A 30 años del descubrimiento de lo que los creyentes supusieron era el rostro de Cristo, el ingenio mecánico ha establecido que se trata de una montaña algo más alta que el Popocatépetl. Afortunadamente la agencia europea ha descrito la región montañosa como una serie de "pirámides" y esto renueva nuestra fantasía sobre las extintas civilizaciones en otros mundos. Columnas anteriores
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