Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Mona Lisa sí existió, por si alguien lo dudaba

Organización Editorial Mexicana
1 de febrero de 2007

La pintura más famosa del mundo, la más mirada, la más reproducida, es el cuadro de Leonardo Da Vinci, conocida como La Gioconda o Mona Lisa.

El cuadro de pequeñas dimensiones nunca fue entregado a la modelo, que posó para el genio durante 20 años de su vida. Leonardo se lo llevó consigo cuando aceptó la invitación de residir en Francia que le hizo el rey Francisco I. Más adelante, el monarca lo compró a Leonardo en 12 mil francos y luego lo donó al Museo del Louvre con otras pinturas que poseía y, desde entonces, la Mona Lisa es admirada por millones en el "santuario" tecnológico que la protege en la sala especial del célebre museo parisino.

Sólo en una ocasión ha sido robado. El atraco "de lesa humanidad", lo llevó a cabo el 22 de agosto de 1911, el pintor italiano Vicenzo Perrugia. Dos años después del hurto, en diciembre de 1913, fue hallado en Florencia. El artista alegó, cuando fue enjuiciado, que lo había hecho "por patriotismo".

Perrugia purgó una blanda condena en la cárcel, y al poco fue dejado en libertad. Alcoholizado, Perrugia murió en la oscuridad.

Algunos intelectuales y expertos en arte han sostenido que la modelo nunca posó para Leonardo y que el retrato es, en realidad, un autorretrato de Da Vinci y, encima, que Lisa Gherardini, la de la enigmática sonrisa, nunca existió.

Hace un año y un mes, la sonrisa fue analizada para descifrarla tras la aplicación de un programa informático elaborado en la universidades de Amsterdam, en Holanda, e Illinois, en Estados Unidos, concluyéndose que "es la combinación de varios estados de ánimo de la modelo que fue haciéndose más adulta hasta tener 41 años, habiendo comenzado a posar a los 21.

Según lo descifraron, la Mona Lisa "sonríe y tiene miedo y muestra desprecio y enojo".

Más como persistía la especie de que ella no existió, el experto italiano Guiseppe Pallanti, descubrió la tumba donde Lisa fue sepultada, confirmando que sí era de carne y hueso.

Pallanti la encontró en el "registro de los muertos" en lo que fue el convento de Santa Orsola, actualmente un edificio en ruinas en el centro de Florencia.

"Examiné miles de páginas de archivo y estoy convencido de que los restos de la modelo de Leonardo, Lisa Gherardini, fueron sepultados en el convento. Lisa pasó los últimos años de su vida en el monasterio de Santa Orsola, asistida por su hija menor Lucía, que era monja".

Atendiendo a documentos de aquellos tiempos, "en su funeral participó toda la parroquia de San Lorenzo, lo que demuestra la notoriedad pública del personaje", precisa Pallanti en su libro La verdadera identidad de La Gioconda.

Lisa, según esto, falleció el 15 de julio de 1542, a los 63 años de edad, o sea, 23 años después de que Da Vinci había fallecido en el palacio de Cloux, en la margen izquierda del río Loira, en Francia, un 2 de mayo de 1519, "acompañado por su fiel Francesco Melzi".

La biografía conocida de Lisa, desde hace más de 400 años, consigna que era la segunda esposa del comerciante de sedas Francesco Del Giocondo, quien había quedado viudo un año antes de su primera esposa Camilla Rucellai. El mercader era proveedor de sedas de Lorenzo el Magnífico. La muchacha tenía 16 años de edad y el florentino treinta.

Lisa nació el 15 de junio de 1479 en la calle de Maggio, en Florencia. Tuvo cinco hijos de Francesco y, cuando Leonardo iba avanzando en la pintura, ella estaba embarazada de uno de sus engendros.

Esto lo establecieron los expertos que descifraron la sonrisa, destacando que "la posición de sus manos atiende a un estado de gracia". Veremos qué sigue, La Gioconda da para todo.
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