Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Meteorito colmado de organismos descubierto en Canadá

Organización Editorial Mexicana
30 de enero de 2007

El lago Tagish de Canadá forma parte del sistema lacustre de los lagos Eskimo, situados en el Distrito de Inuvik que asoma al Océano Glacial Artico y el Mar de Beaufort y allí, científicos del Centro Espacial Johnson de la Agencia Espacial Norteamericana han encontrado materia orgánica en un meteorito que cayó al citado lago Tagish y que "se formó en los extremos del Sistema Solar".

Que los científicos hayan descubierto el meteorito resulta singular toda vez que "a diferencia de otros hallados en diversas partes del planeta, tiene especial importancia por cuanto se ha mantenido impoluto en las aguas congeladas del lago desde su caída, hace seis años".

A los sabios se les planteó la cuestión al revelarse que ahí había numerosos glóbulos orgánicos huecos porque algunos pensaban que se trataba de material proveniente del espacio y otros sostenían que sólo era material terrestre contaminado.

El problema, según lo señala Keiko Nakamura, uno de los investigadores de la NASA que encabezó el estudio que ha sido publicado en la revista Science, residía en "que no existía una forma de determinar con precisión el origen de ese tipo de material porque era demasiado pequeño, alrededor de unas cinco mil milésimas de centímetro".

Casi nada, pues. Sin embargo, como en las tradicionales películas del Oeste, la Caballería llegó para resolver la cuestión.

En este caso, la Caballería asumió la forma de la hoy de moda ciencia de la nanotecnología, lo más chiquito posible. Y así, en el Centro Espacial Johnson, en Texas, los microscopios electrónicos detectaron los glóbulos orgánicos conteniendo una "inusitada cantidad de isótopos de hidrógeno, lo que demostró que procedían del espacio exterior".

Ante tal nanoevidencia, Scott Messenger, otro de los sabios y coautor del estudio, señala que "La proporción isotópica de los glóbulos demuestra que se formaron a una temperatura de 260 grados centígrados bajo cero. Es posible que hayan surgido de la nube molecular fría que dio origen al Sistema Solar, o en los extremos del Sistema Solar".

Total que los nanobicharraquínes anidaron en un tipo de meteorito enormemente frágil que, al chocar con la atmósfera "posiblemente haya estallado, diseminando su contenido sobre una extensa área".

"Si como sospechamos, señala Mike Zolensky, experto de la NASA en minerales cósmicos, este tipo de meteoritos ha estado cayendo sobre la Tierra durante toda su historia, entonces es posible que el planeta haya quedado sembrado con estos glóbulos orgánicos al mismo tiempo que se formaba aquí la vida".

En suma, que los meteoritos son grandes acarreadores de cosas que tienen millones de años de existencia y tan campantes sin que nada los contamine o degrade.

Estos meteoritos son bienvenidos, como otros miles que cada segundo, hora, día, mes, año, golpean al Planeta Azul.

No lo son aquellos de tamaño gigantesco como el que dio fin a los dinosaurios, y algunos de los cuales, asteroides como Ceres, el mayor que orbita alrededor del Sol, descubierto en 1801, afortunadamente no variarán su andadura para encontrarse con la Tierra y hacerla añicos.

Ante esta eventualidad, como la citada en la península de Yucatán, Víctor Remishevski, director adjunto de la agencia espacial rusa Roscosmos, informa que "la industria rusa es capaz de crear sistemas espaciales de defensa para proteger a la Tierra de los meteoritos".

La Academia de Ciencias de Rusia ha identificado ya cerca de 400 asteroides y más de 30 cometas que "representan una amenaza potencial para la Tierra". El más inquietante es el asteroide 2907 que "podría impactar contra el planeta el 16 de diciembre de 2880".

La cosa buena es que los rusos andan haciendo lo suyo.
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