Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Fibra en la dieta reduce riesgo de cáncer de mama

Organización Editorial Mexicana
29 de enero de 2007

El hombre responde: "Sería aburrido". El hombre es dueño del puesto de periódicos donde cada mañana compro los diarios y las revistas, cigarros e incluso alguna golosina. Cotidianamente conversamos de las cosas que suceden en nuestro país. Ha de tener unos cincuenta años de edad y es un exalcohólico y se ha mantenido sin beber ni una copa desde hace dos años.

Le he preguntado si estaría dispuesto él y su familia, todos los integrantes de ella son obesos, a cambiar su consumo de tortillas de maíz por las de harina de trigo o bolillos.

"Aburren, cansan", comenta. Y ha de tener razón. Al lado de su expendio de publicaciones, que es toda una miscelánea donde vende refrescos, sandwichs, pan dulce y galletas en bolsitas, hay un expendio de tamales, atoles, tortas y pan, y allí, él, incluyendo médicos, enfermeras, paseantes y gente picuda en autos y suburbans, que se apersonan a la hora de llevar a los chicos a la escuela, se abastecen de tamales y atole.

A pesar de los vaivenes en el precio del maíz, la tamalera no ha aumentado el precio de los tamales: cinco pesos cada uno. La tamalera es otra más de quienes distribuyen los productos que les surte un distribuidor. Otro más de los cientos de medianos empresarios dedicados a esta actividad callejera. Buen negocio para ellos y medio de ingreso para miles de personas modestas.

Yo allí compro mi pan y eventualmente tamales. Es cómodo.

Esta es nuestra dieta normal y accesible.

He preguntado a las y los clientes la cantidad de cereales, pasta, fruta, verdura y pan integral que consumen. Fibra, pues.

"Apenitas", contestan. De la fruta dicen que es cara, las verduras "son buenas para las vacas"; la pasta engorda y el pan integral "no sabe".

Ya sabemos dónde se origina la dieta nacional: en los antiguos mexicanos que eran frugales y se alimentaban de poca comida y monótona, tortillas, atole, tamales, frijoles, amaranto, chía, plantas silvestres, insectos y batracios. Esto la mayoría.

Cambiar nuestra dieta es sencillamente imposible, lo que sí es recomendable, atendiendo a la investigación que han llevado a cabo científicos del Reino Unido, es que las mujeres entre los 35 y 69 años que consumen 30 gramos de fibra al día reducen a la mitad el riesgo de padecer cáncer de mama, comparado con aquellas que sólo comen 20 gramos.

Según el estudio que llevó a cabo el Centro de Epidemiología de la Universidad inglesa de Leeds, "las mujeres pre-menopáusicas cuyas dietas tienen un alto contenido de fibra pueden reducir significativamente las posibilidades de contraer cáncer de mama".

Los expertos siguieron de cerca los hábitos de alimentación de 35 mil mujeres durante un periodo de siete años. Al comenzar el estudio las mujeres tenían entre 35 y 69 años. Unas 16 mil eran pre-menopáusicas, mientras que el resto ya había entrado en ese ciclo.

De las primeras, 257 desarrollaron la enfermedad durante el estudio, encontrándose que tenían una dieta rica en proteínas con menor consumo de fibra y vitamina C, en comparación con las que no desarrollaron el mal. No obstante, el efecto no fue comprobado en el grupo de pre, de las 350 que desarrollaron la dolencia.

Esto puede ser porque la fibra afecta la forma en que el cuerpo procesa y regula el estrógeno. Los niveles de estrógeno son mayores en las mujeres pre.

El efecto protector de la fibra se comprobó en las más jóvenes.

Ya se sabe que la fibra a ayuda a reducir el riesgo de cáncer de colón y, así el estudio, la fibra también protege a las mujeres jóvenes del cáncer de mama. En lo dicho: a comer fibra, apenas treinta gramos diarios.
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