Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Biólogo unamunesco descubre nueva leguminosa

Organización Editorial Mexicana
27 de enero de 2007

El primer museo de historia natural en México, establecido mucho antes que los europeos, fue el zoológico de Moctezuma y sus jardines botánicos, lugares donde se prestaba un servicio social a la comunidad. Los avances en biología se manifiestan en el conocimiento que tenían los antiguos mexicanos de diversos parásitos del hombre y en los códices hay representaciones de animales y vegetales, tanto en los aztecas como en los mayas.

El primer jardín botánico durante la Colonia, lo fundó en 1787 Martín Sessé, quien encabezaba la Real Expedición Botánica en México.

Un año después, el botánico español Vicente de Cervantes, cofundador del citado jardín, inició la enseñanza de la botánica en la Universidad de México y trabajó en la formación de la Flora Mexicana, para la cual hizo más de dos mil descripciones de nuevos géneros y especies.

El 26 de mayo de 1910 se promulgó la ley constitutiva de la Universidad Nacional, que reunió las escuelas profesionales que ya existían en la ciudad, con la Escuela Nacional Preparatoria, siendo autor de esta obra educativa el maestro Justo Sierra, entonces ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Un mes después se creó la Escuela Nacional de Altos Estudios donde, entre otras cátedras, para impartir la de botánica, se contrató a Carl Reich, quien enseñó la materia ante 33 estudiantes inscritos. Asimismo dictó conferencias sobre teoría de la evolución orgánica e impartió cursos de biología general y clasificación botánica.

Desde esas fechas, a la actualidad, todavía no se ha completado la historia de la biología en nuestro país, que aguarda su hora impostergable.

Así los antecedentes, en estas calendas, Mario Sousa, investigador del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha dado a conocer su descubrimiento de un nuevo género de leguminosa endémico de México, al que ha denominado "Heteroflorum", "porque posee plantas masculinas y femeninas, hecho botánico poco común".

Sousa explica: "Son árboles que alcanzan hasta 15 metros de altura, cuyo sexo se separa por reducción, pues aunque las flores poseen todas sus partes, en las femeninas los estambres son estériles y en las masculinas, el gineceo".

No es una hierba "que se pisa" sin darse cuenta, sino árboles grandes: "Eso apunta a que en la flora nacional aún existen muchas especies desconocidas, por lo que se requiere más exploración y conocimiento de las mismas", comenta el sabio.

El hallazgo lo hizo Sousa, primero en la cuenca baja del Río Balsas, en la conocida como Tierra Caliente de Michoacán. Luego la encontró en la costa de Guerrero y, más recientemente, en las costas de Oaxaca, cerca de Huatulco.

Heteroflorum, dado a conocer en Novon: A Journal for Botanical Nomenclature, es conocido vulgarmente con los nombres de "ojo de venado", "frijolillo", "teyapo", "vainilla" y "maravillón del cerro".

Sousa señala que "Aún se desconoce su importancia comercial, así como su edad o tiempo en que alcanzan su máxima altura, debido a que estos árboles no producen anillos de crecimiento".

El sabio, como es ya habitual, o sea igualmente endémico como la leguminosa, lamenta la falta de especialistas en el área de su sabiduría: "Nuestra flora es grande y nosotros pocos. En Europa central hay alrededor de dos mil 500 especies de plantas y una cantidad similar de botánicos; aquí llegamos a 300 expertos y la flora tiene alrededor de 21 mil especies".

A Sousa le asiste la razón al dimensionar la cosa, aunque ya sabemos que aquí, ciencia y tecnología son asunto de pocos. Y así vamos a seguirle, dígase lo que se diga, se destinen o no robustos presupuestos a la educación, la investigación y a las ciencias. Es.
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