Sociedad
Hacienda de Peotillos, testigo de la Revolucinón
La enorme casona impone, con sus columnas, techos, gruesos muros, vigas, y puertas de madera original. Foto: El Sol de San Luis.
El insurgente Fransisco Javier Mina libró una batalla en sus alrededores
El Sol de San Luis
29 de enero de 2010

Redacción / El Sol de San Luis

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- De viaje por los alrededores de la capital potosina y aprovechando que el frío nos dejó descansar unos días, el pasado domingo viajamos a descubrir una pequeña parte de nuestra historia y nuestro rico pasado social. Nuestro destino, una de las haciendas que más llaman la atención por lo singular de su historia es la de Peotillos, y que se encuentra en el municipio de Villa Hidalgo a poco más de 55 Kms. de la Ciudad de San Luis Potosí rumbo a la carretera a Matehuala.

Esta hacienda, fue una de las más importantes del estado, tanto por su economía como su extensión territorial, pues llegó a tener 193,000 hectáreas cuando estaba en posesión de la orden Carmelita en el siglo XVIII. Dos ilustres visitantes estuvieron aquí: Uno de ellos el insurgente Francisco Javier Mina quien libró una batalla en los alrededores de la hacienda el 17 de Junio de 1917, derrotando al realista Armiñán.

El otro, el mariscal francés Bazaine, quien estableció su cuartel general en 1866, en plena Intervención Francesa.

En la actualidad la Hacienda se conserva en buen estado y es sin duda una de las mejor conservadas, aún se puede apreciar el rico colorido y pintado a mano de sus ricas paredes en sus cuatro amplios corredores frente al patio central que conforma la construcción de la casa principal, en la que sobresale por encima un torreón con un mirador que permite observar todo el valle que le circunda. Asimismo, es posible apreciar lo que suponemos fueron las casas de los antiguos frailes carmelitas, orden religiosa bajo la cual se dieron los trabajos de construcción de esta magnífica hacienda.

También hay algunas ruinas de lo que suponemos fue la fábrica de mezcal y algunas trojes, los abundantes árboles de naranja y sus hermosos azahares, y ni qué decir de las enormes puertas de madera que guardan secretos en cada una de las más de veinte habitaciones que se conservan en buen estado.

Lástima que ahí no pudimos acceder, porque seguramente encontraríamos aún muchas cosas interesantes, aparte de las fotografías que alcanzamos a ver por una pequeña rendija, quizá también existan otros objetos históricos.

Debemos agradecer eso sí la buena disposición del encargado del lugar al permitirnos el paso, eso sí sólo a la parte central y sus corredores, nada de andar viendo cosas que no están ¿permitidas? Y entendemos en parte esto porque la finca es ahora propiedad privada.

De verdad nos quedamos con las ganas de saber más acerca de esta fabulosa hacienda, emblemática también porque se cuenta que en la época revolucionaria, desempeño un papel muy importante para la historia potosina.

Por lo pronto aquí les dejamos unas fotos para su deleite.