Opinión / Columna
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L. E. Mauricio Ramírez B.
Entorno Empresarial
El Sol de San Luis
13 de noviembre de 2009
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* Efecto negativo del desempleo
San Luis Potosí, San Luis Potosí.- En México cerca de 60 por ciento de la población vive en la pobreza, resultado del desempleo y el subempleo. Hoy las elites dirigentes ya no están tan unánimemente convencidas de las bondades omnipresentes del mercado.
Existe una gran preocupación por el creciente nivel de desempleo abierto y de ocupación informal en el país. El mundo laboral ha cambiado mucho. Las reglas de juego de ayer no sirven para conseguir trabajo ni para mantenerlo.
El trabajo se ha vuelto una aventura, y a medida que los mercados se hacen más pequeños las empresas exigen más cada día, si se está pronto en la cima el siguiente paso para el profesional es la calle, dicha situación es hoy día muy común en México y en nuestro estado.
Lo anterior es un reflejo de un magro, endeble y fluctuante crecimiento de la economía en los últimos años, así como de un déficit de aplicación de las políticas públicas, y es que con el nuevo paquete de medidas se entiende que la economía no mejorará si sacamos a la gente del mercado de trabajo.
¿Cómo se comprende una economía de consumo que funciona cuando los trabajadores están fuera del mercado de trabajo?
En este momento los indicadores de pobreza están creciendo, la proporción de personas necesitadas de asistencia aumenta, y buen número de jóvenes cae en el abismo del desempleo.
El por qué de este desempleo rampante no es visto como una crisis y no se considera con la urgencia y el compromiso que se requiere, va más allá de mi entendimiento. La administración ha comprometido un gran monto de dinero proveniente del paquete de medidas, o mejor dicho mayores impuestos, para evitar que la economía se colapse por completo, pero esto no es suficiente para enfrentarse a la crisis del desempleo.
Todo esto no es una buena receta para una fuerte recuperación económica una vez que la recesión termine oficialmente, o para una sociedad estable. Los jóvenes, especialmente, se frustran a una edad cuando están pensando en casarse, adquirir una vivienda y formar una familia. Además, los hábitos de trabajo y experiencia adquirida en la veintena a menudo establecen las bases para futuras décadas de expectativas de trabajo y salario.
Tres cuartos de los trabajadores de muchas empresas fueron permanentemente excluidos, en contraste con el paro temporal. No volverán a sus trabajos cuando las condiciones económicas mejoren. Y muchos de los excluidos lo fueron en sectores como la construcción y manufactura, en los cuales las posibilidades de encontrar trabajo, incluso después de la recuperación, no son buenas.
La economía no puede restablecerse con cimientos firmes sin esfuerzos significativos para hacer que la gente se reincorpore al mercado de trabajo.
Asimismo debemos considerar el sufrimiento causado por semejantes niveles de desempleo, incluyendo el profundo efecto negativo que tiene el desempleo en las familias.
Una de las descripciones repetitivas los próximos años versarán sobre el enorme número de mexicanos expulsados del mercado de trabajo en esta recesión, y se mantienen incapaces de encontrar un empleo digno una vez que la recesión pase.
Así como existen generaciones que han sorteado innumerables crisis, y se les ha llamado la generación de las crisis, así ahora habrá la generación del desempleo en que los niños están bajo estrés porque no hay ingresos familiares, o las personas deben mudarse más, o necesitan del pluriempleo, o pierden su seguro de salud.
Creo que es algo que dejará una cicatriz permanente en toda esta generación de jóvenes y niños.
El primer paso para abordar la crisis es reconocer que existe. No se trata de un problema que se evaporará cuando el Producto Interior Bruto finalmente comience poco a poco a crecer.
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