Opinión / Columna
 
Mariana Salcido 
Filosofía Negra
El Sol de San Luis
8 de noviembre de 2009

  * La mayor debilidad

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- En algún lugar del basurero que conjunta una humanidad debe converger con un humano, otro. Debe haber una debilidad común, como el hambre, como los instintos.

De miles de tipos que puedo hurgar se me ocurre que todo se derrumba ante la definitiva muerte, en tanto, la mayor debilidad es haber nacido, más existiría entonces un modo de vencer a la muerte como se vencen tantas debilidades, o se intenta.

La debilidad mayor es no poder controlar el mundo interno, la incapacidad de fundirse uno con todo y olvidarse de la existencia propia para fluir con la nube, el árbol, el vecino, el pasado, los kilómetros. De poder hacerse la vida tampoco tendría sentido, tanto sufrir y tanto ditirambo para terminar en la nulidad del todo que es, por lo tanto, la nada. Pero sí vengo diciendo que la vida no tiene sentido, sí, pero ando en el sendero del puede ser, mediocremente sentado en la banqueta a la espera de una probabilidad que encienda la fe.

La debilidad mayor es la soberbia, creencia de que no pertenezco a este mundo, de que soy especial, único; la necedad de pasar la vida encerrado sin conceder la mano a otro, la sonrisa, el consuelo. El pecado más grande es la soberbia que permite que me sienta humillado al eliminar el orgullo; nadie puede humillarme, la certeza de que el mundo habla de mí cuando no sabe que existo, y además, la debilidad mayor es creer que no existo y tratar desesperada y lastimeramente de hacer ver a los demás que sí, con gritos, aspavientos, ridículos, aventones, exposición voluptuosa de mis patológicos sentimientos.

La debilidad mayor es permitir que los sentimientos se apropien de mi ser y derramar lágrimas sobre todos los tiempos, el sentimiento de eternidad y jugar a que la vida es suficientemente importante y grande como para que no termine al morir; creer que iré al cielo es la mayor debilidad. Sentir compasión por quienes son notablemente diferentes, volver mi espíritu guerrero débil por la opinión de unas viejas gordas acomplejadas que se ocultan tras su camioneta y su marido, por la opinión de los maridos que no aceptan que ya no tienen treinta, que imposibilitados por los complejos juntos todos tratan de seducir a las jovencitas, por la opinión de amigos que no tengo. La debilidad mayor es dejar que el mendigo me convenza de que me necesita, y estoy tan necesitado que atraviesa mi papel.

La mayor debilidad es dejar los más caros sueños por la comodidad de una propuesta facilitera y unos billetes, por lo tangible, por media hora de placer, o peor, por media hora de ego. Entonces cavo al centro de la frustración donde no queda más remedio que estar vivo, como fue una vez; comprendo la vida distinta de las normas que convienen a todos, menos a mí, y la mayor debilidad es permitirles entrar en mi mundo por carencia de valor, por autoestima trunca, por indeseado, por el gran daño que se me ha propinado y que he cultivado.

La mayor debilidad es no responder lo justo a tiempo, no decir que no te amo, no deshacer lo que me arrepiente; la comparación es la lepra, pero la lástima, la compasión de mí mismo es la mayor debilidad.

magia.salcido@gmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas