Opinión / Columna
 
Jesús Vázquez Leos 
Grito de Libertad 8
El Sol de San Luis
4 de noviembre de 2009

  * Educación con grilletes

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Un libro abierto es luz.

Y mientras Humbodt recorría el territorio de la Nueva España y nos daba quizá los primeros datos censales llegando a "contar" en San Luis Potosí y sus alrededores la cifra de "334,900" habitantes, la metrópoli entregaba el virreinato a José de Iturrigaray, que casi casi constituyó el penúltimo mandato español en tierras del Anahuac; personaje fruto de las reformas borbónicas cuya cauda llegaría hasta los claustros religiosos, obligándolos a acatar las disposiciones reales pero dejando a un lado la herencia de los jesuitas.

Para 1778 Hidalgo ya está en el estrato del doctorado y su línea de combate reformadora inserta en su teoría del "Método". Para estudiar Teología escolástica plasmó y provocó el distanciamiento entre el alto clero peninsular y el del criollismo novo hispano. Por lógica, aquello de que un "curita" de casi rancho sobrepasara a "los doctores y grandes teólogos", como que no era de la medida papal, provocando con ello que la inquisición lo tuviera en la mira pues Tomás Payne y su texto "El Sentido Común" rondaba las palabras del "doctor" en el púlpito.

Son los años iniciales del siglo XVIII, han pasado ya por el gobierno de la Nueva España Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla (Conde de Revillagigedo), Miguel de la Grúa Talamanca (marqués de Branciforte), Miguel José de Azanza, Félix Berenguer de Marquina, José de Iturrigaray, Pedro Garibay y Francisco Javier Lizana y Baumont; este último por cierto ratifica la sentencia de excomunión contra Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte.

Sigamos en los claustros del recinto nicolaita de la vieja Valladolid. Las letanías son muy largas y los sermones llevan la clásica palabrería de un evangelismo atávico y ortodoxo que al nueva rector le fastidia, le exaspera, lo enmohece. Renueva la enseñanza quitando todo ancestralismo, embuye sus lecciones con la mezcla de las doctrinas humanísticas de los siglos XVI y XVII reviviendo las estampas de las colonizaciones en la Nueva España bajo la toga con Pedro de Gante, Alonso de la Veracruz, Juan de Zumárraga, Motolinia y Vasco de Quiroga, aunque a las alturas del tiempo y del espacio histórico los cambios europeos "en lo político y lo religioso", provocaron las transformaciones educativas.

¿Por qué desde aquellos ayeres tenemos que esperar que Europa cambie para cambiar nosotros? Seguimos atados, pues, intelectualmente.

Pero sigamos la línea del tiempo y en ese paralelismo entre lo político y lo religiosos demos conocimiento liberal a la mano de aquellos que sí fueron promotores de la cultura y que abrigaron a los indios, criollos y demás castas bajo la enseñanza. Más de 50 centros de educación ubicaron al aprendizaje mezclado entre lo catequístico bíblico de un deísmo-cristiano a ultranza y una herencia indígena no igualada, sobre todo en la construcción, la astronomía, la medicina y las matemáticas. Dentro de esos planteles novohispanos se encontraba el colegio de San Nicolás.

Pese a toda innovación educativa comenzada con la vieja gramática de Nebrija o con los datos de Vives y todos los "demás santos educativos" de las centurias del 600 al 800, las escuelas siguieron cultivando el conocimiento dirigiéndolo a las clases sociales por separado; las reglas religiosas impusieron sus criterios y solamente se enseñaba "lo que la iglesia permitía" y que aherrojaba en gran parte lo científico, dejándolo al arbitro temerosos de los que se atrevían a enseñarlo. En San Luis Potosí las escuelas primarias municipales se crearon para niñas indígenas, pero solamente escogidas por el clero (1794-1800).

La historia de la independencia de México comenzó con las rebeldías escolares de aquellos que en los colegios de frailes fueron enseñados mezclando lo religiosos y lo profano, y llevando la práctica hacia el levantamiento de las enormes construcciones virreinales en las cuales se marcó con sangre lo que el indio y las castas recibían. Así forjó el cura la libertad.
 
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