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San Luis Potosí
Del Moisés al cajón
San Luis Potosí mostró en los días de muertos que sigue siendo unido en las tradiciones, multitudinaria afluencia de visitantes se vio en los panteones. Foto: El Sol de San Luis.
Música de cuna, y Amor Eterno, de Juanga
El Sol de San Luis
3 de noviembre de 2009
Felipe Cárdenas Quibrera
San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Entre los acordes de las guitarras y las tamboras, entre sollozos y la gritería de los niños, millares de personas se dieron cita ayer en los diversos panteones de la ciudad y de Soledad para visitar a sus difuntos. Es el tradicional dos de noviembre, el Día de Muertos en San Luis Potosí. El cementerio del Saucito lució abarrotado. Niños y ancianos, mujeres y hombres, ricos y pobres, todos en una misma escena acompañando a sus muertos, en el recuerdo de los seres queridos que ya partieron, agolpando en su mente los rostros ausentes y las vivencias de antaño. Llanto y risa, soledad y comunión, fiesta y retiro, gritos y silencio, se conjuntan en el tradicional panteón entre deudos, floristas, ambulantes, aguadores, barredores de tumbas, policías, en fin... vivos y muertos. Cuando se llega al cementerio el surrealismo se hace presente porque el colorido de las flores contrasta con el tamiz fúnebre del cementerio que guarda el dolor y el sufrimiento de millares de familias. ¡Tú eres la tristeza ay de mis ojos, que lloran en silencio por tu amor, me miro en el espejo y veo en mi rostro, el tiempo que he sufrido por tu adiós! Es la canción de Amor Eterno que interpreta un mariachi junto a la tumba de una señora, doña Josefina, quien falleció hace cinco años, pero cada dos de noviembre su esposo Alberto Torres, con lágrimas y un dolor inimaginable le trae serenata. "Ella me dio seis hijos, es el amor de mi vida, y le hice la promesa de venir cada año a su tumba hasta que Dios me recoja para volver a reunirme con ella", narra con ojos enrojecidos por el llanto mientras recibe los abrazos de consuelo de hijos y nietos. Como la historia de amor de don Beto, el cementerio del Saucito alberga muchas otras de gran emotividad. Tríos, tamboras y solistas interpretan melodías a los difuntos. El cuadro es desgarrador. El amarillo fuerte de las flores de cempasúchil adorna las tumbas y mausoleos en armoniosa combinación con rosas, claveles, margaritas y las manitas de león. Las flores nos llevan a leer los epitafios: "Esta aquí tu alma con Dios, pero tú vivirás siempre en nuestros corazones" "Tu madre, hermanos, hermanas e hijos te dedican este recuerdo en tu memoria". "Moriste para el mundo, pero vivirás siempre en el corazón de tu madre". "Madre, pasaste por este mundo sufriendo todo con resignación, tus virtudes y abnegación hicieron nacer para ti nuestro amor profundo. Esta tumba guarda tu cuerpo, Dios guarda tu alma y tus hijos y nietos cobijan tu recuerdo". En las afueras del cementerio se pierde el sentimentalismo e impera el materialismo con los cerca de 1,000 comerciantes ambulantes que se instalaron. Desde las tradicionales flores de cempasúchil hasta discos piratas se ofrecen en la avenida Fray Diego de la Magdalena convertida en inmenso tianguis. No pueden faltar las típicas gorditas, las tradicionales tostadas de nopal con frijoles, sin olvidar los antojitos mexicanos como los taquitos rojos, las quesadillas y las flautas. La crisis jugó un papel importante este año, porque las ventas --a decir de los comerciantes-- no fueron las mismas de antes. El ramo de cempasúchil se vendió hasta en 10 pesos, cinco menos que el año pasado, "los que antes nos compraban arreglos hoy vinieron por dos ramitos", reveló la señora Julia Martínez, quien lamentó las bajas ventas; "es que también hubo mucha flor". Entre los acordes de las guitarras y las tamboras, entre los sollozos y la gritería de los niños, millares de personas visitaron ayer a sus difuntos. Es el tradicional dos de noviembre, el Día de Muertos en San Luis Potosí. Y como dijo Octavio Paz: "Para las personas de otras culturas la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de otros; pero al menos no se esconde, ni la esconde; la contempla cara a cara". |
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