Opinión / Columna
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Mariana Salcido
Filosofía Negra
El Sol de San Luis
1 de noviembre de 2009
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Metamorfosis
Imaginé entonces que llegando a casa me hundiría en la bañera entre pétalos de rosas rojas y leche, como en sangre, fundiendo así y de simple mi piel con el interior visceral; cerrar los ojos y dejar que el tónico me bebiera fundir la imagen del espejo con los sentimientos mezclándose tras los párpados. No ser Uno sino todo, pues mi sangre es la misma sangre de mis hijos y de las generaciones atrás, es la misma de las guerras, los Cristos y las menstruaciones de los mutilados, la que corre y la que deja de correr; la leche de los crisantemos, la savia, el semen de la transformación, el queso es al fin mi sangre.
Seguía tratando de pensar pero no podía detener los sentimientos, el intelecto dormido mientras en punta de pies nos arrastrábamos limpiando la casa de toda pesadumbre, sin mayor rito ni música, no debemos despertar al pensamiento ahora, ahora creo que deberé dormir también el cuerpo, sólo es cuestión de resolver dónde. Cuando la unidad me abraza no tiene importancia, me acurruqué en el mismo lugar adosado a la autopista, los autos seseaban un arrullo sutil, como si por un minuto el mundo me acogiera.
El olor intermitente de las piedrecillas y las raíces de pirul que despide mi actual escondite se me antoja a descompuesto, me asalta la duda, despierta el pensamiento, tal vez debajo de una rama o por los cactus puedo descubrir el cuerpo arrojado desde el puente, Quién puede ser... La cordura y la sinceridad la cordura de miles, la sinceridad de todos en un panteón urbano, una morgue sin etiquetas de propiedad y nadie con deseo de reconocerlos. Este hedor de Esencia podrida, he descubierto el crimen primigenio; por la noche, durante muchas noches han matado lo auténtico y por descuido me recargo en una mano morada, los ángeles carroñeros circundan el lugar. La mano invita a esconderse en las profundidades de la tierra, al vientre de vuelta que es al fin sangre.
Se vacían, ellos se vacían; por ello deduzco que las piedrecillas son también rojas.
Tengo que ir a casa a recordar aniversarios del mismo día de hoy. Jamás podría ponderar la fortaleza de un impacto entre la vida y la muerte. Las dos me han dado tanto... La vida me ha otorgado el miedo a conocer a la otra y la muerte la esperanza de que la primera termine.
El recuerdo futuro de la bañera ardiendo en rojo me anima el paso y decido cambiar las piedras por las flores.
magia.salcido@gmail.com
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