Opinión / Columna
 
Mariana Salcido 
Filosofía Negra
El Sol de San Luis
18 de octubre de 2009

  * Fotografía

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Quedan tan pocos cuerdos que es inútil que se sigan esforzando en lanzar piedras, recorriendo el proceso involutivo de la propia alma: El salón de los espejos. Soy pusilánime, un cobarde, en secreto lo sé, no como un presentimiento: Con absoluta certeza.

A veces creo que todos saben la porquería que guardo dentro, la gente a quien he lastimado, las muertes que he deseado, las desgracias que he provocado, la humillación que he propinado, las mujeres a las que he destrozado... Entonces corro de mi mismo: ¡Por piedad, no me ignoren! ¿No ven que me quiero tan poco? O no ven que ustedes son peores que yo, es más, yo, a su lado, no he hecho nada, yo les doy a los pobres 10 centavos, redondeo; yo tengo la sublime capacidad de huir de la porquería que he hecho de mi vida.

Lo que pasa es que hay que reconocer que de que la vida se ensaña no hay quién la pare, y además Dios nunca me ha querido, es más, ni existe; todo lo que yo haya hecho no puede ser malo puesto que fue sólo la consecuencia de que mi papá era muy malo cuando yo era niño, no me daba mi domingo. La única esperanza de salvación es enfrentarse consigo mismo, dejar de buscar las respuestas afuera.

Existe una verdad rígida e inmutable que viaja con el cuerpo a donde nadie me ve. Soy tan poco, tan nada que necesito pisotear a los demás para reconocer que estoy vivo. No hay mejor defensa que el ataque. Ignoro antes de que me ignoren, traiciono antes, pago por ver las cartas... Se acerca la jarra al tope, las sombras asedian mis tranquilas noches conciliadas con medicamentos y alcohol. ¿Quién es ese extraño en el espejo? Mirada sucia, lágrimas ausentes del corazón de piedra que he clavado en mi pecho hueco. Me quieren atacar, saben todo de mí, pero si son ellos la porquería, yo no, yo tengo dinero, yo los invito... Yo estoy solo. Lo que pasa es que soy un genio incomprendido por esta sociedad imbécil, además, ¿qué les importa? Es mi problema... Quisiera no estar más aquí.

¿Por qué me sonríe esa vieja loca? Seguro quiere conmigo, claro, soy tan guapo y bueno, está el factor de lo fáciles que son todas las mujeres, ¿Qué le da a la gente de sonreír a los desconocidos?... Están locos.

Esta realidad oscura no me gusta. ¡Oh, pero qué han hecho de mi vida! Si yo no soy más que una linda persona. Pero me ha mejorado el día enterarme que al imbécil ese del trabajo, el que se cree mucho porque le habla a todo el mundo, le pusieron el cuerno. Me parece perfecto, no se merecía menos el tarado, aquí el infiel soy yo, la pobre vieja seguro estaba harta de tantas mocherías, si ella estuviera conmigo, ¡ja! Ni a la esquina, así como deben estar las mujeres, en su casa y calladitas. No cabe duda de que soy un buen partido; sólo eso me faltaba que ahora venga ésta a decirme que cambie, ¿qué cambie? Afortunada debería de sentirse.

¿Qué no piensa que con ese cuerpo nadie la va a querer? De plano... total, si quiere que se largue, viejas hay a la vuelta de la esquina, a mí, si no me quieren me quiero yo solo. Ególatra sí soy, pero si es imposible no serlo con tan fantástica personalidad que tengo. ¡Y que siga sufriendo! Más vale solo que mal acompañado, primero me muero de hambre que pedir prestado.

magia.salcido@gmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas