Opinión / Columna
 
María Luisa Olivo 
Sueños y fantasías en el tren de la vida
El Sol de San Luis
18 de octubre de 2009

  San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Este domingo recibimos una "Hoja Suelta", en este otoño en que los árboles sueltan sus hojas y éstas cómo vuelan, caminan y viajan.

Por ello éste día viajaremos en "El tren", una vivencia que sin duda alguna debemos tener presente.

Un día leí un libro que comparaba la vida con un viaje en tren. Una comparación extremadamente interesante cuando es bien interpretada.

Interesante, porque nuestra vida es como un viaje en tren, llena de embarques y desembarques, de pequeños accidentes en el camino, de sorpresas agradables, con algunas subidas y bajadas.

Cuando nacemos y subimos al tren encontramos dos personas queridas que nos harán conocer el viaje hasta el fin: nuestros padres. Lamentablemente ellos en alguna estación se bajarán para no volver a subir más.

Quedaremos huérfanos de su cariño, protección y afecto. Pero a pesar de esto nuestro viaje deberá continuar; conoceremos otras personas interesantes durante la larga travesía, entre ellos nuestros hermanos, amigos y amores.

Muchos sólo realizarán un corto paseo, otros estarán siempre a nuestro lado compartiendo alegrías y tristezas.

En el tren también viajarán personas que andarán de vagón en vagón para ayudar a quien lo necesite. Muchos se bajarán y dejarán recuerdos imborrables. Otros, en cambio, viajarán ocupando asientos sin que nadie perciba que están allí.

Es curioso ver cómo algunos pasajeros a los que queremos deciden sentarse alejados de nosotros, en otros vagones. Eso nos obliga a hacer el viaje separados. Pero eso no nos impedirá, aunque tal vez con alguna dificultad, acercárnosles.

Lo difícil es aceptar que a pesar de estar cerca no podremos sentarnos juntos, pues muchas veces otras personas los acompañan.

Este viaje es así, lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, llegadas y partidas.

Sabemos que este tren sólo realiza un viaje, el de ida.

Tratemos, entonces, de viajar lo mejor posible, intentando mantener una buena relación con todos los pasajeros, procurando lo mejor de cada uno de ellos, recordando siempre que en algún momento del viaje, alguien puede perder sus fuerzas. Y eso lo deberemos entender.

A nosotros también nos ocurrirá lo mismo, seguramente alguien nos entenderá y ayudará.

El gran misterio de este viaje es que no sabemos en cuál estación nos tocará descender.

Pienso: Cuando tenga que bajarme del tren ¿sentiré añoranzas? Mi respuesta es SI. Dejar a mis hijos viajando solos será muy triste. Separarme de los amores de mi vida será doloroso. Pero tengo la esperanza de que en algún momento nos volveremos a encontrar en la estación principal y tendré la emoción de verlos llegar con mucha más experiencia de la que tenían cuando se inició el viaje.

Seré feliz al pensar que en algo pude colaborar para que ellos hayan crecido como buenas personas.

Ahora, en este momento, el tren disminuye la velocidad para que suban y bajen viajeros.

Mi emoción aumenta a medida que el tren va parando... ¿quién subirá? ¿Quién será?

Me gustaría que TU pensases que el desembarcar del tren no es sólo una representación de la muerte o el término de una historia que dos personas construyeron y que por motivos íntimos dejaron desmoronar.

Estoy feliz de ver cómo ciertas personas, como nosotros, tienen la capacidad de reconstruir para volver a empezar, eso es señal de lucha y garra, y saber vivir es poder obtener lo mejor de todos los pasajeros.

Agradezco a DIOS porque realizamos este viaje, y a pesar de que a veces nuestros asientos no estén juntos, con seguridad el vagón en el que vamos y el maquinista son los mismos.

A ti, que estás leyendo, te dejo un abrazo enorme, que tengas un gran día, y gracias por acompañarme en este viaje.

¡Feliz domingo!
 
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