Opinión / Columna
 
Ramón Duron Ruiz 
El filósofo de Güémez
El Sol de San Luis
13 de octubre de 2009

  * ¡Ahora soy líder sindical!

San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Un amable lector me solicita que escriba completo el cuento que comento en mi anterior entrega, historia que en el colectivo social de mi tierra ha ido de boca en boca. Hoy lo parafraseo para usted:

"Resulta que un hacendado venido a menos se dirigía al pueblo, la crisis económica le había golpeado a tal grado que había caído en la necesidad de vender todos sus bienes.

"Sólo le quedaba una burra mal amansada, y por si fuese poco, mañosa y arisca, por lo que tomó la decisión de venderla. Para tal caso la "maició" muy bien durante dos semanas, la bañó y cepilló a efecto de mostrar su mejor cara. Este hacendado se dirigía al pueblo montado en su burra cuando en el camino el animal se espanta al salir frente a ella, presuroso, un correcaminos. Fue tanto el susto que tiró un reparo tan fenomenal que el viejo hacendado cayó de nalgas entre unas nopaleras; éste, vociferando palabras altisonantes y tirando fuertes pujidos, se levantó y al mismo tiempo que se sacaba las espinas de las asentaderas echó una mirada alrededor pa' ver si alguien había visto tan tremenda caída, y dirigiendo su vista a la burra sentenció:

"--¡Hija de la tiznada... y tener que hablar bien de ti!".

Creo que guardadas las debidas proporciones lo mismo le sucede al PRD, "y tener que hablar bien" de Martín Esparza, líder del Sindicato Mexicano de Electricistas. El PRD no sólo tiene que hablar bien de él, sino también apoyarlo en sus demandas --las irregularidades cometidas en el proceso eleccionario en otro sindicato sería la mancha de la democracia, pero en éste, que es su aliado, es una intromisión del gobierno federal--.

Luz y Fuerza del Centro es un organismo que, gracias al sindicato, con sus corruptelas y prebendas saquea en plena crisis económica el erario federal, es decir, los impuestos que usted y yo pagamos; empresa subsidiada con más de 40,000 millones de pesos al año, mucho más de lo que se recaudaría con el 2.0 por ciento del nuevo "impuesto para la pobreza".

Cuánto daño ha hecho a la nación, por una parte, el viejo "charrismo" sindical nacido en el gobierno de Miguel Alemán en 1948, con Jesús Díaz de León, y por otra parte, líderes sindicales como Napoleón Gómez Urrutia, o los líderes del SME que frenan el avance de la modernización productiva que los nuevos tiempos exigen y que el país requiere para insertarnos con éxito en la competitividad.

El espíritu del Constituyente de 1917 fue resguardar los derechos fundamentales de los trabajadores, no las prerrogativas y prebendas para los líderes. Me pregunto: ¿estos líderes del SME habrán leído alguna vez o por lo menos escuchado, que el Artículo 123 se escribió en nuestra Carta Magna a base de sangre de miles de hombres que fueron a la Revolución y murieron en ella en busca de las reivindicaciones sociales y laborales? Revolucionarios que si revivieran ¡los pasarían por las armas!

Hay un viejo chiste que aplico a este caso. "Resulta que en Güémez un ganadero tenía el mejor toro semental de la región de donde salían excelentes crías, era rápido y no perdonaba a ninguna vaca que se le acercara, y además, no se cansaba de montar".

"Atraídos por su fama los del SME lograron, en la revisión del contrato colectivo, que una de sus conquistas fuese que la empresa les comprara un rancho para descansar del agobio producido por la 'eficiencia laboral', y aplicar a sus agremiados la 'ganadoterapia'; decidieron comprar el toro, por cierto a muy alto costo al ganadero de Güémez, y honoríficamente lo nombraron 'Líder Sindical Vacuno'".

"El día que inauguraban los servicios del afamado toro invitaron a los ganaderos de la región para que llevaran sus vacas y que el toro las preñara. Le pusieron la primera, y nada. 'Ha de ser la vaca corriente -dijeron--'. Le trajeron una vaca holandesa; el toro la olfateó, y ¡nada! Pasaron frente al toro cientos de vaquillas y este ni se inmutó.

"Molestos, los líderes sindicales llamaron a quien se las había vendido increpándolo para solucionar el problema. El ganadero de Güémez, apenado, se acercó al toro hablándole al oído:

--"¿Pos qué sucede, Toribio?, ¿por qué no quieres trabajar?

El semental lo miró afectuosamente, y desperezándose le dijo:

--"No la 'ingues, ¡ahora soy líder sindical!".

filosofo2006@prodigy.net.mx
 
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