Opinión / Columna
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Mariana Salcido
Filosofía Negra
El Sol de San Luis
11 de octubre de 2009
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* Naturaleza Muerta
San Luis Potosí, San Luis Potosí.- El hombre, que adora los vicios, fuma para adentro los sinsabores de la experiencia, y el humo envuelve la magia, el humo medio le aconseja a la esencia que se calme, que es mejor ser tranquilo y no dar un paso sin antes asegurarse del terreno, y ante cualquier signo de probabilidad, por absurda e imaginaria que sea, se detienen, así se acostumbran a guardar silencio, de ahí la prudencia del tiempo, de la edad.
Pero el sueño de un hombre es siempre la pesadilla de otro.
La belleza ausente de siete noches se desliza con esfuerzo. Y el orgullo herido desvía la mirada de inspiraciones.
Extraño imán aleja postulados. Las cosas más preciosas no comprendo siendo siempre las más conmovedoras.
Con argumentos materialistas se justifica el abandono que se anuncia, ya la imaginación colorea mi rostro en el muro de tu fama, polvo y olvido.
Y así y todo, las manos se juntan en oración como si fuera un fantasma temeroso y ajeno del rencor de las memorias.
Espigas sostienen su ininterrumpida danza cuando respiran las hojas escondidas al auspicio de los borrachos, de algún soñador enamorado que les conceda un cuerpo, de minutos, un cuerpo de viento y segunderos alocados por beber de a gota el elíxir de la juventud que se apaga. Reemplazado, no hay cirio que guarde mis milagros, tal vez, quizá el guión aprendido del Te Quiero, el hueco de la boca y su oscuro aliento, tibio de renovadas ilusiones, de palabras en idiomas desconocidos, para mí harto impronunciables.
Vuelvo la cabeza para mirar nuestros pasos en el centro justo cuando se hicieron un solo par. Las bancas me miran, burbujas atentas esperando que haga algo por nosotros o por ellas, que también desaparecerán en parpadeo.
A veces duele más dar fin al sufrimiento que seguir así.
Imposible se vuelve el lamento de quien soy y no fui por azares.
El mar barre su piso con nuevos rizos hirvientes de fuerza renacida y eterna, su retórico coincidir con el planeta, no se importa de cadáveres que se empujan abatidos para dejar lugar al ímpetu que nace.
Hay enfermedad que no se esconde entre recetas. Eres todo lo que siempre quise ser. Olvidé la risa de los niños y sus cínicas maneras, olvido también las historias y los papeles, escribo fechas de caducidad, tiro todo, basura sin re-usos, sin afanadores interesados, escribo en la piel mi propia fecha de caducidad y miro el calendario.
Todo lo roído de las sombras, de las palabras, los consejos que cayeron en el regazo describen la celda que abrigará ahora tus miradas al horizonte de resignada apariencia.
Me guardo tu abrigo, un beso, cien sentencias obtusas de religión original, amorosa, el tordo que nos cuidaba y el payaso, el humo de cigarro, el futuro siempre lejano que ahora yace en resignado sollozo, ni un salmo, el sol que destiñe la tarde y tres estrellas. El tullido talento de necio solitario que hoy no asiste a su sepelio.
magia.salcido@gmail.com
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