Opinión / Columna
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Padre Darío Pedroza Jr.
OLIMPISMO
El Sol de San Luis
4 de octubre de 2009
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* ¡Buenos domingos, amigos! ¿Qué tal de sede olímpica para Brasil?
San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Qué bueno que el deporte fuera eso, deporte. Que se pongan en juego las facultades de los niños, de los jóvenes, de los adultos, de los ancianos, de los minusválidos, de todo el mundo.
De todos es conocido el tema: mente sana en cuerpo sano. Qué importante es competir y qué importante es competir consigo mismo en áreas de superación constante y progresiva.
Sabemos que parte de la educación es precisamente la educación física, que favorece el desarrollo del cuerpo humano y de las facultades del alma que lo animan.
Por lo mismo no se improvisa ni el ejercicio físico, ni la educación, ni la enseñanza de este ejercicio. Nadie debería de quedarse fuera "de la jugada", por ello vemos cómo los niños con toda espontaneidad se divierten y hacen ejercicio, y claro está que la consecuencia es el fortalecimiento de su organismo.
El deporte por lo mismo, no tan sólo debe ser una actividad natural en todas las etapas de la vida, sino que se debe propiciar y desarrollar a todos los niveles.
Por desgracia no siempre los presupuestos familiares o los presupuestos de grupos o sociedades contemplan este aspecto tan importante del crecimiento del hombre.
Contemplamos con tristeza que el mundo del deporte se viene convirtiendo en un mundo de pleitos, rebatingas y luchas en donde se busca poder, dinero e influencia y no precisamente la sana diversión y formación de las personas en el ejercicio de estas actividades.
El pleito por las marcas a todo nivel, incluido desde luego el deporte profesional en donde danzan los millones a "quimiles".
Ya no importa ni la mente sana, ni el cuerpo sano, sino la marca de camiseta de fútbol, la marca del bate de béisbol, de la raqueta de tenis, de la pelota de cualquier deporte que use eso, pelota.
Como me viene a la mente, el tiempo de mi infancia y la de mis compañeros que dejábamos sin medias de popotillo a las tías y a las abuelas, y las deshilábamos para hacer nuestras pelotas y jugar béisbol, a lo pobre, a lo campesino, sin saber de las grandes ligas.
Qué digo, que nos fijábamos en la marca del balón en tiempos de formación del seminario así menor como mayor, si limosneábamos uno y en lo que menos nos fijábamos era en la marca. Bien dice el dicho que "a caballo dado no se le ve colmillo".
Lo que más pateábamos eran hasta botes de hoja de lata con las consiguientes heridas de espinillas, pero quien nos quitaba la mente sana en un cuerpo más o menos sano.
Bienvenidas las olimpiadas, bienvenido el deporte, bienvenidas todas las delegaciones de cualquier rumbo del mundo que éstas procedan.
El color, la religión, la cultura, no nos debe de importar, si antes que nada son delegaciones de hermanos nuestros que habitan el planeta que Dios nos ha dado para que lo habitemos todos y que lo gocemos de forma ordenada y alegre.
Qué bueno que con el mundo que parece una pelota pudiéramos jugar todos y que pusiéramos a Dios por árbitro sin tantas complicaciones de otros árbitros que sólo vienen a complicar la vida y el juego.
Dios es el único que sí sabe pitar bien los partidos y premiar y castigar con los "penales" justos.
Ojalá la antorcha encendida con el fuego que sale desde Grecia sea un signo de la capacidad de convivencia que podemos tener entre los humanos.
Qué bueno, que fue sorteado Río de Janeiro para las olimpiadas en competencia con Japón, Estados Unidos y España, y no tan sólo sorteado sino que gano la sede de los juegos olímpicos del 2016 dado que es un país latinoamericano muy querido y estimado en el continente.
¡Feliz domingo!
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