Opinión / Columna
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Yolanda Gámez
A flor de Piel
El Sol de San Luis
6 de septiembre de 2009
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* Nana, buche, nenepil
San Luis Potosí, San Luis Potosí.- En la cámara de diputados se ha propuesto una iniciativa de ley que prohíbe a las tiendas , cooperativas y cafeterías que están dentro de las escuelas, vender comida chatarra a niños y adolescentes. Y es que los índices de obesidad infantil en nuestro país han subido a la par de los precios. Se calcula que entre 40 y 50 por ciento de los niños en México la padecen. Sí!, la padecen. Mentira que los gorditos sean más felices. Nadie disfruta un cuerpo pesado, doliente y enfermo; nadie es feliz, si se siente mal. Ahora mantener los niveles de grasa corporal bajo control, ya no tiene nada que ver con la estética, si no directamente con la salud. Así que los pretextos que toda la vida hemos usado para comer sin pena ni empacho, se acabaron. Con la pena, se acabaron.
Esto de que México ocupa el segundo lugar de obesidad a nivel mundial no es nada nuevo y empezar a preocuparnos por ello, es algo urgente y necesario. Sin embargo la cuestión de una prohibición es algo delicado. Los hábitos alimenticios son algo cultural, basado en la educación y la costumbre. Es decir, comemos y nos gusta comer aquello que en casa nos daban a diario. Bien fuera porque era lo único que podían ofrecernos o en el mejor de los casos por las preferencias de quien nos alimentaba. Entonces, ¿sevirá que en las escuelas dejen de venderse fritangas y golosinas poco sanas, si al salir de ahí los niños, en casa o en la tiendita, habrán de retacarse de harinas, grasas y azúcar, para variar y no perder la costumbre? Y es que el problema viene muy "desde'nantes". Muchos creen que los niños rollizos, del tipo "michelín" son taaaaan lindos!, a mi en lo personal no me lo parecen, pero aunque así fuera, lo cierto es que sanos, no son.
Lo peor del caso es que muchas veces los niños además de por costumbre y antojo, comen fritangas como por un acto involuntario y compulsivo de compensación. Por que se sienten inseguros, solos, rechazados, incomprendidos o inadaptados, lo que los lleva a engordar más y seguir siendo blanco de burlas y bromas pesadas.
Se dice que los gorditos son felices y simpáticos, que los bebés rollizos son hermosos, que con los años la sabiduría es tanta, que la gravedad la lleva de la cabeza a la panza, que los gorditos son libres de espíritu porque se han librado de las exigencias de mantenerse en forma. ¡Falso, falso!
Salvo los casos en que la obesidad tiene que ver con trastornos de la tiroides, uso necesario de esteroides, o cuando en sí la estructura ósea es ancha, ser gordito es una decisión (mala) para la salud tanto física como mental. Esta decisión es tomada en ocasiones de manera inconciente bajo el influjo de la depresión, o de plano con la plena voluntad de no querer responsabilizarnos de nuestra forma de comer y del cuidado de nuestra salud. Y entonces, ¡qué podemos hacer?
Como papás, tenemos el DEBER de educar a nuestros hijos para la conservación de su salud. Y esto implica que aprendan a comer bien. Calma! Que nadie se desgarre los vestidos, no se trata de quitarles su infancia a los chiquitos, de privarlos del placer de las golosinas y las fritangas. Se trata de establecer límites, días y horarios. O bien controlar cantidades. Por ejemplo, que puedan comer un poco de chuchería como postre luego de la comida, o bien soltarse un poco más el pelo, pero sólo los fines de semana. También es buenísima idea promover el deporte, ¡lo que sea!, caminar, bailar, correr, brincar, saltar la cuerda, subir y bajar escaleras, salir a jugar, si es posible, un rato en la calle. Creo que más que cuestión de prohibición, esto tiene que ver con la educación. De ahí que la ley, aunque es una buena iniciativa, tal vez no sirva de mucho. Porqué? Sencillamente porque es una medida drástica que no tuvo como base un previo apoyo cultural, ya no digamos en los hábitos alimenticios, si no al menos y de inicio con pláticas, videos, dinámicas, mesas de trabajo o grupos de.... ¿cómo se les llamará? ¿práctica?. No sé, algún acuerdo que nos involucre a todos como sociedad. Es que no es tan fácil llegar y prohibir, al contrario, lo prohibido invita, seduce, provoca rebeldía y transgresión. Para hacer algo bien, hay que primero, querer hacerlo, tener las ganas. Yo creo que nuestro cuerpo es siempre una pizarra de señales. Cuando las carnes comienzan a desparramársenos más de lo debido... nos duele la espalda, las articulaciones, nos sentimos fatigados, no podemos ir al baño, ¿a poco no? Claro que limitarse en los antojos pone de mal humor, pero ése se quita. Las enfermedades, no.
Cuánta razón tenía aquél que dijo que todo lo rico y disfrutable... o engorda, o nos hace sentir culpables. Oooouuuucchhh!. Feliz Domingo! Yega1320@yahoo.com.mx
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