Opinión / Columna
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Dr. Enrique W. Castañeda
El cáncer y la disfunción sexual
El Sol de San Luis
25 de mayo de 2009
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San Luis Potosí, San Luis Potosí.- Un gran impacto recibe el paciente cuando se le informa que padece cáncer. Cuál será su futuro, su calidad de vida y sobre todo el pronóstico de cuánto va a sobrevivir, pero a la vez se agregan otros factores psicológicos relacionados con el diagnóstico como la depresión acompañada por insomnio, angustia, etcétera Los profesionales se concentran más al tratamiento orgánico, como decidir el tipo de intervención que se va a efectuar, las limitaciones que se tendrían y sobre todo los efectos secundarios.
Es muy frecuente que el médico tratante considere que el paciente ya no siente interés por la sexualidad.
No existe ningún modo de resumir los numerosos factores relacionados con las enfermedades malignas que pueden minar la actividad sexual por diversas razones. Es evidente que ciertos efectos físicos de las neoformaciones malignas, por ejemplo la presencia de anemia, anorexia, atrofia muscular y el deterioro neurológico, pueden producir una debilidad importante que puede dificultar o hacer imposible la actividad sexual. De hecho son muchos los métodos para tratar estas enfermedades, como son fármacos, intervenciones quirúrgicas o radiaciones que pueden provocar por sí mismos diversos problemas sexuales bajo determinadas circunstancias.
Existen tumores que pueden producir cambios hormonales que alteren la actividad sexual. Por ejemplo, observarse feminización asociada a cáncer primario del hígado debido a los altos niveles de estrógenos.
Muchos factores psicológicos relacionados con el diagnóstico de una enfermedad de este tipo tienen gran importancia en el origen de trastornos sexuales. El descubrimiento de una enfermedad maligna representa un acontecimiento traumatizante y lleva inmediatamente a temores muy legítimos sobre las posibilidades de supervivencia, aunque la reacción que cada paciente experimenta ya sea con su cónyuge, la familia o el compañero sexual, se relaciona en parte con el tipo específico de enfermedad y con su pronóstico. El tipo de respuesta más frecuente incluye ansiedad, angustia, sensación de desesperación.
Esta fase inicial de la reacción presenta a menudo un fuerte componente de negación y puede avanzar hasta la despersonalización.
El paciente con enfermedad maligna sufre más depresión por tener conocimiento de que las células malignas crecen y trastornan el equilibrio y arquitectura de su organismo, además de las posibles mutilaciones, dolores y pérdida de fuerza física como resultado del tratamiento.
Durante el tratamiento el paciente experimenta a menudo una sensación de incomodidad física y de indignidad como resultado de una intervención quirúrgica, como si es producto de otros tipos de terapia. Por ejemplo, la pérdida de cabello en la quimioterapia. Grinker describe algunos aspectos adicionales al problema que suelen presentarse.
El temor a que uno pueda quedarse expuesto ante el cónyuge como lisiado, disminuido, incompleto o moribundo puede provocar abstinencia sexual. La intimidad y las actividades sexuales pueden verse afectadas por sentimientos de vergüenza y desconcierto. Ciertas mutilaciones (por ejemplo mastectomía, orquidectomía y otros) pueden convertir la desnudez en un asunto muy doloroso.
El impacto de cáncer en la relación matrimonial es un tema que se ha evitado por lo general; sin embargo existen pruebas de que los pacientes de cáncer de ambos sexos experimentan un aumento de interés por la proximidad física, aunque acompañados de una disminución del interés por el coito.
La depresión es también acompañante habitual de la enfermedad maligna.
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