Opinión / Columna
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Ernesto Robledo Cervantes
Hablemos de Cine
El Sol de San Luis
24 de mayo de 2009
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* ÁNGELES Y DEMONIOS, de Ron Howard
FICHA TECNICA: Director: Ron Howard; Guión: David Koepp, Akiva Goldsman, Basados en la novela de Dan Brown; Fotografía: Salvatore Totino; Música: Hans Zimmer; Edición: Daniel P. Hanley y Mike Hill; Género: thriller.
INTERPRETES: Tom Hanks (Robert Langdon), Ayelet Zurer (Vittoria Vetra), Ewan McGregor (Camarlengo), Stellan Skarsgard (jefe de la guardia suiza), Nicolaj Lie Kaas (Assassin), Armin Muller-Stahl (cardenal), EU, 2009.
Rodeada de una verdadera controversia entre las que se destaca una serie de falsedades que ponen en entredicho la historia así como a la imagen del Vaticano y del catolicismo mismo, ANGELES Y DEMONIOS se apoya en la polémica para esconder sus debilidades dentro de un thriller efectista pero no efectivo.
La cinta es como una secuela de "El Código Da Vinci", donde conocimos a Robert Langdon, experto en simbología religiosa, quien con sus grandes conocimientos sobre el tema es capaz de averiguar los misterios más ocultos de una religión, en este caso la católica, plagada de símbolos e interpretaciones secretas.
La cinta vuelve a reunir al director Ron Howard con el actor Tom Hanks, quien le da vida al erudito Langdon, personaje creado por Don Brown en sus polémicas novelas con el mismo título que los filmes, aunque la novela Ángeles y Demonios fue escrita tres años antes que su famoso betseller El Código Da Vinci.
Ahora resulta que tras la muerte del Papa, y con el inicio del cónclave de cardenales para designar a su sucesor, una serie de acontecimientos ponen a temblar al Vaticano que se ve amenazado por una secta secreta llamada Iluminatti, formada siglos atrás, cuyos descendientes le han declarado la guerra a la Iglesia Católica por los crímenes cometidos por ésta a sus ancestros.
Cuando cuatro de los cardenales son secuestrados y de unos laboratorios de Roma es robada una porción de antimateria, la Santa Sede, por medio de su jefe de seguridad hace llamar a Robert Langdon, único capaz de descifrar el enigma al que se enfrenta. La cosa es simple, a partir de las 8:00 de la noche cada hora irán sacrificando a un cardenal utilizando los símbolos de los cuatro elementos básicos que forman el camino de la iluminación. Dichos elementos están representados por la tierra, el aire, el fuego y el agua, y todos ellos conducen al escondite de los Iluminatti, sitio donde ha sido colocada la antimateria que detonará a las 12:00, destruyendo al Vaticano y parte de Roma.
A todos estos entresijos se deberá enfrentar Langdon apoyado por una científica italiana que lo acompaña con el propósito de encontrar la bomba y desactivarla.
La cinta está llena de acción dentro de un sin fin de persecuciones en un ir y venir de los personajes tratando de adivinar pistas mientras evaden infinidad de balas que nunca los alcanzan, y con una policía desconcertada que no acierta nada, al tiempo que se van dando a conocer los intereses de una institución que se mueve entre su fe confundida con la venganza y el fanatismo.
Al margen de la calidad de la cinta que deja mucho qué desear, lo más atractivo sería la curiosidad que despierta tocar este tipo de temas mientras conocemos algunos sitios inaccesibles para la mayoría, al recrear lugares históricos plenos de bella arquitectura y obras de arte, así como los archivos del Vaticano donde celosamente están guardados documentos y textos por conocer.
Ciencia y religión deben ir de la mano, esa parece ser la consigna de la cinta que critica al catolicismo, aunque ambas tendencias tienen cola que les pisen, sobre todo cuando sus integrantes caen en el fanatismo y están decididos a todo con tal de hacer valer sus ideas, aunque para preservarlas deban dejar en el camino a esos otros seres humanos que cuestionan sus creencias.
No se puede pensar de otra manera cuando vemos a los integrantes de la hermandad de los Iluminatti, presumiblemente compuesta por hombres de libre pensamiento y de ciencia, contratar a mercenarios para que con una crueldad inaudita asesinen a los prelados de la iglesia utilizando simbologías como una justificación de sus actos.
Pero qué decir de los integrantes de la Iglesia Católica. Por un lado se cuestiona la muerte del Papa quien pudo haber sido asesinado utilizando fármacos poderosísimos para tal propósito, así como la actitud del Camarlengo, capaz de autoinmolarse, cuya muerte será disfrazada por la Santa Sede para ocultar todo lo que hay detrás de su sacrificio ordenado por el propio cardenal responsable del cónclave.
Todas esas fantasías del escritor Dan Brown son bastante discutibles, aunque la realidad puede que supere a la ficción y la descomposición de una institución que representa a millones de fieles sea la punta del iceberg de ese enorme conglomerado capaz de cualquier cosa para preservar la fe de sus fervientes devotos.
Con todo, el filme tiene un momento de lucidez. Hay una escena donde el Camarlengo le cuestiona al historiador Langdon su creencia en Dios. Ante la respuesta dubitativa de éste, quien trata de explicar la acción del clero ante lo divino, el Camarlengo le repite la pregunta y le exige una respuesta directa. Langdon le dice que no, y sin más el prelado lo autoriza a iniciar la investigación.
Cuando alguien cuestiona el depositar en un incrédulo tantos secretos, un cardenal más avezado responde que así actúa Dios en su infinita sabiduría para dar a conocer sus misterios. Dicho lo anterior, todos aceptan sin chistar la respuesta. ¿Será?
Correo electrónico: ernestorobledo@hotmail.com
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