Opinión / Columna
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Jaime Alcántara
Estrategias para el desarrollo
Organización Editorial Mexicana
7 de febrero de 2012
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Hemos oído como discurso político, la propuesta de: primero los pobres. Esto es algo que cualquier persona, con sentido común, debería hacerla suya. Un pueblo con altos índices de pobreza y/o pobreza extrema es, no sólo un asunto de atención prioritaria, para mejorar su situación; de convicciones sociales, sino, hasta de conveniencia. A menores problemas, mayor certeza en las tareas que como humanos tenemos que enfrentar cotidianamente, para sobrevivir en este difícil mundo de la, cada vez más, brutal competencia. El problema es la manera, los métodos a utilizar, para hacer frente a la contingencia. Porque, refrán de por medio, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. No basta la idea, el voluntarismo, la fantasía o la invención para dar cuerpo a un plan, para que este pueda fructificar. Este es un asunto de experiencia, de capacidades, de solidez ideológica, de honradez intelectual.
Hasta 1982, tuvo vigencia una doctrina que empujaba a atender a la sociedad en su conjunto. Es decir, buscaba los equilibrios que precisa cualquier conglomerado social, para vivir en un entorno aceptable. Con la crisis en los precios del petróleo, el fantasma del libre mercado, olfateando las riquezas nacionales y los intereses escondidos en cabildeadores embozados, las maneras de hacer política económica cambiaron. La modernidad nos había alcanzado.
En el sexenio anterior (1976-82), iniciaron las presiones para que México firmara los acuerdos del GATT (General Agreement on Tariffs and Trad). La intención de tal instrumento consideraba, en teoría: la Supresión de toda discriminación en las concesiones arancelarias; la Eliminación de restricciones cuantitativas al comercio; la Supresión de las demás formas de protección nacionalista; la Reciprocidad e igualdad de los Estados; y la formación de un órgano para solucionar conflictos. Y digo que en teoría, porque los Estados Unidos, sobre todo, buscaron siempre proteger a sus connacionales con diferentes instrumentos para impedir que los mexicanos pudiéramos hacer uso de derechos, por haber firmado (adelante) dicho Tratado. Tres de los ejemplos más conocidos fueron el embargo atunero, por captura incidental de delfines; el embargo al acero; y al aguacate. México no pudo resistir y el Senado se pronunció a favor en agosto de 1986. Con esta adhesión, se inició el desmantelamiento de los instrumentos de atención social conque contaba el Estado. Influyó también en estas políticas la Ronda de Uruguay del mismo año, que, ilusamente comprometía a los países ricos a bajar sus aranceles en un 40 por ciento, en un plazo de cinco años. No hace falta decir, que los presupuestos para las zonas rurales empezaron a declinar. La crisis de los 80' empujó a las autoridades a implementar políticas presupuestales para hacer frente a la contingencia y a nivelar el ingreso/egreso, necesario para no ahogarnos en la insolvencia. Por esos tiempos entró también una corriente del liberalismo económico tendiente a restringir al Estado Social, conocida como "El Consenso de Washington", cuyos preceptos son los siguientes:
1.- Disciplina presupuestaria (sin déficit).
2.- Reordenamiento de las prioridades del gasto público (donde sea más rentable).
3.- Reforma Impositiva.
4.- Liberalización de los tipos de interés.
5.-Un tipo de cambio de la moneda competitivo.
6.-Liberalización del comercio internacional (disminución de barreras aduaneras).
7.-Eliminación de las barreras a las inversiones extranjeras directas.
8.- Privatización.
9.- Desregulación de los mercados.
10.- Protección de la propiedad privada.
Este texto es parte de un trabajo mayor, que será publicado por la Fundación Colosio, A. C., en "Plataforma", su órgano oficial.
jaimealcantara2005@hotmail.com
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