Internacional
Una visita obligada en Roma
"La ciudad eterna" nos lleva de Rómulo y Remo, por allá en el 753 a.C., al esplendor de los romanos, al florecimiento del cristianismo. Foto: Archivo
Organización Editorial Mexicana
12 de octubre de 2008

Ma. Esther Estarada / Corresponsal

Roma, Italia.- "Una vida entera no alcanza para conocer Roma", reza con toda razón un refrán popular. Es imposible visitar las bellezas obvias y descubrir las ocultas; percibir el caos y el romanticismo de la ciudad en unas semanas, qué decir de en apenas unos días.

"La ciudad eterna" nos lleva de Rómulo y Remo, por allá en el 753 a.C., al esplendor de los romanos, al florecimiento del cristianismo, a seguirle la pista a artistas como Miguel Angel y Bernini que dieron forma y color a la urbe, al Tiber, al Vaticano y a su infinidad de monjas, sacerdotes e iglesias. A su música, su cocina, sus calles estrechas, sus plazas y sus fuentes. A su tráfico intenso, a la nube de motocicletas que pululan por todos lados, y a su falta de respeto por las reglas de circulación. A sus mujeres hermosas, de tez blanca y cabello oscuro, delgadas y altivas. A sus hombres atractivos, de cabello rizado y mirada seductora. Al gusto por los "gelatos", por la pizza, los quesos y el limoncello.

El conjunto que percibe el turista es tan complejo y atrayente, que todos pasamos por la Fuente de Trevi para dejar ahí una moneda que nos asegure volver a la capital italiana en el futuro... próximo de preferencia, para seguir disfrutando de esta locura que se llama Roma.

No sé por dónde empezar a hablarles de esta ciudad que he tenido la oportunidad de visitar varias veces a lo largo de los últimos años. Cada vez que voy recorro sus calles, iglesias, trattorias y monumentos, reconociendo y conociendo lugares típicos y otros que sólo visitan los romanos de pura cepa. Mis recuerdos de cada ocasión son muy distintos y a la vez los mismos.

Hoy hay autos eléctricos y segways (transporte personal motorizado) en alquiler por hora, autobuses turísticos a tutiplén, guías de viaje que dan toda clase de descripciones y recomendaciones, que no tuve en otras ocasiones. Las "Roma'n bikes" se pueden tomar en 19 puntos del centro para acortar los tiempos de desplazamientos a quien prefiere hacer un turismo "esforzado" (además hay que pagar por el servicio) y no tomar el metro o los tranvías que recorren la ciudad de punta a punta.

Pero no cambia el encanto de recorrer la Vía de la Conciliazione acercándonos a la Basílica de San Pedro o al descubrir cada vez nuevos detalles en la Capilla Sixtina, los jardines y los museos vaticanos. Ni la fascinación que ejercen los aparadores de las tiendas en la Vía Frattina y todas las calles alrededor de la Plaza de España, donde el lujo y la moda tienen su sede.

En la Piazza dei Poppolo (Plaza del Pueblo) se mezclan dioses romanos e iglesias cristianas con el exotismo egipcio -un monolito coronado con una cruz católica en el centro y esfinges en toda la periferia. Esta es el vértice de una de las principales avenidas comerciales de Roma, la Vía del Corso, que corre hasta la Piazza de Venecia y el Monumento a Vittorio Emanuele II, conocido familiarmente como "la máquina de escribir". De ahí al Foro Romano, construido hace más de 20 siglos, no hay más de 100 pasos. En ese sitio aparecen ante nuestros ojos los etruscos y los romanos, las vírgenes vestales que fueron las responsables de mantener vivo el fuego sagrado que aseguraba la prosperidad de la comunidad, al que cuidaban tanto como su voto de castidad, y una serie de templos que sirvieron años después como base a iglesias.

El Coliseo domina la imagen con su mole circular donde perdieron la vida tantos y tantos cristianos a manos de gladiadores y leones. A las bestias ya no las vemos, pero modernos gladiadores acechan al turista despistado para cobrarle unos euros por una "fotografía del recuerdo". Las catacumbas, que nos hablan de persecución y supervivencia, se encuentran a corta distancia sobre la Vía Appia. Termas romanas como las de Caracalla e hipódromos como el Circo Massimo nos recuerdan el gusto de los romanos por el placer y la diversión desde tiempos inmemorables.

Hablando de momentos agradables, nada como visitar cualquier día de la semana el mercado que se instala en la plaza Campo di Fiori, que no sólo ofrece flores frescas de todos los rincones del mundo, sino también frutas, verduras, especias, quesos, aceites, accesorios para cocinar y uno que otro chile para preparar un espagueti a "l'arrabiata"; este es además el centro de acopio de muchos restaurantes de la ciudad que buscan sólo lo mejor y lo más fresco.

Lo que sí le advierto es que de intentar hacer compras en otros sitios tome en cuenta que a la fecha, aunque parezca increíble, el comercio sigue cerrando de 1:00 a 3:30 pm. (Esto es porque existen pocas tiendas departamentales y la mayoría del comercio es de pequeños empresarios que respetan su tiempo para comer). En ese horario, ni las gallinas ponen. Esto incluye los sitios de culto, ya que muchas iglesias también cierran sus puertas. Siempre queda "Roma" para disfrutar, con sus monumentos y sus museos.

¿Ya vio la moda en la Vía Condotti? Si quiere cuidar su bolsillo, pero llevarse algo bonito de ropa o para su casa, le recomiendo la Vía Cola di Rienzo (cerca del Vaticano), la Vía Tritone (cerca de la fuente de Trevi) o la Vía del Corso. También está la opción de ir al mercado Porta Portese que se pone los domingos en el Trastevere, que ahí sí hay gangas.

Aunque si el precio no es problema otra zona a recorrer es la Vía Venetto, que entre hoteles de lujo alberga muchas boutiques de gran calidad junto con restaurantes, cafés y bares donde paladear delicias de la gastronomía y pasar buenos ratos. Si está dispuesto a pagar unos 240 pesos por una copa de limoncello a cambio de disfrutar del elegante ambiente en el lobby bar de uno de los mejores hoteles de la ciudad, el St. Regis Grand... pues ya le di el tip.

Para visitar uno de los iconos del lujo romano, no deje de pasar por el Hotel Excélsior en su recorrido por la famosísima Vía Venetto, camino al Harry's Bar, situado en el punto más alto de la calle y que le puede aportar un muy buen rato con música en vivo y un ambiente divertido para quienes tenemos "juventud acumulada".

Volviendo al tema religioso, que en Roma es omnipresente y apabullante, le recomiendo no dejar de visitar San Juan de Letrán, que aquí no es sólo el nombre de una calle, sino una gran basílica, sede del Papa como Obispo de Roma. Imponente. A un paso de ella está la Scala Santa, que se dice que es la escalera del palacio de Herodes que Jesús recorrió varias veces el día de su juicio sumario. Se encuentran un poco fuera del circuito turístico, pero aún así no son más de 10 minutos caminando desde el Coliseo o menos si se toma el metro o el autobús.

Pero por favor, sea la hora que sea, tenga cuidado con dos cosas: los carteristas, que trabajan de sol a sol en horario corrido, a pie y en moto, sobre todo en los lugares turísticos, y al cruzar las calles, porque los automovilistas apenas respetan los semáforos y poco menos los pasos peatonales. Una vez que decida que puede atravesar, empiece a caminar despacio, pero sin titubeo. Cuando en duda, espere a que un romano cruce y sígalo de cerca.

TRANSPORTE

Al llegar al aeropuerto de Roma, puede tomar el tren directo a la céntrica estación Termini. Como los boletos son sin fecha, para usarse cuando se necesiten, no olvide validarlos en los dispositivos que encuentra al inicio de cada plataforma, o se arriesga a una multa por mucho boleto que haya comprado.

Tome sus precauciones porque en el transporte público (tranvías y autobuses) los conductores no venden boletos. Hay que comprarlos previamente en estancos o estaciones del metro. Si compra el de 1 euro le da derecho a utilizar tantas conexiones como necesite durante los 75 minutos posteriores a hacerlo válido en el primer tranvía o autobús que tome. Si compra el de 4 euros le permite viajar todo el día con ese boleto. Si va a pasar más tiempo en Roma, tal vez le convenga comprar el de una semana o un mes. Pero por favor, no olvide sellarlo la primera vez que lo use y después sólo necesita traerlo con usted por si se lo pide un inspector de los miles que hay.

GASTRONOMÍA

La cocina italiana nos es muy familiar. ¿Quién no ha comido un espagueti o una pizza? Pero la variedad es enorme. Pastas de cualquier tipo: fetuchini, lasagna o ravioles llenan los menús, junto con rissottos, antipastos, alcachofas, melón con prosciutto, ensaladas como la capresse, pescados diversos, carne de res o ternera (poco cerdo), quesos, postres como el tiramisú, el chocolate, ya sea en pastel, helado o mousse, o la fruta, digamos fresas o kiwi que siempre puede acompañar con un buen café.

Y aquí hago un paréntesis para comentar que los italianos presumen de ser los principales bebedores de expreso del mundo, con más de siete millones de tazas servidas cada día, lo que implica que cada adulto bebe unas 600 tazas al año... dos al día hasta eso no es tanto.

Otro postre típico es el Cantucci con Vin Santo, que es un bizcocho duro de almendra o avellana que se remoja en vino dulce (que me perdonen los italianos por una descripción tan alejada del placer de tener ese plato en la mesa).

¿Quesos? Miles. Ya sean de vaca, oveja, cabra o búfala. Jóvenes o maduros. Suaves y duros. Para combinar con manzana, pera o mermelada de frutos rojos. Para untar o cortar en trozos. Ahumados o frescos. Imposible irse sin comerlos "in situ", dado que muchos se pueden comprar en México, pero nada como acompañarlos con un chianti, un proseco, un pinot grigio o cualquier otro vino local, sentado en una terraza viendo pasar la vida al ritmo italiano.

Entre el limoncello y la grapa se pelean el primer lugar en digestivos típicos del país. Los siguen de cerca el sambuca, el amaretto y los licores de hierbas como el Strega o el Galliano. Las cervezas locales Nastro Azzuro, Peroni o Moretti luchan con nuestra Corona, la holandesa Heineken o la danesa Carlsberg por conquistar el paladar de los consumidores. Como aperitivos, esta es la cuna del Cinzano, del Campari y del Martini.

¿Un tentempié? No lo dude, un panini o un tramezzini (son como sándwiches) rellenos de lo que sea. En cualquier calle se encuentra un local donde saciar de esta manera su apetito. Y si el calor arrecia, no dude en tomarse un raspado (aquí le llaman "granite") o un "gelato artigianale"... ¡pero apúrese a acabárselos porque se le derriten!

FINALMENTE...

A todo esto no he hablado ni de la Piazza Navona, una visita obligada en Roma, con su fuente de los cuatro grandes ríos del mundo realizada por Bernini; ni del Pantheon, templo romano convertido en iglesia; ni del Quirinal, centro del gobierno italiano desde donde se tiene una vista panorámica de la ciudad; ni de la Tazza d'Oro donde se puede paladear, y comprar, el mejor café de Roma; ni del Castel Sant' Angello, la Boca de la Veritá o del Trastevere; ni de la Basílica de San Pablo Extramuros, ni de los cientos de iglesias y museos que se pueden visitar en la Ciudad Eterna.

Digamos que sería interminable hablar de Roma. Si tiene oportunidad, mejor lo invito a visitarla y disfrutarla en vivo.

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