San Juan del Río
Día de Muertos
El Sol de San Juan del Río
25 de octubre de 2009

Adolfo Campos

Querétaro, Querétaro.- El próximo primero y dos de noviembre, una vez más, como cada año, desde la era prehispánica en todo el estado se volverá a vivir una de nuestras tradiciones más ancestrales" EL DIA DE MUERTOS", el primero y dos de noviembre en las comunidades indígenas comprendidas entre los huastecos, los pames y otomíes y los habitantes del medio rural, cada uno festeja o celebra a su muy especial modo. Fecha en la que no existe hogar en todo el estado que no recuerde, de alguna forma a sus seres queridos que se nos han adelantado, sólo eso, adelantado en el camino inevitable para el ser humano.

La muerte es uno de los eventos más trascendentales en la vida de los pueblos, por tal motivo su culto es una de las manifestaciones importantes del hombre. La muerte ha sido celebrada de acuerdo al proceso histórico en que se ha desenvuelto cada cultura. En Querétaro tenemos la cultura indígena y el medio rural, que posiblemente sean las más apegadas a la fidelidad de sus originales costumbres, desde sus ancestros.

Donde se mezclan tanto la cultura prehispánica como la religión católica, logrando mantener sus antiguas tradiciones vivas, mezclándose sentimientos contrastantes, el dolor de haber perdido a uno o varios seres queridos unidos a la alegría de la fiesta y diversión. Derivado de la creencia que se tiene de que en esas dos fechas los que ya se fueron regresarán (sus espíritus) a convivir con ellos, es por eso del por qué de la alegría y la fiesta.

Es importante estudiar, analizar y conservar originales nuestras costumbres y tradiciones, tal y como nos las enseñaron nuestros ancestros. Es fundamental entender que esta tradición que para muchos es absurdo festejar la muerte o burlarse de ella, otros dicen jugar con ella.

Yo diría que primero nadie de los seres humanos deseamos morir, lo que es inevitable, todos tenemos qué morir, por lo que no existe forma de evitarlo, por lo tanto lo mejor sería tomar las cosas como son y ser realistas y aceptarla, conviviendo con ella en esta fecha, más nunca burlarse de ella.

La alegría de muchos seres humanos se deriva del hecho, de acuerdo a sus creencias ancestrales muy respetables, que las "ALMAS", más así los cuerpos, de sus seres queridos muertos, regresan en estas fechas para convivir con los vivos.

Debemos aceptar y reconocer que estas fechas para muchos son muy importantes, viéndolas desde el punto de vista comercial, para los indígenas y habitantes del medio rural son algo muy especial, al existir importantísimas ventas de diferentes artículos, sobresaliendo las flores y veladoras.

Hasta la madre naturaleza puso a disposición del ser humano que en estas fechas los campos, cerros, llanos, y otros lugares, se desarrollara la auténtica flor de muertos (LA CINCO YAGAS) flor que se desarrolla de forma silvestre de un color amarillo y en medio de cada pétalo una franja anaranjada con formas de clavos en color negro, que ha sido substituida por la flor de cempasúchil.

En términos generales la auténtica tradición del día de muertos sólo se utilizaba lo que la madre naturaleza proporcionaba, como flores, plantas, barro, agua, sal, copal, cera, etc.

Fiestas de Día de Muertos donde los indígenas y el medio rural dedican a los muertos, mismas que desde sus ancestros las llevan profundamente arraigadas, transmitiéndose de generación en generación, la fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas las hacen ser una de nuestras tradiciones más celebradas en todo el estado.

Una hermosa y original tradición consistía en hacerlo por familia, organizándola la cabeza principal, el de mayor jerarquía, designando un cuarto especial dedicado a integrar la ofrenda, el cual se barría a conciencia, en una olla de barro con una tapa hecha con una penca de nopal grande a la que se le hacían varios orificios integrándosele agua, plantas aromatizantes y medicinales como, el eucalipto, árnica, manzanilla, ruda, hierbabuena, epazote, ajenjo, jarilla, altamisa, etc.

La olla se ponía al fuego "fogón" donde al hervir el vapor y sus componentes salían al exterior por los orificios de la penca, lo que tenía dos funciones, una desinfectar todo el interior de la pieza (cuarto), la otra, aromatizarla con la intención de que el alma del o los difuntos no se contagiaran de algún mal.

La imagen del Santo de las Animas era venerada y adorada, sacándolo a fines de octubre y todo noviembre a realizar visitas en los diferentes hogares, misma que tiene un lugar muy especial en la ofrenda.

La ofrenda consta de dos escalones adornados con servilletas adornadas y hechas por las propias manos de las mujeres, el escalón inferior era adornado con flores de CINCO YAGAS flor silvestre, agregándose jarros con agua y puños de sal, para la purificación del alma, dos velas para alumbrar su camino, integrando alimentos muy nutritivos como, la miel, el maíz, frijol, nopales, mole, tamales, arroz, dulce de tejocote, camote, pulque, mezcal, tabaco, etc.

El escalón superior era decorado hermosamente, en el que sobresalían las velas hechas con cera de abeja, en el centro un retablo, junto a él del lado derecho ponían la imagen del Santo de las Animas, a quien le ofrecían sus oraciones para que intercediera por las almas de los difuntos para que llegaran más pronto al cielo.

Ofrenda que se integraba el día 31 de octubre a las 12:00 horas del día, fecha y hora que de acuerdo a sus creencias era cuando los angelitos iniciaban el descenso a la tierra, cuando se concluía la ofrenda el jefe de la familia la persignaba, utilizando el sahumador con copal, resina de pino, dejándolo frente a la ofrenda para retirar los malos espíritus.

Es muy seguro que cada zona indígena y en cada hogar del medio rural, tengan sus propias costumbres y formas. Lo único que trato es dar una pequeña idea de cómo nuestros ancestros festejaban el Día de Muertos.