Opinión / Columna
 
Solamente verdades  
Ramón Díaz de León  
Solamente VERDADES
El Sol de Irapuato
30 de enero de 2012

  Solamente VERDADES

13 de Enero de 2012

Por Ramón Díaz de León Vela



* La Diócesis convencida del impacto impresionante de los medios...

* Se integra una comisión diocesana especializada en esta materia...

* La pretensión es hacer presencia en todos los ambientes sociales...

* Ministros, padres de familia y medios, tienen deberes por cumplir...

* Se hace notar la importancia de las acción social comprometida...



La Diócesis de Irapuato, a cargo del Excelentísimo Señor Obispo don José de Jesús Martínez Zepeda, está consciente de que el impacto de los medios de comunicación, en la actualidad, es impresionante. Y habrá que coincidir con él por el simple hecho de que a los medios impresos, radiales y televisivos, se han sumado los cibernéticos con todo y esas redes sociales que minimizan los tiempos y las distancias en la interrelación humana.



Hoy se afirma que no se puede prescindir de los medios porque se encuentran convertidos en el espacio para la libre expresión, el análisis y la crítica; en el areópago desde donde precisamente la Iglesia aspira a comunicar su mensaje pastoral para responder a los desafíos que surgen de la realidad que estamos viviendo "entre la antena y el campanario" y de esta forma transformar el ambiente familiar social y cultural a la luz del Evangelio.



Con plena conciencia de ello, y de su misión eminente comunicativa, en Irapuato se ha integrado una comisión especializada en la materia en el seno de la Diócesis; un ente que ya reflexiona para elaborar un plan que le permita animar, informar... ¡y sobre todo formar...! Especialmente hoy en día que estamos tan urgidos de fomentar los valores en el seno de la sociedad.



De acuerdo a mi percepción, la pretensión es llegar a todo el presbiterio, vida consagrada, agentes de pastoral, movimientos laicales y fieles católicos y no católicos porque en este propósito la Iglesia no hace comunicación de sí, sino de un misterio más grande que custodia y trasmite con respeto, aun cuando reconoce que tiene dificultades para comunicar el contenido eterno de la verdad a través de la fragilidad de los medios a su disposición.



A mí me ha quedado ya claro que la idea es presentar la vida de la Iglesia Diocesana de Irapuato y ofrecer un programa de formación a ministros de la Iglesia, a religiosos, religiosas, y laicos en el quehacer de la Pastoral y en el óptimo empleo de las herramientas que sean útiles para la difusión de su mensaje.



Por lo pronto ya hay un responsable de estar en contacto directo con los representantes de los medios. El Primer Obispo de Irapuato ha confiado esta responsabilidad al padre Jesús Navarrete Ruiz, capellán del Templo de El Señor de la Misericordia que será el interlocutor con ellos de manera permanente en la oficina de prensa que ha quedado establecida justamente como anexo a las oficinas del citado sacro recinto.



Coincidentemente, en vísperas de la visita de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI a Guanajuato, la Diócesis conformada por nueve municipios del estado, responde a la invitación contenida en el mensaje del sucesor de San Pedro para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, mismo en el que pastor de la Iglesia Católica Universal pone de manifiesto una profunda comprensión de los cambios de nuestro tiempo, lo que supone una "renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como un diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas" optimizando el uso de las nueva tecnologías que permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando de esta forma "un mundo nuevo de amistades potenciales".



En el mensaje a que hago referencia el Papa remarca la existencia de una estrecha relación entre tres aspectos humanos que son claves en la vida actual: la comunicación digital, la imagen de uno mismo y la coherencia de vida. El afirma que las dinámicas comunicativas del ámbito digital dan margen a la construcción de la propia identidad de manera innovadora, y es aquí donde se enmarca su llamado a la coherencia y a la autenticidad, invitándonos luego a superar "una interacción parcial, la tendencia a comunicar solo algunas partes del propio mundo exterior y el riesgo de construir una cierta imagen de nosotros mismos que suele llevar a la autocomplacencia".



De acuerdo con el sentir de Benedicto XVI debe de haber un equilibrio entre las relaciones mediadas por la tecnología, al igual que en la participación en el diálogo social. Pero además el necesario silencio reflexivo que nos lleve a estar realmente conscientes de nuestras acciones.



"¿Quién es mi prójimo en este nuevo mundo...? -cuestiona-. ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria...? -continúa preguntando-. ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas...?" Sin duda alguna cada uno de mis lectores tendrá sus particulares respuestas. Sobre todo aquellos chicos, medianos y grandes que viven en la comunicación a través de de esos nuevas herramientas que la modernidad ha puesto a nuestro alcance.



El Obispo de Roma convoca a una actuación cristiana; no solamente poniendo contenidos de fe, sino por nuestro modo de comunicar. Afirma que uno está siempre implicado en aquello que comunica, y sostiene que, cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas; comparten su visión del mundo, sus esperanzas y sus ideales, considerando que en el mundo de lo digital existe un "estilo cristiano" de presencia caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro.



Sin embargo manifiesta que el mensaje no debe de ceder ante algunas lógicas de la red que llegan a contradecirlo. Todo porque el valor de la verdad que se desea compartir, no se basa en la "popularidad" o en el nivel de la atención que logra captar, y es por ello que invita a darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, tal vez desvirtuándola, porque debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento y no debe ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino "un don que pide una respuesta libre".



Por eso es que queda claro que, los pastores ante sus fieles, los padres de familia ante sus hijos y sobre todo los informadores ante la comunidad, deberemos dar satisfacción a algunos deberes básicos para cumplir cabalmente con la misión que cada uno tenemos en este nuevo areópago.



Los ministros de la Iglesia tienen el deber de informarse, el de informar, el de formar, el de reformar... y el de transformar. Informarse para mantenerse al corriente del sentido de la opinión pública. Informar convirtiendo a sus parroquias en centro de información y de comunicación. Formar no solo en lo espiritual...también en la cultural y artístico. Reformar lo mismo en el pensamiento que en las conductas desviadas toda vez que se hace necesaria una "purificación de la memoria". Transformar apoyados en la fuerza transformadora del dinamismo del espíritu y en los principios de su misión pastoral.





Los padres de familia deberán asumir su alto nivel de responsabilidad en la formación de la conciencia moral de sus hijos apoyada en los valores, a la par de su formación intelectual y física; estar conscientes de que educan ellos, o "educan" los amigos o los medios; estar atentos al diálogo y a la reflexión con ellos en torno a los contenidos de lo que leen, ven o escuchan, y enseñar a comparar las enseñanzas recibidas con las emanadas de los mensajes pastorales.



Y según esto a nosotros los comunicadores corresponde, en el campo de la cotidiana actividad, realizar una tarea trascendente anteponiendo el interés del lector al de quienes remuneran nuestros servicios, porque de diferentes maneras somos formadores de opinión y no debemos desvirtuar la raíz de la profesión. Se nos invita a trabajar de manera permanente en la dignificación de la actividad siendo capaces de erigir un código de ética acorde a los valores humanos y espirituales para normar nuestras conductas y tener una medida real de nuestra responsabilidad social, sin olvidar que el elemento primario de este código es la honestidad sustentada en la verdad.



De igual manera se nos pide rechazar -a pesar de las presiones que pudiéramos sentir- todo mensaje que se oponga a la paz o sea contrario a la dignidad del ser humano; sobre todo de la de las mujeres y la niñez, porque el propósito es hacer de los medios informativos instrumentos de difusión de los valores de la democracia, de la cultura y de la solidaridad entre los pueblos. Se habla incluso de la conveniencia de que el informador supere la barrera de la vergüenza y la del disimulo de su fe para que en un momento dado pueda ser testigo sereno y firme de la misma.



En el catálogo de deberes de los informadores se contempla el recordar a los empresarios de la rama mediática que los fines que justifican su existencia es el del servicio a la comunidad y el bien social. Algo que muchos no han acabado de entender o no quieren entender.



Y... ¿qué con la sociedad...? Me gusta el remate del texto que dio rumbo a mi entrega del día de hoy porque en él se considera evidente que solo con su concurso se podrá hacer frente a los abusos que propician algunos medios, enfatizando al referirse a los de la televisión aunque yo en lo particular no estoy de acuerdo en que el comentario se haga como "escopetazo" porque la verdad es que hay de todo en la viña de El Señor.



CorreoElectrónico:rdlvela@prodigy.net.mx


 
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