Opinión
Vicisitudes
Armando Hernández Origel
MISIÓN POR CUMPLIR

El Sol de Irapuato
12 de julio de 2008

M.E. Armando Hernández Origel



¿Se han preguntado alguna ocasión cuántos hombres se han cruzado un solo día en su camino?, ¿Cuántas mujeres han visto en la calle, en el mercado, en sus trabajo durante un solo día?¿Se han puesto a pensar cuántas personas, niños o niñas, jóvenes o adultos, hombres o mujeres se pueden cruzar en su camino durante un día ordinario?

Puede ser que la respuesta sea exacta (cosa que no creo); puede ser que nunca se haya fijado en ello (que es lo más seguro), pero lo interesante sería saber si a usted le interesa el semejante que se encontró un día, si toma en cuenta a las personas que transitan por el espacio donde usted se mueve; sería importante pensar que todas ellas pertenecen al género humano ( aunque muchos me podrían decir que comentario tan absurdo), a ese género humano del que usted y yo formamos parte.

Hombres y mujeres hay muchos en el mundo; los vemos por todas partes, en todos los lugares que por lo general asistimos, pero para qué viven cada uno de ellos; porqué están en este mundo; porqué en México o en Rusia.

La respuesta parece ser que no es tan complicada porque si lo vemos un poco filosófico, cada uno de ellos, hombres y mujeres, usted y yo, tenemos algo que hacer, alguna misión que cumplir.

¿Quién creo al hombre y a la mujer? Debió ser, y es, un ser superior que todo lo puede, que todo lo hace, que todo lo puede crear.

El hombre y la mujer son cuerpo, son espíritu, son hijos de Dios por igual.

El hombre y la mujer tienen necesidades materiales y espirituales; con sueños y propósitos; con triunfos y con derrotas.

El hombre ríe y la mujer también lo hace; la mujer llora y el hombre no tiene porque hacerlo; los dos tiene el poder de odiar pero también la posibilidad de amar.

Los hombres y las mujeres tienen temores pero viven de la esperanza; son inteligentes y voluntariosos.

Los hombres y las mujeres cuentan con excelentes cualidades, pero también con algunas limitaciones. Los dos son Hijos de Dios, que es lo más importante.

Cuando el hombre ama, se da sin esperar nada a cambio; de su corazón nace su imperiosa necesidad de amar y ser amado, porque siempre habrá alguien que esté dispuesto a ser amado.

Se ama la vida, se ama a la esposa, a los hijos, se ama a quien espera que alguien derrame sobre él o ella su propia vida; se ama al hombre, se ama a la mujer, se ama a Dios, y todo esto es parte de llegar a cumplir con una misión encomendada por Jesús: "Ama a Tu prójimo como a ti mismo", porque el que no se ama a si mismo difícilmente podrá amar a los demás. Todo esto es una de las grandes misiones que tiene el hombre y la mujer aquí en la tierra.

Cuando el hombre sirve sabe de antemano que su servicio está siendo útil para un ser semejante como él, está cumpliendo con una segunda misión. Se sirve desde que el hombre pone a disposición de los demás su inteligencia, su creatividad, sus habilidades y cualidades; se sirve cuando el hombre y la mujer colaboran con los demás para que todos progresen.

Todos tenemos como misión el servir y no ser servido, viva experiencia que nos dejó Jesús en su palabra, en su testimonio.



El hombre y la mujer tiene como misión el tender a la perfección desarrollando su propia personalidad porque todos somos diferentes, ya que usted y yo, así como todas las personas del orbe, somos muy distintos en nuestra forma de pensar, de actuar; tenemos distintos niveles de inteligencia y de percibir el mundo, la vida.

El hombre fue creado para dominar el mundo, para dominar lo material, para controlar la naturaleza y crecimiento demográfico.

El hombre y la mujer tienen que moldear su persona, su ser; tiene que ser creadores de su propia vida que no deja de ser un regalo de Dios.

El hombre y la mujer tienen como misión ser colaboradores de la creación de Dios, desde los más humildes hasta los más poderosos.

Todos, hombres y mujeres, tenemos una misión que cumplir; todos como instituciones de cualquier índole, tenemos una misión que cumplir.

Dios nos creó para algo, para cumplir con algo, para no pasar desapercibidos en este enorme mundo de gente, que la gran mayoría no saben cuál es el rumbo correcto.

Convivir, compartir, tolerar, dar, amar, ayudar, bendecir y evangelizar son también parte de esa gran misión que tenemos las personas, la gente, hombre y mujeres de todo el universo.

Todos, de acuerdo con nuestra naturaleza, podemos fallar, y hemos fallado en alguna ocasión o en algo, lo importante es el haberlo intentado.

Siempre hay que hacer nuestro mejor esfuerzo para lograr la misión que se nos fue encomendada.

Una misión es un encargo de Dios para trabajar por el bien del hombre y de la mujer; por el bien de la propia humanidad, creo yo.





Mtro. Armando Hernández Origel

Director de Preparatoria del

Colegio Marista Pedro Martínez Vázquez

04 de julio de 2008







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