Opinión / Columna
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Solamente verdades
Ramón Díaz de León
Solamente VERDADES
El Sol de Irapuato
5 de febrero de 2010
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29 de Enero de 2010
Por Ramón Díaz de León Vela
* ¿De escribidor a "historiador"...? Cuestión de la época...
* Hidalgo estuvo en Irapuato. Que a nadie le quepa duda...
* Llegó el 25 de septiembre y se marchó tempranito el 27...
* El Copal, Aldama, y La Calera en la ruta a Guanajuato...
* En esta congregación el Libertador fortaleció su ejército...
Indiscutiblemente Irapuato está presente de manera significada en la historia que nos habla de la gesta libertaria iniciada en nuestro país en 1810. Que a nadie le quepa duda: ¡el Padre de la Patria pasó por nuestra ciudad en los albores de la gesta nacional más heroica de que se tenga memoria, y convivió con los irapuatenses, y sus autoridades de entonces... por espacio de dos días...! Si esto no es de trascendencia histórica para los irapuatenses de hoy, no sé qué más pueda serlo.
Lamentablemente -y justamente hoy en día-; cuando ya estamos viviendo el final del primer mes del año del Bicentenario del inicio de la guerra por la Independencia; cuando el programa de los festejos de la gran celebración nacional está en el ánimo de tantos; cuando hay una gran difusión en torno a muchos detalles del desarrollo de esa lucha que culminó el 21 de septiembre de 1911; cuando el mismo gobernador del estado, Juan Manuel Oliva Ramírez, ha invitado a los promotores turísticos españoles a contemplar Guanajuato como un importante destino en ocasión de la Gran Fiesta de México, me sorprende el comprobar que a una muy buena parte de la juventud mexicana -a la irapuatense en especial- y también a algunos mayores, les ha pasado de noche este hecho trascendental. Tal vez porque no han tenido -o no se han dado- la ocasión de abrevar en las fuentes de información que pueden disipar su ignorancia.
Pero no, no debería sorprenderme. Mire usted que yo de ello me enteré, con profusión de detalles, cuando ya era mayorcito, porque, que yo recuerde, siendo como secundariano hijo educativo de "La Seño" Juanita Hidalgo, nunca encontré consignada en las páginas de mi texto de Historia de México -el de Luis Pérez Verdía- que era nuestro libro guía en la clase que impartía mi inolvidable maestro, Francisco Rodríguez Salcedo -abogado y notario que fue mi mentor en los tiempos de mi adolescencia, y mi vecino... ¡y mi amigo...! en la mayoría de edad-, al menos una referencia breve a tan importante suceso.
Tengo la seguridad de que bien lo recordaría, si acaso en alguna ocasión el licenciado Rodríguez, aquel catedrático siempre dispuesto a prolongar el horario de su clase en el afán de abundar en el contenido de la misma y ya afuera de las aulas para beneficio del grupo, hubiera hablado del paso del Libertador por la tierra de las fresas. No recuerdo que lo haya hecho. ¡Este Alzhaimer que me agobia...!
Para colmo de los males con el paso de los años, con el de aquí para allá y el de allá para acá, el acerbo bibliográfico escolar que fui integrando con empeño en mis tiempos de estudiante de secundaria, de preparatoria, e incluso como universitario claudicante, sufrió bajas muy sensibles. Una de ellas la de aquel texto de historia que hoy desearía tener a mano para tratar de encontrar el por qué de la omisión. Ante su falta, me quedo en el suponer que los 10 meses del ciclo y lo sintético de la obra de referencia, no alcanzaban para tanto. Además, por ahí de los años 50 de la centuria pasada, no era muy fácil encontrar en "La Violeta" de don J. Carmen Farfán, o la "Casa Wagner" de Don Antonio Rivera de la Vega, las obras de don Lucas Alamán, de don Luis Castillo Ledón, o del abogado y escritor don José María Liceaga. Menos aun -ya editados- los archivos de don Eduardo M. Vargas, irapuatense de cepa para muchos el más acucioso de los investigadores y cronistas de nuestro histórico pasado. Ahí quedó, con el tiempo y como una herencia invaluable su "Irapuato a Través de los Tiempos".
No, no conocí a don Eduardo. Sabía, sí, que era un gran historiador; que había sido director del periódico Evolución, medio impreso que tuve el honor de dirigir del 60 al 95. También del Siglo pasado. Pero nunca me voy a cansar de sentirme afortunado por haber tenido la maravillosa ocasión de conocer personalmente a don Pedro Vargas Covarrubias -sobrino de don Eduardo-; de sentir su bonhomía cuando en alguna ocasión me ayudó a realizar un trabajo periodístico sobre el pasado de Irapuato, con el apoyo de los apuntes de su tío, una Monografía de Irapuato editada por la CANACO de entonces, y esos relatos sobre los que tiempos después abundaría en nuestros larguísimos diálogos, con J. Jesús Gutiérrez -"El Peque"-, con don Jesús Félix Magaña y don Martiniano Arredondo -hoy ya desaparecidos- y Silviano Rivera Uribe, todos ellos, como Xavier Martín Ruiz, buscadores incansables y comprometidos observantes de la histórica doctrina de don Eduardo M. Vargas.
Como cualquier mexicano, sabía que el Cura de la Congregación de Dolores, el Bachiller Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mondarte Villaseñor, había salido del pueblo Cuna de la Independencia, la mañana del domingo 16 de septiembre de 1810, junto con los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, al mando de un grupo de no más de 200 insurgentes, con rumbo a Guanajuato. Sabía que, pasando por la Hacienda de la Erre, en Atotonilco, hicieron de la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe la Bandera de la Insurgencia. Que pasaron por San Miguel y más tarde por Celaya hasta llegar a Salamanca.
Por la lógica geográfica, suponía que habían pasado por aquí en su ruta a Guanajuato, más no que una tarde gloriosa; la del martes 25 de septiembre de 1810, arribaron, a la entonces Congregación de Irapuato para pernoctar acá, esa noche y la noche del día siguiente, y salir hasta la madrugada del jueves -día 27- al encuentro de su histórico destino: hacer frente en Granaditas, en la ciudad capital, a las tropas comandadas por el capitán de fragata, corregidor e intendente de la antigua Valladolid e intendente de Guanajuato, Juan Antonio de Riaño y Bárcena, militar desesperado, pero dispuesto a pelear hasta morir, junto con los 500 efectivos a su mando.
Esto queda consignado en la misiva que Riaño y Bárcena envió al Virrey de la Nueva España, Félix María Calleja del Rey Bruder Lozada Campaño y Montero de Espinoza, justamente el 26 de septiembre de 1810; documento que prometo transcribir en una de las entregas que deseo realizar a lo largo del 2010, en el afán de difundir algunos pasajes históricos que no se encuentran contenidos en los libros de texto de hoy.
En esta primera entrega de una serie sobre el tema, me quiero concretar a transcribir algunos de los pasajes de la estancia en Irapuato del contingente insurgente al mando del Cura Hidalgo, de Ignacio Allende y Juan Aldama; un contingente que de acuerdo a lo que don Jesús Félix Magaña consigna en el capitulo de "Los Insurgentes en Irapuato" de su obra de "Efemérides", fue recibido con especial beneplácito por toda la sociedad sin distinción de sexo, edad o condición, y la autoridad en turno.
El investigador consigna que a los compases de la música, y entre los ramos de flores entregados a los jefes insurgentes, incluso el alcalde de entonces, don Gaspar Gómez Carrasco, se acercó al Libertador, le puso el bastón a sus pies ¡y la entregó las llaves de su propia casa...! Un gesto que el líder a la insurgencia correspondió al confirmarlo en su cargo de autoridad, aunque nunca me ha quedado muy claro si aquella finca colonial ubicada en la parte posterior del Templo del Hospitalito, separada del cuerpo del sacro recinto por un angosto callejón que mi amigo don Alfonso Pérez Huarte conoció en sus años mozos como "El Callejón de las Trompadas" -justo al final del andador Berriozabal-; en el sitio en que hoy se encuentra el agora construida en el trienio de Ricardo Ortiz Gutiérrez, era la casa habitación del alcalde Gómez Carrasco, pero sí que fue el recinto que albergó a Miguel Hidalgo las dos noches que pasó en Irapuato. Hay una foto de la misma del archivo del ayer que bien podría estar publicada en otra sección de nuestro SOL del día de hoy.
Esta finca fue su cuartel general durante su breve estancia. Ahí revisó estrategias, junto con sus capitanes y despachó a sus avanzadas a Guadalajara, Bolaños, León, Lagos, Aguascalientes ¡y hasta Zacatecas mismo...! De aquí mandó al hidalguense Antonio Torres a incubar el movimiento a la Congregación de Silao.
Sus capitanes -cuentan los historiadores- fueron huéspedes de las mejores familias, y puedo afirmar con certeza que estaban avecindadas en el centro de nuestra congregación; en torno a la Plaza del Zacate, también conocida como la Plaza de Armas o la Plaza de las Tandas... ¡nuestra actual Monuental Plaza Hidalgo...! pues esta fue el escenario de las prácticas militares que motivaron a muchos irapuatenses a sumarse al grupo insurgente que, proveniente de Salamanca, pasó por Temascatío y entró al pueblo por el antiguo camino que iniciaba al oriente del Puente de Guadalupe y seguía por la Calzada.
Tras estos dos días de estancia, el grupo, ya convertido en ejército, salió rumbo a Guanajuato la madrugada del jueves por la antigua "Calle del Fresno" -la Morelos de hoy en día-, haciendo rumbo a la Hacienda de El Copal y pasando por "Jaripitío" -hoy Aldama- y La Calera, para enfilar hacia el antigua camino de La Purísima, Cajones y Molineros, hasta llegar a la hacienda de Burras -la hacienda del Marques de Rayas- donde pernoctó y esperó el amanecer de ese 28 de septiembre que cada mes se recuerda de una manera especial, en el Altar de la Patria ubicado al interior de la Alhóndiga de Granaditas.
Y si usted me lo permite, voy a seguir escribiendo al menos una vez al mes sobre pasajes del movimiento insurgente y el de la revolución. No tengo -y que esto quede bien claro- los alcances de don Jesús Félix Magaña, don Martiniano Arredondo Víctor Manuel Baltazar, o Amado Gallardo Frías, y menos los de tantos otros que con ellos hacen historia en el Reino Celestial, pero con la ayuda de Xavier Martín Ruiz, Cronista de la Ciudad; de Eduardo Franco Díaz, un incansable estudioso; de Fernando Mendoza Chávez, una enciclopedia humana, y algunos otros amantes de escudriñar en nuestro pasado glorioso, porque tengo un enorme deseo de recordar y hacer recordar a los héroes de la Patria lo mismo en la lucha insurgente que en la revolución.
¿Me lo permite...? El 2010 es el año de gloriosos centenarios.
Correo Electrónico: rdlvela@prodigy.net.mx
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