Opinión / Columna
|
Fidencio Aguilar Víquez
El cuento de siempre lo mismo
El Sol de Puebla
24 de febrero de 2010
|
La demagogia es como el río revuelto: ganancia de pescadores, que significa que los aprovechados (normalmente unos pocos) viven y se aprovechan del esfuerzo de los demás.
En la comisión revisora del instituto electoral, su presidenta propuso un acuerdo para solicitar a la dirección de prerrogativas la información respecto al convenio IEE-IFE. Yo me opuse señalando, como ella misma lo ha hecho en sesiones del consejo general, que la ley no se vota, porque aunque la comisión tomara un acuerdo en sentido contrario, la mencionada dirección tenía la obligación legal de proporcionar dicha información a la comisión, por lo que el acuerdo propuesto carecía de sentido.
El acuerdo fue aprobado por mayoría y, entonces, solicité que se incluyeran en dicho acuerdo, las razones de mi voto en contra. La presidenta, en el curso de la discusión, siempre se manifestó a favor de la libertad de expresión y de las razones (incluso dijo, si mal no recuerdo, que podía defender con su vida dicha libertad), pero a la hora de votar si se incluían mis razones de voto, zas (pácatelas, gulp, flop), votó en contra de incluir mi libertad y derecho de razonar mi voto e incluirlo en el acta respectiva. O sea, "estoy de acuerdo en que te expreses, te manifiestes, digas lo que quieras, pero no pretendas incluirlo en el acta".
Por fortuna, se impuso el sentido común y la mayoría de los miembros de dicha comisión decidió incluir mi voto razonado en el acta respectiva.
Sin duda lo anterior, que parece cosa mínima, refleja en el fondo la visión que se tienen no sólo de las cosas sino hasta de la vida y la historia misma. O sea, por un lado, si la historia es el progreso de la razón y la humanización, o bien, por el contrario, la cruda lucha por el poder que se proyecta en el origen, desarrollo y decadencia de los imperios. O, aún más, una tercera perspectiva: la mezcla de ambas cosas.
Independientemente de lo señalado, las actitudes demagógicas no son antidemocráticas por contraste, sino que lo son por ser, justamente, la perversión de la democracia. No en vano señalaba Aristóteles en su Política que las formas de gobiernos, así como tienen su sentido positivo (monarquía, aristocracia y democracia) tienen su perversión (tiranía, plutocracia y demagogia).
¿O no es una distorsión y hasta perversión pregonar los principios rectores y votar en sentido totalmente opuesto? ¿Promueven estas actitudes la democracia en su sentido positivo?
Por cierto, ayer mientras caminaba a la librería Gandhi, vi la camioneta negra del instituto (la que usa en exclusiva el consejero presidente), seguramente en alguna comilona en La isla. Espero que con la exclusión de los gastos de representación para este año no salga ahora el susodicho personaje que se encontraba en una reunión de trabajo con sus colegas consejeros, y meta, como se le hizo costumbre en 2007 (2008 y 2009), las facturas para cobrarlas al instituto.
Columnas anteriores
Columnas anteriores