Opinión / Columna
 
José Alarcón Hernández 
La contienda en el 2010
El Sol de Puebla
16 de noviembre de 2009

  El 10 de noviembre, el Consejo General del IEE, declaró el inicio del proceso electoral 2009-2010, que tendrá su clímax el 4 de julio próximo, día en que se elegirá al gobernador del estado, a los integrantes del Congreso y a los doscientos diecisiete ayuntamientos.

La sesión se efectuó en el Salón Barroco de la BUAP, escenario por demás, extraordinario. Con ese motivo, me permití agradecer al rector Enrique Agüera Ibáñez, la oportunidad que nos brindó al estar en nuestra alma mater, Casa de la Ciencia, la Tecnología, la Cultura y la Sabiduría.

En esa ocasión, expresé que estábamos en la Casa de Melchor de Covarrubias, del Colegio del Espíritu Santo, del Colegio del Estado, de la Universidad de Puebla, de la Universidad Autónoma de Puebla y de la hoy, BUAP.

En este Colegio Carolino, Casa de la Compañía de Jesús, cuna de hombres eminentes como Francisco Javier Alegre, Francisco Javier Clavijero, Rafael Landívar o José María La Fragua, entre muchos otros que han abrevado y luego prestigiado a la que en otro tiempo ha sido Casa de liberales y conservadores y ahora ámbito de todas las corrientes ideológicas y culturales, se realizó esta Sesión del Consejo General.

Ese acontecimiento que seguramente registrará la historia, lo circunscribí con una expresión de Konrad Adenauer, el canciller eminente que contribuyó a crear la pujante Alemania de hoy: "Vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte".

Esta expresión, la emití teniendo en cuenta que durante este proceso los actores son muchos: el Instituto Electoral del Estado, las instituciones jurisdiccionales electorales, los partidos políticos y los candidatos, los periodistas y los dueños de los medios de comunicación, los poderes fácticos, las organizaciones empresariales, las organizaciones de los trabajadores, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias, etcétera y especialmente los electores abrumados, agobiados y agraviados, por los partidos políticos y un cúmulo de intereses que no son precisamente, los de la colectividad.

En ese entorno, de cualquier manera, estamos frente al acontecimiento público más importante porque de la constitución de uno de los poderes, emanan las leyes que rigen la coexistencia y la convivencia de quienes conformamos la sociedad poblana e igualmente porque del poder ejecutivo depende la aplicación de casi todas las leyes que rigen a una sociedad plural como la nuestra.

Es más, estamos inmersos en un proceso de capital importancia para el presente y el futuro inmediato y de mediano plazo para los habitantes de este estado.

En este proceso de la renovación de los poderes local y municipal, están imbricados el patrimonio político y material del Estado que tiene que ver con uno de los elementos consustanciales del mismo, como lo es la población.

En fin, por todo lo que representa la renovación del poder público, o gran parte de él, para ser más precisos, la corresponsabilidad eminente de cada uno de los integrantes de este consejo, es un reto extraordinario y un compromiso inexcusable por estar en el ámbito de la competencia pública.

Para el PRI, es fundamental, como estimo, lo es para todos los actores de este proceso, el que la elección se ajuste a los principios rectores comiciales, que conocemos perfectamente y que estamos obligados a cumplir puntualmente.

La legalidad y la legitimidad, son objetivo central para mi partido, pues éstas han de guiar la conducta política del PRI en todo momento.

Por otro lado, el poder público, constituido con base en la ley y en la voluntad de los electores, no está por demás reiterarlo, es una condición para la transparencia de los actos de gobierno y la rendición de cuentas.

Cicerón afirmó: "La salud del pueblo está en la supremacía de la Ley", a ésta invariablemente sometemos nuestra conducta.

Pitágoras sentenció: "La libertad dijo un día a la Ley: Tú me estorbas. La ley respondió a la libertad: Yo te guardo".

En estos apotegmas, el PRI, fundamenta su proceder.

La sana convivencia social, fincada en la ley y en la justicia, en el progreso para todos, es uno de los frutos que el Estado está obligado a procurar, de tal modo que con todo ello se evite la anarquía o el levantamiento de muros que conciten el encono social.

Así, entonces, la libertad política, todas las libertades y naturalmente la libertad de elección, son fundamentales para la construcción de una sociedad próspera en la cual los partidos políticos ocupan un papel central.

Ahora es oportuno reiterar que en la contienda identificamos y reconocemos a nuestros competidores leales, a los adversarios genuinos, a las disidencias y a las coincidencias, a los que prefieren el bien mayor, a los que escogen el mal menor.

También expresé y ahora lo reitero, que el Instituto y por lo tanto, cada uno de los integrantes de su Consejo General es autónomo e independiente, pues a nadie, nunca, se le ha obligado a votar en uno o en otro sentido.

También dije que el PRI tiene un solo objetivo: Ganar la confianza de los ciudadanos, para obtener los puestos que están en juego, por ello, tajante afirmé que mi partido no se distraerá y por lo mismo, no judicializará el proceso.

La Constitución, el Código Electoral y sus reglamentos, serán la guía invariable de nuestra conducta.

No nos asusta, ni nos atemoriza el cacerolismo verbal, aún cuando reconocemos no deja de aturdir y molestar.

Así es la lucha por el poder, lo que importa es ganar.



Estimado lector, tengo un correo electrónico que pongo a sus órdenes: alarconpuebla@yahoo.com.mx

*El autor es representante del PRI ante el Instituto Electoral del Estado y presidente de la Comisión de Procesos Internos de ese partido.




 
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