Opinión / Columna
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Valentín Lezama
Caducidad en medicinas y alimentos
El Sol de Puebla
30 de enero de 2012
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Caducidad en medicinas y alimentos
por Valentín Lezama
Hace algunos años las medicinas y medicamentos no caducaban. Lo normal era que si a la vista y al olfato demostraban que estaban descompuestos, no se usaban. De un tiempo para acá las reglas han cambiado. Todo producto elaborado sea medicamento o alimento tiene una fecha de caducidad. Eso quiere decir que a partir de la fecha de vencimiento sus propiedades ya no sirven. Y así vemos como en las grandes tiendas y farmacias, cada mes se tiran toneladas de productos. ¿De dónde salió esta política de dar fechas de vencimiento? La respuesta es obvia. Las grandes industrias gringas vieron la oportunidad de aumentar sus ganancias y determinaron que la producción no se podía detener por falta de consumo. Así los comerciantes se vieron obligados a tirar todo lo que la industria determinaba que tenía caducidad. El colmo ha llegado que los proveedores de alimentos tienen que cumplir normas de mercado. Es decir, presentación, color, apariencia y sobre todo catalogar que todo lo que es "bonito" es bueno en grado sumo. Los medicamentos siguen el mismo rumbo. En propagandas costosas anuncian todas las bondades del medicamento. Y para ello se apoyan en que las agencias de salud gubernamentales lo aprueban. Claro, no mencionan detallitos como efectos secundarios, efectividad y sobre todo que los genes de los seres humanos funcionan de distinta manera. Para los grandes laboratorios efectividad significa eliminar síntomas en el rango de 70-80%. El estar fuera de ese rango, es mala suerte. Debido a todo esto se genera un desperdicio monumental. Pongamos dos ejemplos. Si se importa un alimento de Asia, es lógico que se pierda parte en el transporte, parte en la manipulación y parte en la caducidad. Lo que queda de comestible es a veces la mitad del cargamento, con buena suerte. Es decir, el trabajo para producir el alimento es inútil. En el país de origen se genera escasez y alza de precios. Y en algunos casos se genera hambre. Los alimentos que se tiran en Europa y USA, anualmente, alimentarían a una población de algunos millones de habitantes. Es decir, no se presentarían fenómenos de hambruna en los lugares donde se producen. Ese es el caso de los rarámuris en Chihuahua. Aquí en México es un escándalo que las instituciones del Sector Salud hacen los grandes negocios con los medicamentos. El caso más notorio es que se tiran porque ya están caducos y además no tienen los ingredientes completos que venden en el comercio. Es decir, no cumplen las normas sanitarias correspondientes a los requerimientos normales.
La pregunta obligada. ¿Qué significa caducidad para los grandes industriales de alimentos y medicinas? Investigaciones recientes, para variar, hechas en Institutos y Universidades gringas han encontrado que esto no tiene significado alguno. Tomaron muestras de medicamentos caducos y encontraron que había algunos hasta con 10 años de antigüedad cuyos componentes estaban activos. Es decir, una fecha impresa, no significa que hay que tirar a la basura un producto porque así lo determina. Sus componentes para el cual fueron elaborados siguen vigentes más allá de la caducidad.
Los alimentos industrializados y perecederos, no necesariamente tienen que tener una presentación atractiva. Escogerlos, para que terminen en la basura es algo inaudito. Se sabe que las tiendas de auto-servicio, diariamente tiran a la basura todo lo que para ellos no tiene presentación. Aún hay comerciantes que recogen esta "basura" y disponen de ella. El productor está encadenado a los precios y reglas de las tiendas y por lo tanto tiene que someterse a sus reglas absurdas. Eso se ve fácilmente en la disparidad de precios entre éstos y los mercados citadinos. El mismo producto varía en el precio de forma escandalosa. La propaganda de las tiendas es que se escoge lo mejor en "presentación". No mencionan que el valor nutritivo es el mismo, sea feo o bonito. En los alimentos industrializados, las industrias someten al productor a sus dictados. En la industria no importa la presentación. Los aditivos, envases y propaganda lo suplen todo. Otra vez el productor se ve atenazado por los requerimientos reflejados en los precios. Al productor o agricultor se le paga una bicoca. El problema es que el agricultor depende mucho de la naturaleza y de las políticas gubernamentales. Y la fecha de caducidad depende de los aditivos que se le agreguen. Lo que quiere decir es que su valor nutrimental está determinado por la azúcar, sal y otras sustancias que se le agregan, ya que el alimento procesado pierde sus propiedades originales por causa de temperatura, agua y otros factores. Así tenemos que la leche pasteurizada y homogeneizada resulta una ladrona de calcio del cuerpo humano. La propaganda dice que hay consumir leche de vacas contentas. En realidad la única leche contenta es la materna y que es apta para el ser humano en sus primeros años de vida.
Resumiendo todo esto expuesto hasta este momento: CADUCIDAD es un invento del capitalismo para acelerar el consumo a costa de generar basura para que unos cuantos se enriquezcan y otros muchos se empobrezcan dando por resultado que haya hambre donde no debía de haber.
La solución más plausible y práctica es que los agricultores vendan al consumidor directamente sin intermediarios y sin especuladores de precios y sin las políticas gubernamentales.
En los medicamentos, hay que seguir la sabiduría milenaria y darle paso a la Naturopatía y la Medicina Tradicional que va de acorde con el ser humano y la naturaleza. Aunado al conocimiento actual y técnicas avanzadas, se podría eliminar el aspecto industrializado e inhumano de la medicina actual. La ley en México reconoce esta medicina alternativa, lo que ocurre es que el gobierno federal, estatal y municipal, junto con la industria farmacéutica no les conviene que el ciudadano se entere porque ellos ingresarían al grupo de los pobres.
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