Opinión / Columna
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Un comentario obligado
Francisco Robles Sarquiz
¡Que coraje!
El Sol de Puebla
19 de noviembre de 2009
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EN DÍAS PASADOS, EN UNO de esos lapsus brutus que ocasionalmente se cruzan en nuestro camino, tuve el desacierto de estacionarme en lugar prohibido y por lo mismo enfrentarme a la ley y al orden, a la amonestación de un agente, a un diálogo inútil e innecesario y finalmente a una boleta de multa que debería pagar en equis oficina para recoger la placa de mi auto como garantía de pago. Hasta ahí, el incidente había seguido el curso de los cánones establecidos: infracción, multa y pago y el rezongo normal de quien, a sabiendas de que cometió una falta, sigue pensando que la aplicación de la ley -y en este caso de los reglamentos- no siempre son medidos con el mismo criterio.
LO SORPRENDENTE NO ES haber infringido la ley y ser multado por ello, sino que esta práctica-obligación del uniformado sólo se dé a cuentagotas y en determinados lugares y en cambio ignoren olímpicamente a cientos, quizás miles de infracciones que automovilistas, camioneros, taxistas y hasta ciclistas cometen reiteradamente en la vía pública como una práctica cotidiana; sin respuesta y sin que nadie -aparentemente- trate de remediar. ¿Inexplicable?, ¡no! Es pública y para muchos comprensible aquella máxima de que "todos sabemos de qué pie cojean los agentes de Tránsito". Como un sello que trae impreso cada agente en la frente. A esto habría que sumar la indiferencia de las autoridades en turno, que a sabiendas de que el sueldo que pagan no alcanza, descaradamente voltean la vista hacia otro lado para no "enterarse" de la forma que el agente se empareja.
LO ANTERIOR VIENE A colación, porque la sociedad continuamente se pregunta: ¿por qué no infraccionan sistemáticamente a quienes se estacionan en doble fila en el exterior de mercados, escuelas públicas y privadas, oficinas de gobierno, Congreso, hospitales, o donde se les antoje? ¿Por qué los uniformados permiten que los camiones del transporte público urbano circulen con las puertas abiertas, a velocidades suicidas y se detengan a recoger pasaje en cualquier lugar de la calle? ¿Por qué no se multa a quienes bloquean accesos para minusválidos? y ¿por qué el uniformado necesita esperar a que llegue el infractor para amenazarlo de que lo va a multar y la conveniencia de llegar a un arreglo?
LEVANTAR MULTAS NO ES principal negocio de los uniformados, sería una buena respuesta. Frente al agresor y antes de borronear una boleta, prefieren entablar un diálogo conciliador y llegar con él a la conclusión de que sale más barata y menos engorroso dar una dádiva al agente, que adoptar un papel digno e incorruptible, dinero que irá a parar directamente al bolsillo del "servidor público", sin pasar por la caja de la Tesorería. ¡Que la multa podría ser de 500 pesos!; seguramente la "mordida" saldrá más barata. En pocas palabras, este rico filón, que podría ser el sostén de todos los servicios municipales, por lo menos en lo que respecta el mantenimiento, es desperdiciado y malbaratado entre unos cuantos.
ANTERIORMENTE, CUANDO ERA obligatorio cambiar placas cada año, las multas acumuladas y no pagadas eran exhibidas al infractor cuando acudía a las oficinas de Tránsito a cumplir con este trámite. Ahora, que no existe tal obligación, la pregunta que las autoridades se hacen sería cuándo, cómo y de qué manera cobraría el Ayuntamiento semejantes sanciones. Expertos en vialidades, que han observado el manejo que al respecto hacen otras ciudades de México y del extranjero, mencionan que una estricta interpretación de los reglamentos de tránsito y sus respectivas penalidades económicas a los transgresores, no sólo alivian las finanzas públicas, sino que contribuyen a levantar la estima y las virtudes escondidas de los uniformados, pero sobretodo a observar con más puntualidad lo que se puede, lo que se debe y lo que no está permitido hacer.
NADIE ESTÁ PELEADO CON SU dinero. Eso denlo por sentado. Quien es multado una y otra vez por una o diferentes faltas, sin opción de llegar a un arreglo con el agente de tránsito, lo pensará dos y tres veces antes de intentarlo nuevamente. Como lo mencionábamos en una entrega anterior, el principal recurso en este asunto es el factor humano. Sin él es imposible intentar cualquier proyecto, pero podría ensayarse como ya sucede en las fronteras norte y sur de nuestro territorio para evitar el contrabando, o por lo menos para mitigarlo, en donde un porcentaje del valor de lo incautado pasa a poder del agente que lo descubre.
EN ESTE CASO, EL DE PUEBLA, cada oficial tendría la obligación de levantar equis número de multas por turno como mínimo y de ellas, un tanto por ciento, en dinero, sería agregado a su sueldo. En esta operación, el Ayuntamiento invertirá, con recursos propios, a manera de financiamiento, este adelanto y se repondrá con creces hasta que cobre el total de la multa. Al mismo tiempo, lo ideal sería colocar módulos en diferentes rumbos de la ciudad, a donde lleguen las placas infraccionadas del rumbo, para que el usuario pueda recuperarlas en una o dos horas, o en el menor tiempo posible y no tener que ir a un lugar tan lejos como lo es Rancho Colorado y tener que lidiar con la absurda burocracia que ahí existe. Todos estas trabas para el usuario coadyuvan a fomentar la nefasta "mordida"
CON ESE DINERO -DECÍAMOS- podría adquirir el municipio muchas cosas que necesita, sobretodo para hacer más eficiente a nuestra policía y al cada día más numeroso equipo de agentes de Tránsito, pero también para que cada uno de ellos obtenga un ingreso extra a su salario mensual y valorice con diferente óptica lo que podría perder en caso de ser sorprendido recibiendo sobornos de los conductores y por lo mismo ser despedido.
LA CORRUPCIÓN EN MÉXICO no nació ayer ni desaparecerá mañana, pero si de veras estamos dispuestos a erradicarla y no sólo asustarnos y hacer cara de "yo no fui" cuando sale a flote, desde ahora deberíamos construir e inventar mecanismos que suplan lo que con ella se logra. ¿Cómo alcanzaría cada agente el número de multas que el ayuntamiento pondría como mínimo? ¡Fácil! Bastaría que salieran a la calle a trabajar y no sólo a aturdir el oído con silbatazos; recorrer el área que les corresponde; sacar la libreta, desprender la placa, anotar el lugar y el tipo de infracción de los cientos de autos mal estacionados, en doble o en triple fila y dejarles la multa en el parabrisas, o dársela personalmente al conductor, tomando en cuenta que la falta es igual con el conductor al volante, o por haber dejado abandonado el vehículo. Similar a como se hacía antes, no hace mucho tiempo por cierto.
AL PRINCIPIO, AL AGENTE LE VAN a faltar manos para levantar una extraordinaria cantidad de multas, pero con el tiempo éstas vendrán a menos, a no ser que al ciudadano poblano le guste gastar su dinero de esta manera. El principal objetivo de esta cruzada sería evitar que la sociedad poblana se siga riendo de los reglamentos de Tránsito y de todos aquellos que los representan.
LOS INCONVENIENTES, LOS CUALES podrían tirar al cesto de la basura todas estas intenciones, sería el eterno influyentismo y por ende la cancelación de multas. Asimismo, la preferencia u omisión hacia unos y el "cargarles la mano" a otros, lo cual causaría resquemor hacia las autoridades. Otro aspecto a combatir sería el pago que muchos comerciantes continúan haciendo a los agentes para que se "hagan de la vista gorda" cuando se estacionan en doble fila para descargar, comprar, o para lo que usted quiera.
ALGUNOS DE MIS CONTADOS lectores dirán: "a éste le dolió la multa" y efectivamente, me dolió, no por el dinero gastado, sino al darme cuenta que junto a mí y otro que estaba más adelante, ni siquiera fueron amonestados o conminados a retirarse por estacionarse, de la misma manera, en doble fila. Lo dicho, la ley en Puebla y quizá en todo el país, no se mide con el mismo rasero.
franciscorobless@hotmail.com
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