Opinión / Columna
 
Parlamento 
David Bravo y Cid de León 
La verdad no peca, pero sí incomoda
El Sol de Puebla
31 de enero de 2012

 

Parlamento

David Bravo Cid de León



La verdad no peca, pero sí incomoda



Buscar la verdad es difícil, pero es más difícil aceptarla porque implica reconocer la dimensión humana frente a la dimensión inconmensurable de lo sobrenatural. El hombre no se creó así mismo y por esa realidad innegable tiene las limitaciones propias de su ser; inclinaciones a rehuir todo lo que implica vencimiento y esfuerzo; egoísmos individualistas que generan injusticias sociales; durezas de corazón que desprecian al pobre y miserable destruyendo el tejido social; ensoberbecimientos que pretende erigirse en dios frente a Dios, entre otras muchas más limitaciones.

Hablando sin retruécanos, es menester anunciar, con el valor que nos exige proclamar la verdad: que la persona es mas persona cuando reconoce la verdad de sus limitaciones, realidad objetiva que nos empuja a reconocer, aceptar con humildad y a anunciar que el hombre se deshonra a sí mismo al tolerar conscientemente ser víctima de las maquinaciones que entorpecen, obstruyen y cancelan el desarrollo integral de la persona.

Si se niega la facultad de las personas de ser sociables por naturaleza se atenta contra una de las prerrogativas fundamentales de ser persona. El Intentar prostituir la cualidad de lo relacional con un contrato social que solo existe en la mente de los neoliberales es mutilar a la persona y atentar contra su dignidad de hijos en el Padre, redimidos por Cristo y con el auxilio de la gracia poder ser, en verdad, prójimos de sus congéneres. En esta contextualización las teorías, las ideologías y las doctrinas que le niegan a la persona su inherente dignidad de hijos de Dios y sus naturales prerrogativas como lo hace el materialismo teórico y práctico, el neo-liberalismo inhumano e injusto mutilan a la persona al pretender negarle los elementos necesarios para su realización y superación individual, personal y colectiva.

Actuar en la dinámica del egoísmo individual, del interés centrado en sí mismo, del beneficio particular con desprecio de los demás es cavar la tumba propia en el fondo del precipicio de las miserias humanas al intentar que el ser finito sea igual el Ser Infinito y Necesario. Lo hasta aquí analizado y discernido, sirva de juicios de valor a la ciudadanía en general para calificar a pre-candidatos y candidatos únicos que presumen de ser liberales y neo-liberales en posicionamiento político. Los hay de historial de corrupción y de falsedades inocultables; los hay embusteros y farsantes que buscaron sembrar e instrumentar la violencia como sistema político y ahora dicen buscar el amor; los hay mentirosos cuya falsedad impone la violación de los derechos de participación y representación mediante la más absurda imposición partidista; los hay soberbios y fatuos que saben que no son ellos lo que de ellos mismos se dicen; los hay que exaltan el cinismo y la desfachatez de decir y confiar ser sostenidos por la delincuencia política organizada y subvencionada por el narcotráfico (caso Morelia).

Las excepciones son muy contadas. Si no hubiera excepciones no habría puntos de referencia. La acción electoral y la actividad política son dos bienes fundamentales de la persona que nacen de su inherente dignidad de seres racionales que son constituidos en la libertad y en la verdad de la auténtica participación y representación política. Estos derechos son inalienables, no manipulables, no instrumentalizados en la obsesión de imponer caprichos personales sobre el bien que es común a los ciudadanos como personas y como seres de razón.

Solamente el sufragio universal es la vía válida para hacer honor a la democracia y respetar el honor de los ciudadanos que buscan darse gobierno por sí mismos en libertad y no por imposiciones. La encuesta, tipo Mitosfky, no puede suplir la voluntad política del ciudadano, menos justificar el fementido derecho de imponer, por la fuerza y a la fuerza, candidatos y actitudes político-electorales que destruyen el tejido social. Creo que ahora más que nunca los mexicanos estamos obligados a razonar el voto estén en el partido que estén; sean de la ideología que sea; sean del estrato social que sea. No razonar el voto, caer en la abstención, nulificar el voto es la más grande estupidez política porque muestra la cobardía y la complicidad con la corrupción política organizada. Quejarse como plañidera y no actuar en la espera de que todo se resuelva por si solo sin nuestra participación es renunciar al derecho y caer en el vacío de no ser sujetos del derecho a ser representados dignamente.

davidbravocid@yahoo.com


 
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