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Opinión
![]() Pericles Olivares
A cien días
El Sol de Puebla
25 de noviembre de 2008
Pericles Olivares Flores*
El viernes de esta semana se cumplen cien días de la firma del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, el término auto impuesto para evaluar sus logros, será motivo de un nuevo debate en esa inercia que caracteriza la marcha del País. Son debates cíclicos que mucho animan a los medios y que se convierten, desafortunadamente, en parte de un paisaje que poco o nada aporta al ciudadano, quien por lo general no se encuentra suficientemente informado El tema es delicado, porque atañe a la seguridad, a la calidad de vida de mujeres y hombres en lo individual y a la colectividad y va ligado desde luego al patrimonio, a la integridad física, a la vida misma. El balance somero es negativo. No se requieren sesudos estudios para pensar así; aunque hay quienes han emprendido un serio registro del punto en que estábamos como país hace casi cien días con respecto a hoy y encuentran no tan solo que no hay avances, sino que existen preocupantes retrocesos. En el mejor de los casos, hay coincidencia de diversos analistas en el hecho de que varios de los acuerdos que se emprendieron o se reactivaron en realidad son compromisos reciclados, que figuraron en metas de funcionarios o dependencias y que frente a un momento de crisis simplemente se pusieron al día. Eso mismo abre un flanco que será objeto de severas críticas. Otro ángulo son las cifras. A raíz del acuerdo multitudinario y mediático, los índices más observados no experimentaron retrocesos de consideración, sino que se multiplicaron. Tal es el caso de las averiguaciones previas, los delitos del fuero común y los robos en el Distrito Federal (Ver "Reforma", "Enfoque", 23 de nov. 2008). Para colmo, sucedieron justamente dentro de este periodo evaluatorio dos de los hechos más impresionantes en la vida del país desde la muerte de Luis Donaldo Colosio: La aparición del terrorismo contra la sociedad inerme en la Plaza de Morelia y el accidente espeluznante en el que pierde la vida el hombre número dos del poder en el país, el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño. Ambos hechos en el imaginario popular penetran hasta las entrañas y desatan toda clase de interpretaciones que tienen como común denominador el tema de la inseguridad en México. Y un pendiente que no ha quedado satisfactoriamente atendido, que es el centro de la atención de las organizaciones no gubernamentales: La obstaculizada creación del Observatorio Ciudadano que tendrá por misión monitorear la marcha de las instituciones que tienen que ver con la seguridad; al propio Consejo de Seguridad del País y el registro puntual de las estadística rojas obtenido de los diversos canales institucionales más confiables. Desde luego, analizado el tema mesuradamente, nadie con sano juicio esperaría un cambio radical en la vida de México de hace cien días a la fecha. Eso es parte de un proceso. Pero ahí se encuentra precisamente el fondo de otro grave error de origen que es el haber difundido y hecho concebir a la sociedad, que al cabo y por efecto de una reunión rimbombante y espectacular, el país tendría efectos sorprendentemente positivos. La serie incontenible de mensajes en la radio y la televisión van en esa dirección. El impacto de una campaña así tiene una desembocadura que no es otra que el desencanto. Como se puede apreciar, una mala comunicación embalsama un buen propósito mal concebido en su gestación, desarrollo y resultados. *Secretario del Trabajo y Competitividad del gobierno del estado. periclesolivares@hotmail.com Columnas anteriores
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