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Opinión
![]() Pericles Olivares
El accidente y sus lecturas
El Sol de Puebla
12 de noviembre de 2008
Pericles Olivares Flores*
En el clima del país, hechos como el del accidente en el que perdieron la vida 14 personas, entre ellas el ex secretario de Gobernación federal, Juan Camilo Mouriño, concentran la atención y constituyen una oportunidad para reflexionar sobre múltiples temas que convergen en lo extraordinario, en lo que está más allá de la vida común de un país cada día. En primer término, sin duda la relevancia del personaje; ello lleva entre otras cosas a reflexionar en la fragilidad de la vida, pero a la vez nos conduce a pensar en la necesidad del fortalecimiento de la estructura de las instituciones y su funcionamiento, afirmando que en la realidad nadie es absolutamente indispensable y que especialmente el servidor público, más allá de su persona, debe actuar pensando en el país, en su responsabilidad social y consecuentemente, en mantener una estructura operativa para que la institución funcione para el fin creado aún si en un momento dado hubiera que prescindir, por cualquier motivo, del titular del área. Puede resultar frío o crudo el comentario, pero es absolutamente realista. Una nación no puede estar concebida para personas indispensables. Todos somos mutables en cualquier momento y parte fundamental de la responsabilidad de un servidor público es prever que la institución opere, que no interrumpa su marcha por la ausencia del titular. En este caso, por cierto, el país ha mantenido su actividad normal, al margen del sentimiento de dolor que provoca la pérdida de vidas humanas, sean funcionarios relevantes o personas comunes. Otro aspecto clave de circunstancias imprevistas como la referida es el hecho de la información que se emite en torno a ellas. Un suceso de tal impacto en la sociedad merece ser tratado con absoluta transparencia y oportunidad. La claridad con grado impecable no sobra, por supuesto. Frente a accidentes o hechos funestos como éste la sociedad reacciona con un alto grado de escepticismo en cuanto a las causas, los motivos o los efectos. Una porción muy importante de la sociedad se muestra absolutamente incrédula y da cabida a toda clase de explicaciones, desde las profundamente convincentes hasta aquellas que rayan en lo novelesco y que las más de las veces resultan lejanas de la realidad o la lógica. El país, en los tiempos actuales sobre todo, está hipersensible para recibir como "normal" un accidente, no obstante que toda la información cubra perfectamente bien las condiciones para explicar que lo es. Esto tiene que ver sin duda con el hecho de que hoy por hoy y en atención a tantos y tan variados temas que a la postre se han revelado como falsos ante los mexicanos, nos cuesta mucho trabajo creer como cierto un asunto relevante de cualquier naturaleza, sea político, social o comercial. El escepticismo se ha adueñado de una gran parte de nuestras vidas, expone el fantasma de la duda que ronda en nuestra nación por una añeja falta de transparencia que en los distintos niveles del quehacer social se ha hecho presente sin pudor alguno Estas son tan solo algunas luces de tono amarillo o rojo que, de una enorme cauda, seguirán encendidas en torno a un suceso tan lamentable como el que acabamos de registrar en el país en los días recientes. Queda el deber de reflexionar en ellas, ahondar en su significado y proceder conforme a la ley y la conciencia; ah y por supuesto analizar objetivamente y sin fantasías nuestro entorno social para poder, como buenos mexicanos, extender juicios razonables que nos lleven a mejores destinos. *Secretario del Trabajo y Competitividad del gobierno del Estado. Columnas anteriores
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