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Opinión
![]() Pericles Olivares
Lecciones de la reforma energética
El Sol de Puebla
28 de octubre de 2008
Pericles Olivares Flores*
Esta semana concluye la discusión sobre la llamada para unos, reforma energética, para otros solamente reforma de Pemex y deja tras de si un muy largo proceso en el que se ofreció un multicolor paisaje formado con hechos, posiciones, propuestas e ideas, que retratan como pocos sucesos la forma en que abordamos un asunto los mexicanos. Si bien el año que transcurre registra desde los primeros días opiniones múltiples sobre la materia, fue en abril cuando el Presidente de la República dio a conocer su iniciativa y con ella la cascada de comentarios en pro y en contra. Este largo periodo terminará con octubre, pero el tema no esta agotado porque su naturaleza misma lo sitúa siempre abierto. Es lógico: Se trata del recurso material más importante de México, pieza vital de nuestro patrimonio y eje fundamental de nuestro presente y futuro como país. En torno de este, a lo largo de más de siete meses, hubo posiciones en choque, brutalmente encontradas; grandes movilizaciones como contadas veces ha ocurrido en México fuera de un periodo electoral, publicación de libros, denuncias escandalosas, espionaje, reclamos de renuncia de personajes encumbrados y abandono brusco del cargo de otros no menos conspicuos del poder cupular, derroche en campañas propagandísticas, verdades y mentiras galopantes, propuestas de hondo sentido nacionalista y otras cargadas de servidumbre al capital e intereses extranjeros y como marco de todo esto ríos de tinta además de tiempo incuantificable en radio y televisión. Sería profundamente revelador el análisis cualitativo y cuantitativo que tuviera como resultado el colocar en blanco y negro frente al país, la manera en que las partes interesadas participaron en este singular debate. No sería muy aventurado decir que el método que se siguió en todo este proceso no es propiamente un modelo como para exportación, ya que a lo largo del mismo se exhibieron muchas de las pobrezas y debilidades del sistema político mexicano. Y dentro de ese extenso muestrario de algunas de nuestras vergüenzas está, por supuesto, la concepción del ejercicio del poder, la palabra con tan escaso crédito y el uso de ésta como herramienta recurrente para cubrir de opacidad los actos públicos y de lodo a los adversarios. Un ejemplo, uno sólo, del gasto absurdo que por sí solo debería, en cualquier otro país, desembocar en una sanción pública: El anuncio promocional repetido hasta el cansancio sobre "el tesoro mexicano en aguas profundas", que tuvo un costo para el presupuesto federal de 256 millones de pesos! Muchos flancos punibles dejó ese caótico debate, sin embargo, la historia habrá de reconocer que de no haberse forzado las circunstancias por corrientes sin duda engañosamente asertivas, para airear al máximo la discusión sobre este tema, otro y acaso más grave hubiera sido el camino y desenlace. Al final, todos los grupos aportaron algo, o mucho, para el final, si no feliz al menos casi consensado y en alto grado satisfactorio que el asunto tuvo. No todos los actores estuvieron a la altura de las circunstancias. Dicho de otra manera: pocos son quienes al concluir la jornada muestran congruencia y lucidez cuando esto precisamente debió ser la norma. Una aproximación al balance pondría a cada quien en su sitio, y en verdad mostraría a la sociedad los alcances y naturaleza de cada uno de los actores en esta larga y heterogénea etapa en la vida reciente del país. *Secretario del Trabajo y Competitividad del gobierno del Estado. Columnas anteriores
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