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Opinión
![]() Pericles Olivares
El reto político de hoy
El Sol de Puebla
21 de octubre de 2008
Pericles Olivares Flores*
Se suele decir, más con ánimo de impresionar que de discutir razonablemente, que nunca como ahora la tarea de gobernar -un municipio, un estado, un país, una Cámara Legislativa, un cuerpo colegiado- ha estado tan desgastada por el juicio popular y por ende tan desprestigiada. Y es probable que esto sea verdad, pero como sucede con tantas cosas del quehacer humano, lo más seguro es que estemos ante una verdad relativa. Todos los países, todos los pueblos en determinados momentos de su historia, han sufrido el desprestigio de sus gobernantes y de sus órganos de autoridad, sea en el campo de la política, la religión, la justicia, la milicia y hasta en el caso de la academia. Y ese desgaste, ese descrédito extendido, ha sido en múltiples ocasiones el preludio y hasta el motor de los cambios, a veces de manera violenta y en otras por caminos incruentos pero igualmente profundos. La crisis del poder, la caída de gobiernos, el cambio de regímenes, el ocaso de sistemas de gobierno e imperios, ha sido la constante en la historia de la humanidad, en todas las latitudes. No es exagerado decir que ha sido, inclusive, el paso obligado, la transición de una etapa a otra, las más de las veces para bien, pero en no pocas ocasiones para retroceder. Hoy, comentaba acertadamente un observador agudo y dotado de esa privilegiada sabiduría que dan los años, lo que sucede es que las sociedades viven en medio de sistemas de información y comunicación como nunca había acontecido en la historia del mundo, y tenemos la oportunidad de conocer lo que sucede prácticamente en todos los rincones de la tierra, en cuestión de minutos. Y esta condición de sobre-información, nos permite interpretar e hilvanar hechos, comparar tantas conductas como actitudes se quiera y a veces fallar, porque la conclusión que es válida para otros territorios o países puede no serlo para el nuestro. Sin embargo, lo que está en el centro de todo esto, tanto del ejercicio acertado del poder como de la conducción errónea del mismo, es aquello que debería ser invariable en las mujeres y hombres que tanto lo buscan como lo practican y que se pierde a veces de la mira; que los pueblos reclaman y han reclamado siempre, en todos los tonos, idiomas y circunstancias y en cualquier punto del planeta: Los principios y los modos, vaya... la congruencia. Se pide al gobernante y al político apego al derecho, a la justicia, se exige una conducta moralmente responsable y ejemplar para los ciudadanos siendo esto es total y absolutamente correcto; pero a mas de ello hoy la sociedad exige en sus líderes congruencia; identidad entre el decir y el actuar. La falta de ella desequilibra los gobiernos y pervierte los más nítidos paradigmas del ejercicio del poder. No puede gobernarse sin legitimidad, sin el respaldo popular y mucho menos dictatorialmente, pero hoy como nunca la sociedad exige de sus candidatos, gobernantes o líderes en general que pongan en práctica lo que dicen y bajo ninguna circunstancia dejen de cumplir en la mejor forma posible con aquello que su conciencia ha expresado a través del lenguaje. Ese, precisamente, es el reto político de hoy. *Secretario del Trabajo y Competitividad. Columnas anteriores
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