Opinión
Bitácora municipal
Enrique Chávez Estudillo
Honrar el 5 de mayo

El Sol de Puebla
2 de mayo de 2008

Enrique Chávez Estudillo*

Siempre he pensado que para rendir homenaje a los héroes nacionales es necesario no olvidar lo que hicieron y, sobre todo, tomar sus ejemplos, no rendirse ante las adversidades que afectan al país y continuar su lucha por la democracia y la justicia social.

Por ello, aprovecho la colaboración de este día para hacer una pequeña remembranza histórica de lo que ocurrió en torno al 5 de mayo de 1862 en nuestra ciudad. Este día se recuerda el día de la Batalla de Puebla, en la que el ejército mexicano venció al francés, que era el más poderoso del mundo, contaba con más elementos y mejores armas, además de estar más preparados en las actividades bélicas.

La historia narra que en ese 1862 el presidente Benito Juárez suspendió los pagos de la deuda externa por dos años, ante la crisis financiera del país y los franceses, españoles e ingleses vinieron a México, para amedrentarnos y seguirnos explotando económicamente.

Después de algunas negociaciones con el presidente Benito Juárez García, quien no solamente enfrentaba la amenaza exterior, sino también la beligerante disidencia de los conservadores, los ingleses y los españoles se marcharon sin problemas mayores, pero los franceses no pensaban irse, porque Napoleón III quería establecer en México una monarquía favorable para Francia y era apoyado por los enemigos del juarismo.

Las tropas francesas estaban muy bien equipadas y eran mucho más numerosas que el ejercito Mexicano, por ende, Benito Juárez convocó a toda la población a que luchara contra ellas y logró formar un ejército de aproximadamente 4800 hombres, en su mayoría indígenas de Zacapoaxtla y Tetela de Ocampo.

Ese 5 de Mayo de 1862, el General invasor Charles Ferdinand Latrille, conde de Laurencez, ordenó el asalto a los fuertes de Loreto y Guadalupe, que defendían la ciudad y estaban al mando del General Ignacio Zaragoza Seguín, nacido en Texas cuando todavía pertenecía a México, quien logró rechazar a los franceses, que sufrieron grandes pérdidas al intentar repetidas veces tomar las fortificaciones.

Al final, tuvieron que abandonar el campo, vencidos y perseguidos por la caballería mexicana. La noticia del triunfo en Puebla generó entusiasmo en todo el país, levantó la moral del pueblo que se encontraba desanimado, lastimado por disputas internas y temeroso de la invasión extranjera.

Pero la guerra no acabó aquí, sino que en junio de 1864 un grupo de conservadores marchó a Francia a ofrecer el gobierno de Napoleón III extender su imperio, ya que éste tenía planes de extender el Imperio Francés y, por ello, mandó a Maximiliano de Hamburgo a tomar el trono y formar el Imperio de México.

Los austriacos Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota llegaron a la ciudad de México para instalar el Imperio Mexicano y fueron coronados como el Emperador y la Emperatriz de México. Se dice que vino engañado por los conservadores, que le habían dicho que la población estaba de acuerdo con su imposición, lo que no era cierto.

El gobierno de Maximiliano no fue malo, porque él mismo era un liberal y organizó la administración del gobierno, quitó a los indígenas la esclavitud y desarrolló los recursos naturales del país, pero no pudo evitar la oposición del pueblo mexicano y los republicanos, al mando de Benito Juárez, no aceptaron la intervención extranjera, se refugiaron en el norte del país y pidieron ayuda (financiamiento y voluntarios) a los californianos y a otras colonias mexicano-norteamericanas para la lucha.

Finalmente, Maximiliano fue derrotado y capturado el 15 de mayo de 1867, se le juzgó por una corte marcial y fue ejecutado por una escuadra de fusilamiento el 19 de junio en el Cerro de las Campanas. Igual destino se impuso a sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Hoy que la Batalla de Puebla nos recuerda el espíritu de lucha y el amor a la independencia que caracteriza el pueblo mexicano, es un buen momento para recordar que somos más fuertes que nuestros adversarios y que podemos vencerlos, aunque los problemas actuales no sean ejércitos invasores o invasiones territoriales, sino la pobreza, la delincuencia organizada y la corrupción en todas sus formas y niveles.



*Presidente de la comisión de Derechos Humanos en el Cabildo de Puebla.

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