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Opinión
![]() Cultura a la mexicana
Napoleón Fillat
Zapatero a tus zapatos...
El Sol de México
25 de noviembre de 2007
El domingo pasado se encontraron de frente dos corrientes que si bien no son excluyentes, para algunos el antagonismo es claro cuando se trata de defender el derecho del otro y me refiero al incidente que se llevo a cabo en la Catedral de la Ciudad de México.
Se dice que en el momento en que se llevaba a cabo el informe del gobierno legítimo de Andrés Manuel López Obrador, se tocaron las campanas de la Catedral, lo cual representó un desafío a los ojos de algunos de los asistentes y acto seguido una turba de perredistas se abalanzaron sobre la comunidad de feligreses que se encontraba ahí, según las versiones de algunos comunicadores los manifestantes exigían al cardenal Norberto Rivera que no siguiera con sus provocaciones, el detalle es que en ese momento el cardenal primado de la Ciudad de México, no se encontraba en la Catedral por lo que hubo empujones que terminaron en un pequeño zafarrancho, lo que conllevó al cierre de la catedral toda la semana con las consecuencias políticas que ya todos conocemos. Creo que esta situación se origina por la falta de tacto político de algunas de las corrientes que siguen a Andrés Manuel, ya que a la primera supuesta provocación reaccionan como si el agravio hubiese sido en lo más sagrado de su persona, a su vez la respuesta de la jerarquía católica no se hace esperar, la cual, desde mi punto de vista actúa un poco desproporcionadamente, ya que de inmediato se acusa a toda una corriente política, es decir se responsabiliza a todo el partido de la Revolución Democrática, cuando los responsables son sólo unos cuantos. Lo más preocupante de esta relación de animadversión, entre seguidores de Obrador y los representantes de la Iglesia católica, deriva en un daño mutuo, ya que si bien algún sector de los adeptos de nuestro "presidente legítimo", tienen la buena fama ganada a pulso de ser rijosos y sobrepasar las barreras de la civilidad, lo cierto es que son los menos y algunas veces el conflicto se magnifica de tal manera que ante la opinión pública, se forma la opinión equivocada de que todos los militantes del sol azteca significan un peligro para la nación. Nada más alejado de la realidad, ya que si bien, es por todos conocida la diferencia de opiniones entre la corriente conservadora que representa la Iglesia católica y la izquierda posmoderna del perredismo, también es cierto que esta diferencia de ideas, también se pueden desahogar en los espacios generados por la sociedad, como ejemplo podemos decir que si recordamos que la corriente conservadora se opuso a la despenalización del aborto en las nuevas modalidades que propuso el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, lo cierto es que la discusión la ha llevado a cabo el perredismo desde trincheras jurídicas, como en el Senado de la República, en el que el perredismo propuso una Ley de muerte digna, un tema muy polémico pero a la vez ha cobrado importancia vital debido a los avances propios de la técnica médica. Los mexicanos deberíamos obligar a que ambas corrientes dialogaran bajo la premisa de la civilidad, no obstante que uno de los objetivos primordiales de la vida en democracia es la convivencia pacífica entre las divergencias de pensamiento, esto no significa que debemos opinar de la misma manera, por lo que es una constante en las sociedades modernas el derecho de todo ciudadano a disentir con las ideas de los demás; lo que no se vale es que en esa diferencia de pensamientos la sociedad quede relegada como simple espectadora frente a su televisor, ya que lo más importante en una democracia naciente como la nuestra es que se establezcan bases sólidas para la convivencia entre los individuos y sus actores políticos, lo que significaría que la tolerancia debería reinar aun cuando existan opiniones divergentes, las instituciones establecidas deberían ser más reflexivas, como lo dio a entender en su primera encíclica, «Deus Caritas est», Benedicto XVI, la Iglesia no debe tratar imponer la religión a los no creyentes, ya que no podemos esperar que nuestra verdad sea la misma para todos. Por esto, cada corriente debe dedicarse a lo suyo: la Iglesia a salvar almas para el Reino de los cielos y los seguidores de Obrador, bueno a lo que crean que es su objetivo, por lo que en nuestra cultura a la mexicana cobra vigencia la máxima de que: ¡A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César! napoleonef@hotmail.com Columnas anteriores
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