Opinión / Columna
 
Economía y Política 
Miguel Angel Ferrer 
El Papa y Peña Nieto, en apoyo de Maduro
El Sol de México
21 de junio de 2013

  Dos nuevos y duros golpes ha recibido la ultraderecha golpista venezolana en sus afanes por desestabilizar al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Primeramente, la entrevista entre el jefe de la iglesia católica, el Papa Francisco, y el mandatario venezolano, y acto seguido, la categórica declaración de Enrique Peña Nieto en el sentido de que no está en disposición de entrevistarse con el líder de los golpistas criollos, el empresario y cipayo de Washington, Henrique Capriles Radonsky.

La visita oficial de Maduro al Papa es, por varias razones, un duro golpe para la ultraderecha venezolana. Primeramente, porque esa visita significó, en los hechos, el reconocimiento, por cuenta del jefe del Estado vaticano, de la legitimidad del gobierno de Maduro. Ese reconocimiento, siendo en sí mismo importante, lo es aún más porque significa que el Papa está poniendo un hasta aquí a lo claros propósitos de la cúpula de la iglesia católica venezolana, en complicidad con Capriles y Washington, por desestabilizar y crearle dificultades, desde el púlpito, a Maduro.

El asunto es de la mayor importancia, porque, como bien se sabe, la población venezolana es mayoritariamente católica, y porque la tendencia entre los católicos latinoamericanos es anteponer la suprema autoridad del Papa frente a los designios políticos de la jerarquía autóctona.

En segundo término, la entrevista de Maduro con el Papa representa, también en los hechos, una toma de partido del jefe de la iglesia católica en favor de Maduro contra la política intervencionista de Estados Unidos que se niega a reconocer al nuevo gobierno de Venezuela.

A este triunfo de la diplomacia de Maduro se ha sumado la dicha declaración de Peña Nieto. Así, claramente, Capriles mira que en sus afanes desestabilizadores sólo cuenta con Washington y, desde luego, con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, destacado peón en Latinoamérica de la política guerrerista e intervencionista de Estados Unidos.

De este modo y al paso del tiempo va perdiendo empuje el golpismo en Venezuela. Y Nicolás Maduro va demostrando que tiene capacidad para desarmar a su principal oponente.

Es verdad que una cosa es el frente internacional y otro el interno. Pero no debe olvidarse que la fuerza principal de Capriles y sus golpistas no están en Venezuela, sino en el exterior, concretamente en Washington y en Bogotá. Y que desarmar internacionalmente a Capriles significa para Maduro fortalecerse también en lo interno.

Recuérdese que el dinero con que Capriles financia sus ataques al gobierno de Maduro proviene de Washington. Y recuérdese igualmente que la vecindad fronteriza entre Colombia y Venezuela es una potencial fuente de provocaciones yanqui-colombianas contra Maduro. De modo que restarle apoyos internacionales a Capriles redunda necesariamente en el fortalecimiento de Maduro en lo doméstico.

Es claro que tanto el Papa como Enrique Peña Nieto tienen su propia agenda con respecto a Venezuela, diferente en lo fundamental, a la de Estados Unidos. Y aunque el argentino y el mexicano tienen sus propias razones, el resultado neto es el debilitamiento de Capriles y el fortalecimiento de Maduro.

Bergolio hace acto de presencia en Latinoamérica de un modo categórico en un tema sin duda conflictivo. Y demuestra claramente que Washington no es la única fuerza externa con presencia e influencia en la región. Cada cual por su lado, tanto el Papa Francisco como Peña Nieto se suman en apoyo de Maduro a los gobiernos de Brasil, Bolivia, Argentina, Uruguay, Nicaragua, Cuba y Ecuador. Una fuerza ahora acrecentada nada despreciable frente a los hoy debilitados esfuerzos golpistas de Washington y Capriles. 

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx
 
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