Comunidad y Cultura Local
El Señor de las Maravillas
El Sol de Puebla
2 de abril de 2010

QUINTA Y ÚLTIMA PARTE

Julieta Cerezo

El Señor de las Maravillas es una figura dramática del Siglo XVII que recibe a miles de feligreses, sin importar que sea o no día de celebración, es celosamente resguardada en el convento de Santa Mónica, cuyo valor va más allá de lo que la propia historia del arte pueda dictar o la misma hagiografía pueda explicar, ya que es en la mente y fe de cada uno de sus visitantes y en la medida de la respuesta a su oración, que esta imagen es estimada.

Aunque se sabe que su fecha de mayor veneración es este día, el Viernes Santo, el Señor de las Maravillas recibe ya sea un sábado o un lunes a más de dos millares de fieles devotos, tal es la demanda de uno de sus milagros y el agradecimiento de éstos, que los encargados de su cuidado han colocado en más de una ocasión, letreros en los que avisan a los feligreses que los regalos que le son dejados serán removidos cada quince días.

La fiesta del Señor de las Maravillas se celebra el 1 de julio; de acuerdo con el arqueólogo Eduardo Merlo Juárez, la historia detrás de la adoración del Señor de las Maravillas, data de hace unos siglos, cuando enfrente del templo de Santa Mónica había una cárcel, en la que uno de los presos era diariamente visitado por su esposa, quien conoció a otro reo cuya absoluta soledad le conmovió, por lo que decidió llevarle comida en una canasta, al igual que a su marido.

Cumplida su pena, el esposo salió de la cárcel y notó con recelo que su mujer seguía visitando la prisión, por lo que comenzó a sospechar que ésta lo engañaba con el recluso al que también llevaba alimento, sin dudarlo decidió confrontarla y un día en su camino al lugar, la amenazó para que confesara a dónde iba y con quién iba, al notar que llevaba la canasta le exigió que le mostrara cuál era su contenido, por lo que la mujer al no tener otra opción sólo respondió que llevaba "maravillas al señor".

De forma inexplicable aparecieron en el cesto, decenas de flores moradas denominadas maravillas, ante el asombro de la pareja, éstos decidieron llevarlas al templo y colocarlas en la figura de Jesucristo, por lo que comenzó a ser llamado el Señor de las Maravillas, aunque su nombre original era el Señor de las Caídas, por la pose que tiene Jesús en la pieza que le es atribuida a la madera de un árbol que fue derrumbado por un rayo frente a la parroquia de San José.

Es sin duda la de mayor devoción en Puebla. De las cinco imágenes que forman parte este día de la procesión de Viernes Santo, es la única que no tiene capilla; desde lejos vienen los devotos hasta el templo donde es huésped de las monjas Mónicas Agustinas, quienes lo obtuvieron en una rifa, comentó Merlo Juárez.

Se dice que originalmente estaba acompañado de dos sayones romanos quienes sostenían látigos. Se colocó en el coro bajo y una noche, una de las novicias escuchó extraños gemidos y golpes secos. Llena de miedo buscó a la superiora, juntas descubrieron que los soldados azotaban a Jesús, sin misericordia. La noticia cundió por todas partes, de inmediato adquirió fama y cariño, siendo retirados los verdugos, los cuales quedaron quemados.