Cinematografía
Concluye el 41 Festival de Cine Húngaro de Budapest
El número de películas presentado en competición fue más o menos igual que en el año anterior. Foto: Agencias
Organización Editorial Mexicana
8 de febrero de 2010
Alexis Grivas, Enviado Especial
Budapest, Hungría.- Concluyó aquí en la capital húngara el 41 Festival Cinematográfico de Budapest, que, aparte de presentar al público húngaro la producción del año en estreno mundial, sirve para que especialistas extranjeros invitados por Magyar Film Unio se enteren de la producción del año.
Como resultado, muchas de estas películas encuentran posteriormente su camino tanto en los festivales extranjeros como en las salas de otros países, ya que entre los invitados se encuentran tanto críticos como directores de festivales, compradores y exhibidores procedentes de varios países, algo igual que sucede con el cine nacional durante el Festival de Guadalajara, que justamente en su edición de 2011 podría tener a Hungría como país invitado, presentando una gran retrospectiva del cine de este país.
* Meszaros y Jancso, fuera de competencia
Es para esto que el director del certamen tapatío, Jorge Sánchez, se encontrará dentro del inminente Festival de Berlín con Eva Vezer para dar curso al proyecto.
El número de películas presentado aquí en competición fue más o menos igual que en el año anterior -16 filmes de ficción comparados con 18 en 2009-, otros tantos fuera de competencia, además de 10 telefilmes y más de otros 100 entre cortometrajes, documentales y filmes experimentales.
En la mayoría de los casos estas producciones contaron con apoyos de fondos estatales en combinación con el aporte de productores y cadenas de televisión privados, además de algunos casos de coproducción con países extranjeros como Rumania y Austria.
De los 16 filmes en competición, unos seis fueron primeras o segundas obras, un porcentaje ligeramente en retroceso respecto al año anterior.
Vale señalar que este retroceso no es solamente cuantitativo. Me temo que va acompañado además de un deterioro cualitativo.
Resulta indicativo que lo más interesante visto aquí fue por parte de dos veteranos realizadores cuyas películas fueron presentadas además fuera de competencia y así no se incluyen entre los filmes premiados.
Se trata nada menos que de Martha Meszaros y Miklos Jancso, ambos máximas figuras del cine húngaro desde hace varios decenios, gozando de mucho prestigio fuera de la fronteras de su propio país.
Meszaros, a quien debemos películas tan emblemáticas como Nueve Meses (1976), Diario Para mis Hijos (1982) y Diario Para mis Padres (1990), reaparece después de dos filmes que, realizados en 2000 y 2004, habían dejado mucho qué desear. Su filme El Último Reporte Sobre Ana tiene una temática que aparece con frecuencia a lo largo de su obra: la vida bajo el régimen comunista, la represión y las consecuencias del levantamiento de 1956.
La película realizada con economía de medios y a pesar de un estilo bastante tradicional, logra conformar de manera muy convincente el retrato de una intelectual exiliada en Austria después de la revolución de 1956, a la que un joven pariente suyo, informador del Estado, trata de convencer durante los años 70 para que regrese a Hungría.
Resulta evidente para quien está algo al tanto de la situación en el país, que el filme, aparte de su contexto político, el de la época anterior a la disolución del régimen comunista en 1989, alude de manera muy clara, aunque indirecta, al escándalo que sacudió Hungría hace unos pocos años cuando se reveló que varios distinguidos representantes de la elite intelectual, artística y cinematográfica del país, entre ellos se mencionó al célebre realizador Istvan Szabo, ganador de un Óscar por Mefisto, habían sido informadores ocasionales al servicio de los servicios secretos del régimen comunista en el poder.
* La eterna lucha por el poder
También de poder trata el eterno joven Miklos Jancso -Los Rojos y los Blancos (1967), Psalmo Rojo (1971)- en su película Tanto más Para la Justicia, una parábola sobre la lucha por el poder, misma que se antoja muy actual a pesar de desarrollarse en los siglos XVII y XVIII, época en que a las luchas feudales entre los reyes del Imperio Húngaro se añadían las invasiones de los ejércitos del Imperio Otomano que trataba de conquistar a Europa central.
Filmado con un estilo muy poco tradicional donde los diálogos y las acciones parecen no seguir una clásica lógica dramaturga, al igual que en los otros tres filmes que Jancso ha rodado desde inicios de los años 2000, el realizador confirma en ésta su última película ser a sus 90 años tan iconoclasta y joven como aquel otro gran cineasta europeo, el ya centenario portugués Manoel de Oliveira.
Bien, pues frente a estos veteranos la cosecha de este año por parte de sus colegas más jóvenes no parece convincente. Esto se refleja también en las películas que se sacaron los premios principales, entre las cuales una está además seleccionada para la sección del Forum del Festival de Berlín, que se inicia dentro de dos días en la capital alemana.
Se trata de Biblioteca Pascal, de Szabolc Hajdu, quien había realizado en 2006 el muy interesante filme Manos Blancas. Me temo que no se puede decir lo mismo aquí a pesar de que aparte de ser seleccionado para Berlín el filme se llevó el Rollo de Oro, el premio principal del certamen de Budapest. Se trata del poco convincente retrato de la odisea de una mujer quien trata de recuperar a su pequeña hija al regresar de una larga estancia en el extranjero donde se encontró enredada en las redes de la prostitución.
Tema seguramente de mucho potencial que resulta malgastado por una realización y un guión poco convincentes y consecuentes.
Resulta característico que la misma película se llevó el prestigioso premio Gene Moscowitz, atribuido por los críticos internacionales presentes en el festival.
El premio se otorga a la memoria del crítico estadunidense de origen húngaro Gene Moscowicz, quien hizo mucho para la promoción del cine de su país natal de por el mundo.
La razón por la premiación de la Biblioteca Pascal con el premio Moscowitz se puede atribuir en que el resto de las películas eran aún menos logradas que la de Hajdu.
Considero que en todas les falló aquella mezcla adecuada y muy particular que caracteriza el estilo narrativo cinematográfico húngaro, donde en sus mejores casos el realismo se asocia a lo fantástico y lo onírico, produciendo un lenguaje a la vez potente y eficaz que hace despegar el relato cinematográfico.
Esto no fue el caso en la cosecha de este año. Así que yo me atrevería calificar la atribución del premio Moscowitz como lo de un mal necesario, ya que el mismo tenía que ser otorgado siguiendo una larga tradición del certamen. Me parecería, pues, que el caso de Biblioteca Pascal se asemeja al conocido cuento del tuerto que resulta ser el rey de los invidentes.
En lo que me corresponde, yo destacaría más los logros, parciales cierto, pero relativamente significativos, de dos otros filmes en competición que justamente merecieron el premio ex aequo a la mejor dirección.
Se trata de Cuestión de Detalles y El Asesino con la Camera.
En el primero, su realizador Zsombor Dyga dirige con eficacia a sus tres actores en un drama que se desarrolla en un cuarto y que parece pertenecer más al género de un telefilme o de una obra teatral que a aquel un filme cinematográfico.
En cuanto a Robert Pejo, él se muestra capaz de llevar a cabo con eficacia la trama propia de un drama de relaciones personales que se desarrolla dentro del contexto de un thriller, aquel justamente del Asesino con la Camera.
A pesar de estas objeciones críticas respecto al nivel global de las películas en competición, seguramente inferior a las de ediciones anteriores, valdría apuntar en que filmes presentados en el festival cubren un panorama variado.
Hubo de todo: desde películas de corte comercial poco exportables, pero que tradicionalmente gozan de los favores del público húngaro y del éxito en pantalla como Poligamia, de Denes Orosz; El Czukor Show, de Tamar Domotor; Csiribiri, de Janos Rozsa; Ki/Be Tabaret, de Gyorgy Molnar; hasta películas personales, de autor, como Kolorado Kid, de Andras Vagvolgyi (premio de Mejor Película de Género), Haciendo Equipo, de Reka Almasi (premio de Ópera Prima); Lull de Tamas Sas, Los Días de Deseo, de Joszef Pacskovsky, y las que viajan más fácilmente al extranjero a través de festivales internacionales, donde el cine húngaro acumula regularmente un impresionante número de premios.
Esto corresponde justamente al trabajo de promoción mencionado ya por parte de Magyar Film Unio, mientras que, por otro lado, dentro de la industria existen otras iniciativas como lo son los importantes incentivos financieros ofrecidos a producciones extranjeras rodadas en el país, la creciente participación de capitales privados en la producción de películas, la operación de estudios y foros de rodaje (Korda y Stern) y el apoyo institucional a la industria cinematográfica centralizado a través de la Fundación del Cine Húngaro (MMK), a pesar de que estos apoyos se han visto seriamente afectados -al igual que la operación del festival mismo- por la severa crisis financiera que afecta los países europeos, entre ellos de la Unión Europea, donde pertenece el país anfitrión.
Concluiremos este encuentro mencionando el emotivo homenaje póstumo ofrecido durante la ceremonia de premiación al crítico americano radicado en Berlín, Ron Holloway, quien hacía regularmente acto de presencia en el festival apoyando a su manera y hasta su reciente desaparición la promoción del cine húngaro en los foros internacionales.
Budapest, Hungría.- Concluyó aquí en la capital húngara el 41 Festival Cinematográfico de Budapest, que, aparte de presentar al público húngaro la producción del año en estreno mundial, sirve para que especialistas extranjeros invitados por Magyar Film Unio se enteren de la producción del año.
Como resultado, muchas de estas películas encuentran posteriormente su camino tanto en los festivales extranjeros como en las salas de otros países, ya que entre los invitados se encuentran tanto críticos como directores de festivales, compradores y exhibidores procedentes de varios países, algo igual que sucede con el cine nacional durante el Festival de Guadalajara, que justamente en su edición de 2011 podría tener a Hungría como país invitado, presentando una gran retrospectiva del cine de este país.
* Meszaros y Jancso, fuera de competencia
Es para esto que el director del certamen tapatío, Jorge Sánchez, se encontrará dentro del inminente Festival de Berlín con Eva Vezer para dar curso al proyecto.
El número de películas presentado aquí en competición fue más o menos igual que en el año anterior -16 filmes de ficción comparados con 18 en 2009-, otros tantos fuera de competencia, además de 10 telefilmes y más de otros 100 entre cortometrajes, documentales y filmes experimentales.
En la mayoría de los casos estas producciones contaron con apoyos de fondos estatales en combinación con el aporte de productores y cadenas de televisión privados, además de algunos casos de coproducción con países extranjeros como Rumania y Austria.
De los 16 filmes en competición, unos seis fueron primeras o segundas obras, un porcentaje ligeramente en retroceso respecto al año anterior.
Vale señalar que este retroceso no es solamente cuantitativo. Me temo que va acompañado además de un deterioro cualitativo.
Resulta indicativo que lo más interesante visto aquí fue por parte de dos veteranos realizadores cuyas películas fueron presentadas además fuera de competencia y así no se incluyen entre los filmes premiados.
Se trata nada menos que de Martha Meszaros y Miklos Jancso, ambos máximas figuras del cine húngaro desde hace varios decenios, gozando de mucho prestigio fuera de la fronteras de su propio país.
Meszaros, a quien debemos películas tan emblemáticas como Nueve Meses (1976), Diario Para mis Hijos (1982) y Diario Para mis Padres (1990), reaparece después de dos filmes que, realizados en 2000 y 2004, habían dejado mucho qué desear. Su filme El Último Reporte Sobre Ana tiene una temática que aparece con frecuencia a lo largo de su obra: la vida bajo el régimen comunista, la represión y las consecuencias del levantamiento de 1956.
La película realizada con economía de medios y a pesar de un estilo bastante tradicional, logra conformar de manera muy convincente el retrato de una intelectual exiliada en Austria después de la revolución de 1956, a la que un joven pariente suyo, informador del Estado, trata de convencer durante los años 70 para que regrese a Hungría.
Resulta evidente para quien está algo al tanto de la situación en el país, que el filme, aparte de su contexto político, el de la época anterior a la disolución del régimen comunista en 1989, alude de manera muy clara, aunque indirecta, al escándalo que sacudió Hungría hace unos pocos años cuando se reveló que varios distinguidos representantes de la elite intelectual, artística y cinematográfica del país, entre ellos se mencionó al célebre realizador Istvan Szabo, ganador de un Óscar por Mefisto, habían sido informadores ocasionales al servicio de los servicios secretos del régimen comunista en el poder.
* La eterna lucha por el poder
También de poder trata el eterno joven Miklos Jancso -Los Rojos y los Blancos (1967), Psalmo Rojo (1971)- en su película Tanto más Para la Justicia, una parábola sobre la lucha por el poder, misma que se antoja muy actual a pesar de desarrollarse en los siglos XVII y XVIII, época en que a las luchas feudales entre los reyes del Imperio Húngaro se añadían las invasiones de los ejércitos del Imperio Otomano que trataba de conquistar a Europa central.
Filmado con un estilo muy poco tradicional donde los diálogos y las acciones parecen no seguir una clásica lógica dramaturga, al igual que en los otros tres filmes que Jancso ha rodado desde inicios de los años 2000, el realizador confirma en ésta su última película ser a sus 90 años tan iconoclasta y joven como aquel otro gran cineasta europeo, el ya centenario portugués Manoel de Oliveira.
Bien, pues frente a estos veteranos la cosecha de este año por parte de sus colegas más jóvenes no parece convincente. Esto se refleja también en las películas que se sacaron los premios principales, entre las cuales una está además seleccionada para la sección del Forum del Festival de Berlín, que se inicia dentro de dos días en la capital alemana.
Se trata de Biblioteca Pascal, de Szabolc Hajdu, quien había realizado en 2006 el muy interesante filme Manos Blancas. Me temo que no se puede decir lo mismo aquí a pesar de que aparte de ser seleccionado para Berlín el filme se llevó el Rollo de Oro, el premio principal del certamen de Budapest. Se trata del poco convincente retrato de la odisea de una mujer quien trata de recuperar a su pequeña hija al regresar de una larga estancia en el extranjero donde se encontró enredada en las redes de la prostitución.
Tema seguramente de mucho potencial que resulta malgastado por una realización y un guión poco convincentes y consecuentes.
Resulta característico que la misma película se llevó el prestigioso premio Gene Moscowitz, atribuido por los críticos internacionales presentes en el festival.
El premio se otorga a la memoria del crítico estadunidense de origen húngaro Gene Moscowicz, quien hizo mucho para la promoción del cine de su país natal de por el mundo.
La razón por la premiación de la Biblioteca Pascal con el premio Moscowitz se puede atribuir en que el resto de las películas eran aún menos logradas que la de Hajdu.
Considero que en todas les falló aquella mezcla adecuada y muy particular que caracteriza el estilo narrativo cinematográfico húngaro, donde en sus mejores casos el realismo se asocia a lo fantástico y lo onírico, produciendo un lenguaje a la vez potente y eficaz que hace despegar el relato cinematográfico.
Esto no fue el caso en la cosecha de este año. Así que yo me atrevería calificar la atribución del premio Moscowitz como lo de un mal necesario, ya que el mismo tenía que ser otorgado siguiendo una larga tradición del certamen. Me parecería, pues, que el caso de Biblioteca Pascal se asemeja al conocido cuento del tuerto que resulta ser el rey de los invidentes.
En lo que me corresponde, yo destacaría más los logros, parciales cierto, pero relativamente significativos, de dos otros filmes en competición que justamente merecieron el premio ex aequo a la mejor dirección.
Se trata de Cuestión de Detalles y El Asesino con la Camera.
En el primero, su realizador Zsombor Dyga dirige con eficacia a sus tres actores en un drama que se desarrolla en un cuarto y que parece pertenecer más al género de un telefilme o de una obra teatral que a aquel un filme cinematográfico.
En cuanto a Robert Pejo, él se muestra capaz de llevar a cabo con eficacia la trama propia de un drama de relaciones personales que se desarrolla dentro del contexto de un thriller, aquel justamente del Asesino con la Camera.
A pesar de estas objeciones críticas respecto al nivel global de las películas en competición, seguramente inferior a las de ediciones anteriores, valdría apuntar en que filmes presentados en el festival cubren un panorama variado.
Hubo de todo: desde películas de corte comercial poco exportables, pero que tradicionalmente gozan de los favores del público húngaro y del éxito en pantalla como Poligamia, de Denes Orosz; El Czukor Show, de Tamar Domotor; Csiribiri, de Janos Rozsa; Ki/Be Tabaret, de Gyorgy Molnar; hasta películas personales, de autor, como Kolorado Kid, de Andras Vagvolgyi (premio de Mejor Película de Género), Haciendo Equipo, de Reka Almasi (premio de Ópera Prima); Lull de Tamas Sas, Los Días de Deseo, de Joszef Pacskovsky, y las que viajan más fácilmente al extranjero a través de festivales internacionales, donde el cine húngaro acumula regularmente un impresionante número de premios.
Esto corresponde justamente al trabajo de promoción mencionado ya por parte de Magyar Film Unio, mientras que, por otro lado, dentro de la industria existen otras iniciativas como lo son los importantes incentivos financieros ofrecidos a producciones extranjeras rodadas en el país, la creciente participación de capitales privados en la producción de películas, la operación de estudios y foros de rodaje (Korda y Stern) y el apoyo institucional a la industria cinematográfica centralizado a través de la Fundación del Cine Húngaro (MMK), a pesar de que estos apoyos se han visto seriamente afectados -al igual que la operación del festival mismo- por la severa crisis financiera que afecta los países europeos, entre ellos de la Unión Europea, donde pertenece el país anfitrión.
Concluiremos este encuentro mencionando el emotivo homenaje póstumo ofrecido durante la ceremonia de premiación al crítico americano radicado en Berlín, Ron Holloway, quien hacía regularmente acto de presencia en el festival apoyando a su manera y hasta su reciente desaparición la promoción del cine húngaro en los foros internacionales.