Opinión / Columna
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Fidencio Aguilar Víquez
Comienza lalucha política
El Sol de Puebla
12 de noviembre de 2009
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Un abrazo para don Manuel Díaz Cid,
con motivo de su cumpleaños
y en gratitud por estos años de compañía.
El pasado 10 de noviembre, ha comenzado formalmente el proceso electoral que culminará el 4 de julio con la elección de gobernador, miembros del Congreso del Estado y de los ayuntamientos de la entidad poblana.
Las diversas posturas de los miembros del consejo general del Instituto Electoral han quedado grabadas en lo que será el acta de esa sesión y en los relatos y crónicas de la prensa y de los medios de comunicación. No haré el recuento sino mi lectura de lo que ahí vi que ocurrió.
Y lo que vi fue la imposición de la fuerza oficialista, es decir, de una mayoría cuya visión es la de un entramado "oficial". Al contrario, vi otras posturas, incluyendo la de la mayoría de los representantes de partidos, con una visión "vital", esto es, de la vida cotidiana de una sociedad.
Lo anterior me recuerda la tesis de José Ortega y Gasset de que en una sociedad existe (sobre sí misma) una visión "oficial" y una visión "vital"
La primera es la de reducir la dinámica social al derecho, lo cual significa que, ante todo, una sociedad "es" el derecho, sus leyes, sus instituciones. La segunda, en cambio, sostiene que una sociedad "es", ante todo, la dinámica de su vida. Obviamente, no es que ambos órdenes sean repelentes, sino que, cuando hay situación de crisis o de incertidumbre, se hace necesario ordenar y, por lo tanto, preferir lo primero (lo más importante) y luego lo demás.
Cuando se impone la visión "oficial" o legalista, ante todo lo demás, dice Ortega, lo primero que se hace a un lado es la vida cotidiana; se prefiere, entonces, el exclusivismo de la ley y se confunde a ésta con la mera legalidad. Y dado que la legalidad es, dentro de los valores sociales y morales, la más externa, cuando se trata de la vitalidad y la creatividad de un pueblo, éste se queda paralizado por la ola de la visión "oficial".
"Sin ley no podemos vivir bien, como sin vaso no podemos beber bien; pero no vacilaremos, si damos a las cosas su debido orden, en preferir un buen hontanar a un buen vaso. La atención excesiva a la legalidad nos ha dejado en las manos un vaso casi perfecto, pero casi perfectamente seco. El caso no es nuevo en la historia; como en la literaria asistimos más de una vez a la muerte de una literatura por la exclusiva preocupación de la forma -arte amanerado y retórico-, así en la historia de los sentimientos éticos asistimos a la desaparición de civilizaciones destruidas por el legalismo, -culturas farisaicas." (Ortega, 2005, III: 10).
Y no, no es que la legalidad no sea importante (para nada se trata de sostener esto), pero igual o más importante son, también, la objetividad, la certeza (ambos principios que se basan en la realidad única, la de la vitalidad social); y de parte de quienes tomamos decisiones, la imparcialidad y la independencia.
El problema de los fariseos no es que defiendan la legalidad, sino que solamente a ella la defienden, ante todo lo demás. El fariseo sostiene que debemos ser, ante todo, legales. "Y esto -dice el filósofo español- sí es absurdo, esto sí es inmoral, esto sí es antiviral.
He ahí la enorme importancia que tiene un simple error de ordenación. La ley, cosa venerable en su lugar, es abominable puesta "ante" todas las demás. No, señores fariseos: antes que legales, y aun antes que justos, tenemos que ser muchas otras cosas, por ejemplo: nobles, discretos, respetuosos del prójimo, benévolos, etcétera, en suma, buenos. Y antes que buenos moralmente, buenos vitalmente". (Idem).
Si se destruye la vida (la fuerza vital de una sociedad), si se la mina y se la reduce, se destruye también la moral y todo lo demás. Si se destruye la sociedad se aniquila también el "buen" orden social. Por eso, la visión vitalista es, en este orden, más rica que la visión oficialista.
De ahí que, dice Ortega en otra obra, la mejor política, la mejor discusión de los asuntos públicos (y vaya que el instituto tiene en ello un papel relevante, dada su finalidad de legitimar el acceso al poder público) consiste en decir lo que las cosas son.
"La misión que, según Fichte, compete al político, al verdadero político, consiste en 'declarar lo que es', en desprenderse de los tópicos ambientes y sin virtud, de los motes viejos y, penetrando en el fondo del alma colectiva, tratar de sacar a luz en fórmulas claras, evidentes, esas opiniones inexpresas e íntimas de un grupo social" (Ortega, 2005, I: 711)
No en vano Mario Martell, en su reseña del evento, pudo describir un debate entre la poesía rayana en retórica y demagogia, y la filosofía política que busca comprender lo que está pasando para decirlo. Sin duda lo que ahí ocurrió, en el Barroco de la Universidad, fue el comienzo de lo que marcará este proceso electoral.
Referencias bibliográficas:
Ortega y Gasset, José (2005, I): Obras completas. Tomo I (1902-1915), Taurus, Madrid, 2004, 3a. ed. noviembre 2005, 1038pp.
Ortega y Gasset, José (2005, III): Obras completas. Tomo III (1917-1925), Taurus, Madrid, 1a. ed. febrero 2005, 2a. ed. noviembre 2005, 1066pp.
*Consejero electoral.
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